Política y Sociedad África

Las Comoras: perfumes y golpes de Estado en el Índico

Las Comoras: perfumes y golpes de Estado en el Índico
El coronel comorense Ibrahim Salim en una conferencia sobre igualdad de género celebrada en Tanzania. Fuente: SETAF

La Unión de las Comoras es un pequeño país compuesto por tres islas principales, aunque hay una cuarta, Mayotte, administrada por Francia y reclamada por Comoras. En el pasado fue un enclave estratégico muy importante donde florecieron multitud de culturas y civilizaciones, pero el futuro se les presenta turbio a las “islas perfumadas”, con muchos problemas derivados de la pobreza perenne que asola al país y otros añadidos. Este año han afrontado un referéndum constitucional que puede cambiar la situación de las islas, y los comorenses esperan que sea para bien.

Las Comoras presentan una mezcla de culturas y tradiciones muy diversas que han conseguido integrarse hasta formar una sociedad bastante unitaria. En las islas se habla árabe, francés y suajili, aunque el principal idioma es el comorense, que es una muestra perfecta de esa mezcla: proviene del suajili, pero se escribe con alfabeto árabe. No hay consenso sobre quiénes fueron los primeros pobladores del archipiélago, pero lo que está claro es que en estas islas habitaron árabes, persas, africanos, malayos, malgaches y europeos, entre otros pueblos cuyos caminos se vieron obligados a pasar por las Comoras en más de una ocasión. El nombre de las islas viene del árabe qumar —‘luna’—; los árabes decidieron llamarlas “islas de la luna” porque desembarcaron por primera vez una noche de luna llena.

La religión principal es el islam suní. El islam lleva presente en las islas desde por lo menos el siglo XI y con el paso de los años ha ido regulando y a la vez adaptándose a las costumbres de las islas. La práctica totalidad de la población es musulmana y eso está presente en la propia bandera del país, donde se muestra la media luna islámica y cuatro estrellas que simbolizan las cuatro islas, incluida la reclamada Mayotte.

A pesar de que no existen apenas conflictos étnicos en las islas, sí ha habido varios incidentes relacionados con la autonomía de las diferentes islas con respecto al Gobierno central. Dos de las tres islas principales, Anjouan y Mohéli, llegaron incluso a declarar en 1997 su independencia del Gobierno de Moroni —situado en Gran Comora, la mayor isla del archipiélago— tras una grave disputa que no se solucionaría hasta 2001. Además, el país ha sufrido multitud de intentos de golpes de Estado —algunos con éxito y otros no—, muchos de ellos dirigidos por el famoso mercenario francés Bob Denard, una de las personas claves para entender la inestabilidad de las Comoras desde su declaración de independencia en 1975. El mercenario, presente en muchas otras guerras coloniales africanas durante la segunda mitad del siglo XX, eligió las Comoras como su centro de operaciones principal y comandó cuatro golpes de Estado entre 1975 y 1999, además de actuar como presidente en la sombra durante gran parte de este período. En algunos de estos golpes incluso asesinó al presidente que él mismo había instaurado previamente.

Localización de la Unión de Comoras y bandera comorense. Fuente: BBC

Nuevo siglo, nuevas políticas

Tras el arresto y detención de Denard en 1999, el archipiélago quedó sumergido en una profunda crisis institucional, con un país partido y sin un liderazgo claro. Las negociaciones de Gran Comora con Anjouan y Mohéli llegaron finalmente a buen puerto cuando en 2001 se declaró la reunificación oficial del país en una nueva Constitución que otorgaba mayor autonomía a las dos islas menores y que introdujo novedosos cambios en la política comorense. El más significativo y original fue la nueva ley presidencial, que limita los mandatos a cinco años y obliga a que la presidencia del país rote entre las tres islas en cada nuevo mandato. Con esta ley, se pretendía acabar con las tensiones acumuladas durante años y repartir el poder entre Gran Comora y las otras dos islas.

