Hachalu Hundessa circulaba por Adís Abeba, la capital de Etiopía, la noche del 29 de junio cuando dos personas asaltaron el coche y le dispararon. Hundessa murió en el acto y su muerte provocó la de al menos 239 personas más en poco más de una semana de protestas en la provincia de Oromia y en la capital. Hundessa era un cantante muy querido entre su etnia, la oromo, y sus letras estaban cargadas de mensajes políticos de apoyo a los derechos de su comunidad. Había sido condenado a cinco años de prisión en 2003, y a su salida se volvió todavía más activista, contribuyendo con sus canciones a la caída del primer ministro Hailemariam Desalegn en 2018.
Desalegn fue sustituido por Abiy Ahmed, el primer oromo en dirigir el Gobierno de Etiopía. Se creía que el aperturismo político que Ahmed promovió a su llegada y el hecho de que pertenezca a la etnia mayoritaria contribuirían a la calma social. Pero esta no ha llegado, a pesar de los esfuerzos del primer ministro. Ahmed pretende unir a todas las comunidades del país, un proyecto difícil que rechazan no solo sus opositores tradicionales sino incluso miembros de su misma etnia, que ven a Ahmed como un oromo que no apoya a su gente. En un país donde la estabilidad depende de contentar a todos los grupos étnicos, Ahmed busca un imposible que no se ha conseguido desde el nacimiento de la Etiopía etnofederal en 1991, tras la guerra civil.
La importancia de la etnia en la política etíope
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