Una isla es crucial para la economía mundial de este siglo. Las empresas de Taiwán producen un 68% de los semiconductores, el 92% en el caso de los más avanzados, esenciales para que funcione desde una puerta de garaje hasta un misil. Ya durante la pandemia, el confinamiento en la isla retrasó la entrega de smartphones y coches, entre otros productos. Muchos taiwaneses confían en que este rol les protege de una invasión china que sería catastrófica para toda la cadena producción mundial. Suelen decir que la industria de los chips, sobre todo la empresa TSMC, es la “montaña sagrada” que protege a Taiwán.
En frío, los datos les dan la razón. La producción de microchips consta de varias fases y, aunque algunas tengan lugar en Estados Unidos, Japón o Corea del Sur, Taiwán es vital en casi todas. Según el Gobierno taiwanés, el país cubrió en 2023 el 21,3% global en la fase de diseño, el 77,9% en la fabricación de obleas y el 52,6% en el ensamblaje y el testeo final. Son las piezas del llamado “escudo de silicio”, la defensa taiwanesa frente a China. Sin embargo, no es del todo seguro que el escudo sea infalible o incluso que exista.
Un sector clave para el mundo
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