Aun así, en 2007 Anjouan volvió a levantarse contra el Gobierno central reclamando la independencia y llegó incluso a celebrar unas elecciones paralelas a las presidenciales. El nuevo líder de Anjouan, Mohamed Bacar, rechazó entregarse a las autoridades comorenses y se puso en rebelión, lo que obligó a una intervención conjunta de las fuerzas comorenses y las de la Unión Africana, que tomaron el control de la isla un año después de su insurrección, en marzo de 2008. Tras la vuelta al redil de Anjouan, la Unión de Comoras ha disfrutado de una relativa paz y estabilidad, pero tampoco se ha traducido en una mejora significativa de las condiciones de vida de los comorenses. Con más de 20 golpes de Estado en poco más de 40 años de independencia —además de las diferentes luchas secesionistas—, está claro que el país necesita dejar el pasado atrás y apostar por nuevas políticas si se quiere aprovechar todo el potencial del archipiélago.

Estados sin reconocimiento en África, incluido Anjouan. Fuente: Pinterest

Las islas perfumadas

Uno de los principales deberes pendientes de los diferentes Gobiernos ha sido generar una riqueza que acabe con las penurias y las necesidades más básicas de la población. La isla no tiene grandes recursos naturales —a la espera de confirmar si existe un yacimiento de gas y petróleo bajo sus aguas— y tampoco recibe apenas turistas, a pesar de sus playas y su clima tropical. Sin embargo, ese mismo clima ha posibilitado que las Comoras hayan conseguido una posición de referencia en una gran industria: los perfumes. ¿La razón? Millones de flores de vainilla, clavo e ylang ylang plantadas por todo el territorio nacional, especialmente en las pequeñas Mohéli y Anjouan.

Las ylang ylang son unas flores pequeñas y muy aromáticas, originarias de Indonesia y cultivables únicamente en climas suaves y cálidos, que se usan para extraer un aceite muy preciado entre los perfumistas, que sirve de base para perfumes tan reconocibles como Chanel n.º 5. Comoras produce el 80% mundial de este aceite —es el único país productor aparte de Madagascar—, pero ni siquiera una posición tan favorable en el mercado ha llevado al Gobierno a apostar por ello. Por el contrario, los campesinos denuncian que hace años que las plantaciones no reciben ninguna inversión estatal y que las condiciones de trabajo y la deforestación están haciendo que cada vez haya menos gente que quiera trabajar con la ylang ylang, además de menos territorio para cultivarla.

Todos estos factores están llevando progresivamente al desmantelamiento de esta industria. Mientras que en 2005 Comoras exportó 50 toneladas de aceite ylang a la UE, en 2014 ya se había reducido a la mitad, una bajada considerable tratándose de una de las mayores exportaciones del país. Muy pocos trabajadores quieren recolectar centenares de kilos de flores y producir un aceite carísimo —su valor es superior a los cien euros por kilo— si a cambio van a recibir un salario de 50 euros al mes, además de dejar su espalda en mal estado.

La rara y preciada flor ylang ylang, en la ladera del volcán Karthala (Gran Comora). Fuente: Biolandes

La situación no es muy diferente con la vainilla y el clavo. Estas dos especias, junto con la ylang ylang, suponen el 80% de las exportaciones del país y emplean a la mitad de su población activa. En estos casos, la competitividad derivada de la mayor producción de otros exportadores, como India, Uganda o Madagascar, llevó a una caída histórica de los precios que afectó gravemente a la economía comorense. En islas como Gran Comora, donde el 90% de la población está involucrada de manera directa o indirecta con la producción de vainilla, el golpe fue muy duro.

El verdadero problema reside en que, más allá de las tres olorosas especias y algo de pesca, Comoras no ha desarrollado ninguna otra actividad que genere riqueza para su población. La economía continúa siendo primaria, basada en una agricultura que supone más de la mitad del PIB nacional. A pesar de ello, muchos de estos cultivos corresponden a las plantaciones de vainilla, clavo e ylang ylang —debido a su mayor rentabilidad económica— y no hay tanta tierra para los cultivos de subsistencia, que son la mayor fuente de comida del país. O por lo menos lo eran; actualmente, Comoras debe importar el 70% de su comidaun mal muy extendido en África— y depende mucho de otras importaciones de productos básicos, en las que se gasta aproximadamente un tercio de su PIB. Una lacra demasiado grande para un país con la economía de Comoras.

