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Los próximos retos de la Comunidad Africana Oriental

Los próximos retos de la Comunidad Africana Oriental
Bandera de la Comunidad Africana Oriental. Fuente: Wikimedia

La región de los grandes lagos en África lleva desde hace décadas tratando de construir una unión económica y política sólida: la Comunidad Africana Oriental. Aunque el proyecto cuente ya con cerca de 20 años de vida, se avecinan cambios con la introducción de una moneda única o la redacción de una Constitución común.

África lleva desde hace relativamente pocos años dando una serie de pasos importantes para constituirse, por fin, como un bloque económico potente. Sin ir más lejos, recientemente entraba en vigor el tratado que creará el mayor bloque comercial del mundo: el Tratado Continental Africano de Libre Comercio o AfCFTA. No obstante, las dinámicas internas de la economía africana están regidas por los distintos bloques y organizaciones regionales. Una de ellas, la Comunidad Africana Oriental (CAO), reúne a seis países del este africano —Kenia, Uganda, Tanzania, Burundi, Ruanda y Sudán del Sur— y tiene una agenda muy ambiciosa para los próximos años, clave para entender el futuro del continente. Si los seis países que la componen logran sobreponerse a la lucha por sus intereses particulares y dotar al proyecto de una visión común, la CAO podría llegar a desempeñar un papel fundamental en el curso de la política africana.

La integración en grandes bloques económicos contribuye al desarrollo de los países africanos.

Orígenes

La región de los grandes lagos es una de las zonas más activas económicamente del continente africano: crece el doble que la media africana. Los seis países que componen la CAO saben bien que para continuar con ese ritmo económico necesitan cooperar y compartir unas infraestructuras que hasta ahora no poseían. Durante el periodo colonial, no solo se trazaron las fronteras de estos Estados de manera aleatoria, sino que la planificación y organización de sus instituciones e infraestructuras respondieron a las exigencias de las metrópolis, en este caso Londres y Berlín. De ahí que las relaciones económicas establecidas o la red de transportes estuvieran dedicadas a la exportación de materias primas, lo que negaba el diálogo económico y político a estas sociedades.

La llegada de la descolonización y la formación de los Estados africanos en los primeros años de 1960, junto con el auge de las ideas panafricanistas, inspiraron el proyecto de crear una federación política en esta región con la que construir y defender sus intereses comunes en el mercado internacional. El primer intento fue la primera CAO, creada en 1967 con las firmas de Tanzania, Kenia y Uganda, plan que finalmente acabaría fracasando a los diez años de vida debido a las pugnas internas entre los Estados más fuertes, como Kenia, frente a la pequeña Uganda, que llegó a ver peligrar su existencia.

La Comunidad Africana Oriental

Desde entonces, la alianza quedó estancada durante décadas, aunque la idea nunca llegó a descartarse totalmente hasta 1999, año en el que finalmente Kenia, Uganda y Tanzania retomaron el proyecto con la firma del Tratado de la Comunidad Africana Oriental para la creación de un mercado común de bienes y mercancías, una unión monetaria y, a largo plazo, una unión política. En 2007 la CAO se completaba con la adhesión de dos miembros más, Burundi y Ruanda; en 2016 se unía el último integrante hasta la fecha: el recién creado Sudán del Sur.

El objetivo primordial de la CAO ha sido tratar de impulsar un comercio intraafricano para revertir una situación en la que el intercambio comercial entre estos países no llega al 20%, una cifra muy baja si la comparamos con la europea, del 67%. Para ello, la CAO —a imagen y semejanza de la UE— ha ido derribando paso a paso barreras aduaneras con la creación de la Unión de Bienes en 2005 o el mercado único en 2010, que ha establecido libertad de movimiento de capitales, bienes y trabajadores, y medidas comunes como la fijación de límites a la inflación —8%— y al déficit fiscal —3% del PIB— y la armonización fiscal, entre otras cuestiones, medidas que, si bien han quedado recogidas en los tratados, en muchas ocasiones han distado de llevarse a la práctica.

La CAO ha entendido que para seguir adelante con el proyecto es necesario dar un nuevo impulso y en los últimos meses se ha propuesto agilizar el proceso de introducción de la moneda única, cuya entrada en vigor en los seis países está prevista para 2024, pese a los malos pronósticos de algunos organismos. El otro gran salto que se espera dar a medio plazo es la creación de una federación política desde donde articular una agenda política exterior común para, fundamentalmente, ganar relevancia internacional. Con este objetivo se ha establecido un comité encargado de la redacción de la Constitución de esta futura federación que vaya más allá de lo económico y se convierta en un ente político.

