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¿Podrá Costa Rica decir adiós a las emisiones de carbono?

¿Podrá Costa Rica decir adiós a las emisiones de carbono?
Volcán Arenal, Costa Rica. Fuente: Infinite Thought

Costa Rica podría convertirse en el primer país del mundo en descarbonizar su economía. Tal es la aspiración plasmada en el Programa de Descarbonización, una ambiciosa hoja de ruta que va a marcar el modelo de desarrollo económico de este pequeño país hasta 2050.

En febrero de 2019, el Gobierno de Costa Rica lanzó la hoja de ruta de su nuevo modelo de crecimiento verde para alcanzar cero emisiones de carbono netas en 2050. A pesar de que la huella medioambiental de Costa Rica ya es minúscula, el éxito de este proyecto colocaría al país en la vanguardia del desarrollo sostenible y demostraría a otras naciones, especialmente aquellas en vías de desarrollo, que existen modelos alternativos a los pautados por las grandes potencias. 

El Plan de Descarbonización plantea un despliegue por etapas, abarca diez ejes sectoriales y combina la descarbonización con la digitalización y modernización de la economía. Cabe señalar que no se trata de un plan exhaustivo, sino que provee una base sobre la cual se elaborarán programas futuros. Aun así, con sus escasas diez páginas, el documento oficial resulta extremadamente vago, especialmente en cuestiones como la financiación.

Metas, obstáculos y oportunidades

En el centro de la diana se encuentra el sector más contaminante, el del transporte, fuente del 40% de las emisiones del país. El plan apuesta por hacer del transporte público la primera opción de movilidad y que el 60% de la flota de vehículos sea eléctrica para 2050. Esta iniciativa supondría relanzar un servicio de transporte público que se ha visto deteriorado en los últimos años —lo cual empuja cada vez a más urbanitas a optar por el vehículo privado— y en el que cada día se registran una media de dos millones de viajes. El plan aborda también el grave problema de congestión que sufre el Área Metropolitana de San José. Con aproximadamente 287 coches por cada 1000 habitantes, Costa Rica supera la media mundial y latinoamericana. Tal cantidad de coches —que además tienen una media de antigüedad de 17 años— provoca no solo altos índices de polución y creciente consumo de combustible, sino también severos problemas de congestión del tráfico en la capital, donde habitan más de la mitad de los casi cinco millones de costarricenses.

La agricultura, la gestión de residuos y la reforma fiscal verde son las otras rúbricas clave del plan, y también donde se encuentran los mayores retos. El eje de la agricultura aborda la necesidad de aplicar tecnologías más modernas y hacer la actividad más sostenible y baja en emisiones de carbono. Sin embargo, no concreta ninguna medida o problema a afrontar, como el alto uso de fertilizantes o los monocultivos. Con un promedio de 85 toneladas por cada mil hectáreas, Costa Rica es un país altamente dependiente del uso de fertilizantes; de hecho, se encuentra entre los diez países del mundo que más toneladas de fertilizantes por hectárea de tierra cultivada emplean. Si su plan verde pasa por reducir también la contaminación indirecta, esto supondrá repensar su modelo agrario, donde los monocultivos para exportación —como la piña, la palma africana y la caña de azúcar— han desplazado a la agricultura ecológica, los productos tradicionales y granos básicos.

Para ampliar: Hidden Costs of Industrial Agriculture, Union of Concerned Scientists

En cuanto a la implementación de una gestión integral de residuos que abarca el reciclaje y la reutilización, es necesario empezar prácticamente desde cero. La estructura de reciclaje está infradesarrollada y prácticamente todos los residuos acaban en vertederos. Y la cantidad de dichos residuos no es precisamente desdeñable: Costa Rica tiene tasas de generación de residuos per cápita relativamente altas en comparación a su nivel de ingresos per cápita, y además esta no ha dejado de subir en los últimos años.

Gestión y producción de residuos en Costa Rica, comparadas con la media de la OCDE.
Gestión y producción de residuos en Costa Rica comparadas con la media de la OCDE. La práctica totalidad de los residuos generados en el país acaban en verdeteros. Fuente: OCDE

El otro gran escollo es la creación de una “reforma fiscal verde” para introducir una carga impositiva en las externalidades negativas de la contaminación y construir una estructura tributaria adecuada a una economía descarbonizada. Esto permitiría desacoplar los ingresos fiscales de la venta de combustibles fósiles, cuyo uso se irá reduciendo conforme se implemente el programa. Este impuesto resulta vital no solo para financiar este hercúleo plan, sino también para mantener la salud financiera de un país donde los impuestos asociados a los combustibles fósiles suponen el 20% de la recaudación total.

