Al menos 100.000 civiles ucranianos se han unido a las Fuerzas de Defensa Territorial, un cuerpo de voluntarios luchando contra la invasión rusa. Respondieron a la llamada del presidente Zelenski, que convocó a todos los ciudadanos dispuestos a defender el país. El Gobierno ucraniano les ha armado y entrenado, y han contribuido a defender Kiev y a recuperar otras zonas del país de la mano del Ejército regular y varios grupos paramilitares.
Antes o después esos civiles deberán entregar las armas que recibieron. Pero la historia muestra que no es fácil desarmar a una población que se siente insegura, aunque la paz dependa de ello. Colombia y Líbano lo han comprobado. Sea cual sea el resultado de la guerra, Ucrania terminará traumada y quizá también polarizada. Si además su población está armada, ese es un cóctel molotov para más violencia.
Armar a los civiles, un riesgo a largo plazo
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