Una quinta parte de las reservas de gas natural y la octava de las de petróleo de todo el planeta hacen de Rusia una potencia energética mundial. Putin sabe que los hidrocarburos son clave para que el país recupere su influencia internacional, y los usa para impulsar sus intereses políticos, amenazando a las antiguas repúblicas soviéticas y a la Unión Europea con cortes en el suministro.
Ucrania es el último ejemplo de esta tensión creciente en Europa del Este. La UE ha advertido a Moscú de duras sanciones si invade el país, pero a la hora de la verdad duda, pues importa más del 40% de su gas de Rusia y tiene pocas alternativas disponibles. Por su parte, el Kremlin, consciente también de que la UE es su mejor cliente, se prepara para las sanciones y busca ya en Asia otros países a los que vender su gas.
El gas, un instrumento de presión en manos de Rusia
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