La pugna por el poder dentro de la CAO

No obstante, estas buenas intenciones no se están cumpliendo en toda su magnitud. El principal obstáculo al que se ha enfrentado la CAO en estos años es la lentitud en la toma de decisiones debido a los conflictos diplomáticos y las diferencias económicas que existen en el seno de la organización.

Kenia, el Estado con mayor desarrollo industrial y potencial económico de la CAO como resultado de su favorable legado colonial, es la que a efectos prácticos está liderando y definiendo la agenda de la organización. De hecho, el sector privado keniano es uno de los que más se ha visto beneficiado por la desaparición de las barreras de mercado en 2007, movimientos que desde países como Ruanda o Burundi contemplan con cautela, pues esta fue la razón por la que se disolvió la primera CAO de los años 60.

Tanzania, por el contrario, es el principal rival que está compitiendo con Kenia por hacerse con el poder, no solo dentro de la región oriental, sino en términos de influencia en África central. Esta pugna ha acabado por materializarse en una guerra comercial entre Tanzania y Kenia en la que cada país ha impuesto aranceles a algunos productos básicos, con lo que se alejan claramente de los principios defendidos por la CAO. El enfrentamiento no solo se reduce a una mera competición, sino a la visión estratégica de ambos países sobre la organización: mientras que Tanzania aboga por un ritmo más lento y gradual en la integración y se ha posicionado en contra de un posible tratado con la UE, Kenia defiende lo contrario.

Las relaciones entre Ruanda y Burundi tampoco pasan por su mejor momento a raíz del supuesto apoyo de Ruanda al golpe de Estado de 2015 contra el presidente burundés Pierre Nkurunziza, razón por la cual se han pospuesto varias veces las cumbres de la CAO e incluso Burundi ha llegado a cerrar su frontera con Ruanda. El otro frente abierto de Ruanda lo tiene con Uganda debido a la participación de ambos países a finales de los 90 en la segunda guerra del Congo, en la que acabaron enfrentados. Desde entonces se han sucedido los enfrentamientos diplomáticos por supuestos apoyos a grupos rebeldes.

La última pieza de la comunidad es Sudán del Sur, la cual se unió de manera oficial en marzo de 2016. Su ingreso no estuvo exento de polémica: se tardó cinco años en aceptar su entrada debido a su inestabilidad y atraso económico. Incluso actualmente, hay voces internas que siguen cuestionando su incorporación y se preguntan hasta qué punto la inclusión de Sudán del Sur ha beneficiado al resto. De nuevo, la respuesta está en los intereses económicos particulares, en este caso de Kenia, que posee numerosas inversiones en el país y no podía permitirse negarse a la ampliación de nuevos mercados.

Una visión nacionalista de la CAO

Todas estas tensiones no ponen en riesgo la existencia de la CAO, pero sí la capacidad y efectividad de muchas de sus medidas, que se han llevado a la práctica de manera muy limitada. Uno de los principios fundamentales, el de la convergencia económica, no se está produciendo de manera efectiva al no haber políticas que igualen las inversiones extranjeras que reciben unos y otros países.

El principal obstáculo para su efectividad es la visión nacionalista de la comunidad. Mientras que Ruanda, Uganda o Sudán del Sur buscan en la CAO una estrategia para superar su falta de acceso al mar y disponer de los puertos de Mombasa (Kenia) o Dar es Salaam (Tanzania), Kenia busca penetrar en nuevos mercados. Esa ausencia de lógica regional más allá de los intereses nacionales está generando tanto inmovilidad en las negociaciones como nuevas alternativas a los proyectos de cooperación de la CAO, como el denominado Corredor del Norte entre Kenia, Ruanda y Uganda, una “coalición de la voluntad” desde la que se están llevando a cabo algunos proyectos por separado, a los que por supuesto se podrán unir el resto de los países de la CAO cuando lo soliciten.

Los retos no son pocos, pero la CAO tiene el firme objetivo de seguir expandiendo su poder en el continente mediante la firma de acuerdos con otras organizaciones regionales, como la zona tripartita de libre comercio de 2015 o la Unión Europea, e incluso ampliar su número de miembros. Somalia ya ha solicitado formalmente su adhesión y la República Democrática del Congo también ha mostrado interés en alguna ocasión. Lo que es evidente es que la CAO está forjando, paso a paso, la base necesaria para jugar un papel muy relevante en la economía y política africanas en los próximos años.