Una clase política que no está a la altura

Por mucho que estos problemas puedan resultar alarmantes, la realidad es que no están apenas presentes en la actualidad política, que ahora mismo tiene toda su atención puesta en la propuesta de reforma de la Constitución que ha promovido el Gobierno. Este verano el país afronta un referéndum constitucional que puede ser clave para su futuro. Por iniciativa del actual presidente, Azali Asumani, los comorenses decidirán el 29 de julio si se cambia la Constitución para permitir dos mandatos presidenciales de cinco años y eliminar el actual límite de cinco años. Esta reforma también implicaría el fin de la rotación de la presidencia entre las tres islas, lo que sin duda supone el punto más polémico del referéndum. Asumani, grancomorense, ha prometido adelantar las elecciones si la reforma es aprobada, pero gran parte de la oposición considera que esto no es más que una estratagema para afianzarse en el poder durante muchos años más y prepararse una Constitución a su medida.

Y lo cierto es que el comportamiento del presidente hasta ahora no ha hecho más que reafirmar a los detractores en su posición. Asumani ha comenzado una campaña de represión dirigida contra los líderes de la oposición, incluyendo arrestos y detenciones para “preservar el orden público”, e incluso ha cerrado el Tribunal Constitucional y otras instituciones hasta la celebración del referéndum. Hasta el vicepresidente ha sido destituido por criticar la propuesta de reforma. Por ello, Comoras está experimentando una nueva ola de movilizaciones por todo el país que exigen mayor democracia y la reapertura de las instituciones cerradas y controladas por Asumani.

Comorenses emigrados se manifiestan contra el presidente Asumani en Marsella (Francia). Fuente: Malay Mail

Sin embargo, los miembros de la oposición tampoco han demostrado ser mejores que el presidente actual y la población se encuentra falta de un líder que represente sus demandas. El principal líder de la oposición, el expresidente Sambi —en arresto domiciliario por orden de Asumani—, está involucrado en uno de los mayores escándalos de la Historia del país al descubrirse que, junto con otro expresidente, formaban parte de una organización clandestina que vendía ilegalmente pasaportes de las Comoras a cambio de millones de dólares. Así las cosas, la población se encuentra en una encrucijada, hastiada por la corrupción y las malas políticas de sus Gobiernos, pero sin ningún referente fiable que pueda llevar al país por el buen camino.

Para ampliar: “Emiratos Árabes Unidos: la ciudadanía como privilegio”, Alejandro Salamanca en El Orden Mundial, 2018

Un futuro complejo

Desde que se abriera el canal de Suez, allá por 1869, la Unión de Comoras ha pasado de ser un enclave estratégico clave para el comercio marítimo mundial a ser uno de los países más pobres del mundo. Es cierto que la desaparición de la mayoría de las rutas marítimas fue muy dura para el archipiélago, pero hasta ahora los diferentes Gobiernos no han conseguido ni generar nuevos recursos ni potenciar los que ya tenían. El país se encuentra expectante a la espera de confirmar si existen grandes yacimientos de gas natural y petróleo en sus aguas, algo que podría dar un buen impulso a su economía, pero tampoco deberían confiar en exceso en ello: no sería el primer país cuya población no recibe nada de los miles de millones generados por el gas y el petróleo.

Área donde se encuentran los posibles yacimientos petrolíferos. Fuente: Les Échos

Tengan más o menos recursos, lo que realmente necesitan los comorenses es un Gobierno capaz de crear una Administración Pública eficiente, que adopte medidas eficaces contra los verdaderos problemas del país y, en definitiva, que no sirva a mercenarios o a intereses propios, sino a la población local. Este julio los ciudadanos comorenses han puesto a examen al presidente Asumani y algunas cosas podrían empezar a cambiar dependiendo del resultado de un referéndum —supervisado por una misión internacional— a fin de que la reciente escalada de tensiones no llegue a un nivel más alto y se repitan hechos del pasado. Ojalá los comorenses no tropiecen de nuevo con la misma piedra.

Actualización: Tras una jornada de relativa calma, sin incidentes graves, el 92,74% de los comorenses aprobaron la reforma constitucional, que otorga mayores poderes al presidente Asumani al eliminar el límite de cinco años de mandato presidencial y la obligación de rotar la presidencia entre las tres islas. En 2019 se celebrarán nuevas elecciones; de ganar Asumani, se convertiría en el dirigente comorense con más poder de este siglo, algo que la oposición observa con recelo tras los recientes comportamientos autoritarios de su Gobierno. 

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