El mayor problema es que la oposición política podría acabar con toda aspiración del Gobierno si opta por bloquear la aprobación legislativa de la reforma fiscal. De hecho, la política medioambiental está muy expuesta a un cambio en el timón del país. La mayor parte de los altos cargos en las instituciones de gestión ambiental son nombrados por el presidente o los ministros. Estas instituciones son, por lo tanto, muy dependientes del Gobierno de turno. El Partido Acción Ciudadana (PAC) —en el poder desde 2014— ha hecho de la cuestión medioambiental un eje clave de su agenda política. En cambio, aunque la oposición considera la sostenibilidad y la protección del medio ambiente materias importantes, teme que la propuesta del PAC perjudique a la economía y haga crecer el desempleo. Ante un panorama político de escepticismo ante el proyecto, el presidente Carlos Alvarado tiene hasta las próximas elecciones de 2022 para asentar las bases del Plan de Descarbonización y mostrar su viabilidad.

La inmensa inversión que requiere el programa también podría hacerlo peligrar. Las primeras estimaciones apuntan a que tan solo en los primeros 11 años el plan requerirá 6.500 millones de dólares en un país cuyo PIB en 2018 alcanzaba los 60.000 millones. Teniendo en cuenta la debilidad del sistema tributario y la creciente deuda pública, el Gobierno podría verse en un severo aprieto para financiarlo.

Partiendo de una base ya abonada

Sin embargo, si algún país podía lanzar un plan tan ambicioso era Costa Rica, una nación que lleva décadas pavimentando su modelo sostenible y que es internacionalmente conocida por su “marca verde”.

Para ampliar: “Costa Rica: larga vida al «pura vida»”, Marcos Bartolomé en El Orden Mundial, 2017

Entre otras cosas, el país centroamericano lleva más de 25 años invirtiendo en plantas eólicas y geotérmicas. En 2018 el 95% de la electricidad del país provenía de energías renovables, principalmente de la hidroeléctrica. Y la meta es que en 2030 la totalidad de su matriz eléctrica opere con energías renovables y que la energía eléctrica sea la principal fuente de energía de los sectores más contaminantes para 2025: el transporte, el residencial, el comercial y el industrial. Otro hito fueron las políticas de reforestación: no solo detuvieron la rampante deforestación que azotaba el país hace unas décadas, sino que duplicaron la extensión de los bosques hasta alcanzar la actual cobertura forestal del 54% del territorio nacional. El plan prevé un aumento hasta el 60%.

Cabría puntualizar que, si bien el éxito del plan costarricense mandaría un gran ejemplo en la esfera internacional, no representa un modelo fácil de extrapolar a otros países. El plan se apoya sobre la gran riqueza ecológica del país, la cual le granjea gran atractivo como destino ecoturístico y le permite disfrutar de diversas y abundantes fuentes de energía renovable. Costa Rica cuenta con ventajas como carecer de centrales térmicas —puesto que casi toda su electricidad proviene de energías renovables— y poseer una industria pesada muy reducida, lo cual le permite salvar un gran trecho en su camino hacia la descarbonización. Además, debido a la estructura de la economía, son pocos los lobbies empresariales que ponen resistencia a la iniciativa.

Sin embargo, hay varios mensajes muy importantes detrás del Plan de Descarbonización. Primero, que el camino hacia una economía verde es una cuestión que requiere un compromiso a largo plazo, como demuestran las varias décadas durante las cuales Costa Rica lleva invirtiendo en la sostenibilidad; la transición no se consigue en cuestión de un par de años y con políticas abruptas, a las que se verán forzados otros países de seguir por la línea actual. Segundo, que optar por políticas medioambientales no tiene por qué suponer un riesgo electoral en la agenda política, sino que puede ofrecer rédito político. Tercero, y más importante, demuestra a la comunidad internacional que los pequeños países también tienen la capacidad de tomar sus propios caminos independientes y promover una agenda alternativa a la de las grandes potencias.