Cuando Juan Joya Borja (Sevilla, 1956-2021) apareció por primera vez en televisión en el año 2000, pocos imaginaron su rápida ascensión a la fama. Tras asentarse como invitado regular en los programas del periodista Jesús Quintero en la televisión pública de Andalucía, su desternillante carcajada lo convirtió en un fenómeno de masas en España en los años siguientes. Sin embargo, la popularidad del Risitas, como era apodado, se desplomó en su país a finales de la década. Solo un nuevo giro de guion volvió a catapultarlo al estrellato, esta vez en internet. A mediados de la década pasada, una de sus historias más célebres se hizo viral parodiada con subtítulos irreales en otros idiomas. La cultura del meme había rescatado al Risitas.
Tras su muerte el pasado 28 de abril, medios de comunicación internacionales se hicieron eco de la noticia. Los comentarios de sus vídeos en YouTube, redes sociales como Twitter y algunos foros se convirtieron en improvisados lugares de homenaje de aficionados de decenas de países. La historia de cómo un vecino de uno de los barrios más pobres de España llegó a ser un símbolo satírico internacional es representativa de la interconexión global actual. Pero también refleja el potencial de las nuevas formas de comunicación y de humor en internet: los memes del Risitas, con millones de visualizaciones, fueron utilizados con fines económicos y políticos por los actores más diversos.
Héroe inesperado de la cultura digital
Los líderes políticos han tratado de usar el humor para persuadir a la opinión pública al menos desde la Antigua Grecia. La sátira se ha demostrado especialmente útil como aglutinador y generador de identidad política en comunidades que se perciben oprimidas o marginadas, y se la ha asociado a la rebeldía en movimientos como el zapatista o el anticomunismo en la Unión Soviética. En regímenes totalitarios, además, los ciudadanos la usan como válvula de escape psicológica.
Pero la expansión de internet y de las redes sociales ha supuesto un punto de inflexión. Millones de usuarios refugiados en el anonimato pueden compartir contenido en tiempo real y en múltiples formatos, haciendo que el humor sea más espontáneo, accesible, interactivo y difícil de censurar. En este contexto, el meme se ha consolidado como una de las principales herramientas satíricas de la cultura digital.
Un meme es, según la Real Academia Española, una imagen, vídeo o texto distorsionado con fines caricaturescos que se difunde a través de internet. Esta concepción proviene de una teoría evolutiva publicada en los años setenta por el biólogo británico Richard Dawkins, que definía “meme” como un rasgo cultural o de conducta que se transmite por imitación de una persona a persona o de generación en generación. Aunque se han alejado del significado original del término, los memes son hoy una poderosa herramienta de comunicación por su sencillez y capacidad viral. Empresas, instituciones públicas o partidos políticos los emplean en sus redes sociales, y varios estudios han confirmado su efectividad para persuadir e implicar a audiencias que no se sienten atraídas por las formas de comunicación tradicionales, especialmente los jóvenes.
El salto del Risitas a este universo llegó en 2014. El primer vídeo suyo que se hizo viral fuera de España fue difundido en Egipto en abril de ese año por el movimiento islamista opositor Hermanos Musulmanes. En él, los subtítulos ficticios en árabe ridiculizaban los intentos del presidente egipcio Al Sisi por aparentar normalidad democrática tras haber dado un golpe de Estado y presentarse a unas elecciones fraudulentas. Poco después, el mismo video también sirvió para criticar la represión policial de las protestas contra el dictador. Ese mismo año el Risitas también apareció parodiado en Irak para criticar al primer ministro Nuri al Maliki.
Un icono de la sátira política internacional
A los creadores de las parodias del Risitas en otros idiomas no les hizo falta comprender el significado original de los vídeos para mantener el fondo punzante e irónico que el cómico imprimía, deliberadamente o no, a las situaciones lamentables que relataba. En sus dos vídeos más famosos, la anécdota de las paelleras y la de los sacos de cemento, el Risitas narraba de manera humorística experiencias reales de picaresca, precariedad y explotación laboral. Sus carcajadas evocaban el buen humor, pero también la crítica y la resignación ante la adversidad, características que fueron reproducidas en las múltiples versiones de sus memes.
