Por qué la sequía en China amenaza la transición energética global

La escasez de agua en China, con sus peores sequías en décadas, está frenando su apuesta por la energía hidroeléctrica y por exportar materiales para las renovables. El país está decidido a alcanzar sus objetivos climáticos, pero a la par está obligado a cuidar sus recursos hídricos.
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Por qué la sequía en China amenaza la transición energética global
Fuente: elaboración propia con Midjourney

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China está en el podio de los países que consumen más agua y al mismo tiempo tiene problemas con ella. El Water Resources Group del Banco Mundial ya vaticinó en 2009 que en 2030 su demanda superaría el suministro en un 25%, un vacío de casi 200.000 millones de metros cúbicos. La OCDE y estudios independientes han confirmado la advertencia después. Al mismo tiempo, China lleva años invirtiendo en energías renovables, sobre todo la hidroeléctrica, hasta contar con casi el 30% de la capacidad global.

Toda esa dependencia del agua le ha traído más quebraderos de cabeza al gigante asiático: su contaminación, la escasez en muchas provincias y las sequías. Causadas por olas de calor y falta de lluvias, las sequías en China han aumentado en número y duración en un 30% en los últimos veinte años. 2022 y 2023 han sido los peores desde que hay registros. Si China se seca, no sólo lo sufrirá el país, sino que arrastrará al resto del mundo al tener que acudir al carbón y porque es la fábrica de muchos materiales para la transición energética global. El Gobierno, consciente de la preocupación, ya está buscando soluciones.

China invierte en hidroeléctricas, pero le falta agua

China tiene el objetivo de cero emisiones netas para 2060 y está apostando, entre otras renovables, por la energía hidroeléctrica. Esta generó en 2021 el 15% de la electricidad del país, que tiene cuatro de los diez proyectos más grandes del mundo. La famosa presa de las Tres Gargantas funciona con agua del río Yangtsé, el tercero más largo del planeta. Es la planta energética de mayor capacidad del mundo, con hasta 22,5 millones de kilovatios. Le siguen la central de Baihetan, que tiene la primera turbina en el mundo capaz de generar hasta 16 millones de kilovatios de electricidad, y las de Xiluodu y Wudongde.

Ya contando con estas infraestructuras, la mayor preocupación de China con el agua era hasta hace poco su pésima calidad. La mitad de los acuíferos del países están demasiado contaminados como para usarse en industria o agricultura. El Gobierno ha abordado el problema por distintas vías. Ha involucrado a las administraciones locales en la gestión del agua, ha implementado soluciones ecológicas como las “ciudades esponja”, con amplios sistemas de drenaje, y ha apostado por reutilizar el agua en sus ciudades más pobladas, como Shanghái o Pekín.

A la necesidad energética y la contaminación se ha sumado la preocupación por las sequías. China enfrentó en 2022 la ola de calor más intensa y prolongada de los últimos sesenta años, superando en numerosas regiones los cuarenta grados, y en 2023 fue similar. Las precipitaciones también han sido un 60% menores que años anteriores. Desde que se tienen registros, en 1961, no ha habido una precipitación tan baja en la cuenca del río Yangtsé, que proporciona agua a más de 500 millones de personas, y se han secado 66 ríos. La situación ha llegado a ser tan dramática que las autoridades chinas han usado aviones y drones cargados de yoduro de plata para provocar lluvia, lo que se conoce como “siembra de nubes”.

La fábrica se queda sin agua y el mundo sin otras cosas

Frente a la sequía que paraliza sus hidroeléctricas, China se vio obligada a buscar sustitutos para evitar más daños en su economía. Sin embargo, la energía solar, eólica y la nuclear no alcanzan para cubrir lo perdido. La opción, por tanto, era el carbón, que ya generaba el 60% de la electricidad en el país. En los primeros cinco meses de 2023, China aumentó su producción hasta los 1912 millones de toneladas. Entre julio y agosto, con la caída del 30% de la hidroeléctrica respecto al año anterior, la producción de carbón y otras fuentes térmicas aumentó un 16%. Sustituir hidroeléctrica por carbón puede servir en un contexto de sequías, pero es una fuente fósil que contamina más y cuya producción, además, requiere mucha agua.

Precisamente, una de las provincias más afectadas por la sequía en 2022 fue Sichuan, donde la hidroeléctrica proporciona el 85% del mix energético antes de exportarse a otras como Shanghái o Zhejiang. Sichuan tiene más de 80 millones de habitantes y representa casi el 5% de la economía china. En particular, posee más de la mitad de sus reservas de litio y produce el 13% de su polisilicio, elementos clave para las infraestructuras renovables globales.

China es el tercer mayor productor del mundo de litio, fundamental para las baterías para productos como los coches eléctricos. De hecho, el 56% de estas baterías se fabrica hoy en China, por lo que una menor producción arrastraría a sus principales compradores, como Estados Unidos, Alemania y Japón. Por su parte, el polisilicio es clave para fabricar paneles solares. China produce el 75% del polisilicio y el 70% de los paneles solares del mundo, de los que dependen Estados Unidos y Europa, entre muchos otros países. Es tal la dependencia, que la Agencia Internacional de la Energía ha advertido del riesgo que supone que un país concentre la producción de materiales clave para la transición energética.

En busca de soluciones

China es el mayor consumidor de electricidad del mundo, el mayor emisor de CO2 y su situación climática no mejora. 2023 ha sido el año con más días de calor extremo desde que hay datos. Muchos chinos han optado incluso por cuevas refugio y bloques de hielo en las oficinas en busca de temperaturas más bajas, mientras que Sichuan y el gran municipio de Chongqing han optado por apagar las luces en los trenes para ahorrar energía. Frente a esta situación, el Gobierno ha planteado distintas soluciones.

Primero fue alterar el sistema fluvial, derivando agua del río Yangtsé a la cuenca del río Amarillo, pero pronto lo descartó por su coste económico y medioambiental. Otra opción es potenciar la energía solar y la eólica. En 2022 China produjo 1,35 billones de kilovatios a partir de hidroeléctricas y 1,19 billones a partir de energía solar y eólica, pero se espera que estas dos aumenten mucho más que la hidroeléctrica. El país también puede construir más centrales hidrofotovoltaicas, como la del río Yalong, que tiene una potencia instalada de un millón de kilovatios.

La última solución, que ha ganado peso, es la energía hidroeléctrica por bombeo. Esta tiene un ciclo cerrado de agua y la afecta menos la sequía. En este tipo de centrales, el agua se bombea cuesta arriba hasta un embalse, usando electricidad cuando la demanda es baja y generando electricidad al dejar caer el agua cuesta abajo usando las turbinas de la central. China ya cuenta con planes para construir más de doscientas centrales hidroeléctricas de bombeo, que cubrirían el 23% de su demanda de energía. Por tanto, está decidida a alcanzar sus objetivos climáticos, pero a la par está obligada a cuidar su agua.

Sonia Velázquez

Madrid. Graduada en Relaciones Internacionales y Traducción e Interpretación por la Universidad Pontificia Comillas. Máster en Recursos Energéticos y doctoranda en Seguridad Internacional. Pasión por la geopolítica. Análisis sobre energía, vulnerabilidad energética y amenazas a la seguridad energética. Amante del arte y la pintura.