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El mito del efecto llamada

El mito del efecto llamada
Fuente: Armada de EE. UU.

Hablar de la inmigración a través del Mediterráneo como un todo sin matices conduce irremediablemente a un entendimiento incompleto de la situación y a obtener conclusiones que poco o nada se parecen a la realidad. Los tres puntos geoestratégicos de este fenómeno —mar Egeo y los estrechos de Sicilia y Gibraltar— revisten situaciones y explicaciones muy distintas.

La reciente decisión del ministro italiano de Interior, Matteo Salvini —que lidera también la xenófoba Liga Norte—, de no permitir el atraque de un barco atestado de inmigrantes procedentes de Libia en los puertos italianos ha puesto en evidencia la errada —o al menos cortoplacista— estrategia de tratar de blindar un estrecho que no es ni el único ni el más importante punto de paso en el Mediterráneo.

Históricamente, se pueden detectar tres lugares claves para cruzar de una orilla del Mediterráneo a otra. El primero es el Egeo, punto de quiebre en la Antigüedad entre helenos y persas o bizantinos y otomanos. En la parte central encontraremos el estrecho de Sicilia, que también ha visto pasar a lo largo de los siglos a los ejércitos de Cartago y Roma, a los árabes y, en la II Guerra Mundial, a los aliados con su Operación Husky. Si observamos la parte más occidental del Mediterráneo, nos encontramos con el estrecho de Gibraltar y sus apenas 12 kilómetros, una distancia que cruzaron los vándalos hacia África y los árabes en sentido opuesto allá por el siglo VIII, pero que también fue la principal ruta de huida de los judíos sefardíes cuando fueron expulsados de España por los Reye...

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