Del mundo árabe el meme saltó a foros de internet en Europa y Norteamérica, donde fue empleado para mofarse de varias empresas de electrónica y de creadores de videojuegos. Convertido en un fenómeno viral, en los siguientes años el Risitas pasó a ser una de las caras más famosas de la cultura de internet y sus videos se extendieron por todo el mundo. En una de sus parodias más populares, el cómico andaluz aparecía como un ingeniero de Apple explicando el controvertido diseño de un nuevo ordenador.
En el Reino Unido sirvió para criticar a Boris Jonhson y el brexit; en Rusia, la oposición le empleó para ridiculizar a Putin; y en Brasil fue utilizado para ironizar sobre el Gobierno de Jair Bolsonaro. La popularidad incluso llevó al cómico a rodar un anuncio de pizzas para la televisión finlandesa. En 2019 el meme del Risitas también saltó a la fama en la plataforma Twitch, donde su icono, renombrado KEKW, es uno de los más utilizados. Más recientemente, los vídeos del Risitas han servido para parodiar la dramática situación de la pandemia, bien fuese censurando la gestión de dirigentes como el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, o para ridiculizar comportamientos irresponsables como el acopio de papel higiénico en Estados Unidos o el incumplimiento de las restricciones de movilidad en París.
Issou, explotado por la extrema derecha en Francia
Aunque fue en Francia donde el Risitas, conocido como Issou —por Jesús, como llamaba el cómico a su entrevistador en la televisión andaluza—, gozó de mayor popularidad. Las parodias en vídeo pasaron a ser imágenes caricaturizadas, gifs, stickers e incluso artículos de merchandising como camisetas o pañuelos. El humorista fue el protagonista de versiones alternativas del himno francés e incluso del troleo sufrido por la localidad francesa de Issou en Google Maps, donde los edificios principales aparecían presididos por la imagen del Risitas y este todavía acapara las principales reseñas del lugar.
La gran presencia del cómico en Francia se debe en buena medida a su celebridad en el foro digital Jeuxvideo, que convirtió a Issou en el emblema de su comunidad. Jeuxvideo es conocido por ser un lugar de encuentro de conservadores y antisistemas franceses, de modo que con el tiempo la imagen del Risitas en Francia quedó asociada a la extrema derecha. Por ejemplo, en 2015, en uno de los primeros vídeos satíricos del Risitas en este país, el cómico aparecía como el padre del entonces primer ministro francés, Manuel Valls, de origen español, para ridiculizar su presunta incompetencia.
Esta orientación ideológica sería más tarde explotada por el partido ultraderechista Frente Nacional, que trató de apropiarse del meme del cómico sevillano. A principios de 2017, año en el que hubo elecciones presidenciales y legislativas en Francia, el entonces vicepresidente de la formación, Florian Philippot, inauguró su canal de YouTube bebiendo de una taza con la pegatina del Risitas. Un claro guiño a una comunidad de foreros cuyos trolls más radicales han utilizado a la imagen del cómico en una campaña de acoso virtual contra feministas o para parodiar el movimiento antirracista Black Lives Matter creando una cuenta de Twitter, Issou Live Matter, ya eliminada.
Sin embargo, otras acciones de sus fans en Francia no serían reprobables. Tras sufrir el Risitas la amputación de una pierna a mediados de 2020, los foreros franceses se organizaron para donarle 14.000 euros que sirvieron para comprar un carro motorizado y colaborar con el hospital de la Caridad de Sevilla, en cuya residencia vivía. De hecho, en su último vídeo el Risitas aparece agradeciendo el gesto de sus seguidores.
La ironía trágica detrás del meme
La risa de Juan Joya camuflaba una realidad más seria. Proveniente del barrio sevillano del Polígono San Pablo, que hasta 2019 figuraba entre los quince barrios más pobres de España, antes de su aparición en televisión el cómico sobrevivía con la manutención mensual que recibía tras ser víctima de un atropello. En los últimos años, a pesar de su fama en internet, El Risitas era un juguete roto de la televisión en España y se ganaba la vida contando chistes en un restaurante costero.
Tras su muerte, mientras que en decenas de países la prensa y los internautas rendían homenaje al que consideraban una leyenda de internet, tuvo que ser una asociación religiosa sevillana, la Hermandad de la Caridad, quien se hiciera cargo del funeral del cómico. Una paradoja que refleja la desconexión que existía entre el Risitas del mundo virtual y el terrenal, entre el personaje y la persona.