Cambio de capitán en Panamá y su canal

Décadas de dictadura militar finalizaron abruptamente en Panamá en 1989 con la invasión de Estados Unidos. Este 5 de mayo la joven democracia panameña se puso a prueba en las urnas. El candidato Nito Cortizo, del Partido Revolucionario Democrático, ganó con apenas dos puntos de diferencia a su oponente en las elecciones más ajustadas del país. ¿Qué significan estas elecciones para Panamá y para la región?
Política y eleccionesAmérica Latina y el Caribe
Cambio de capitán en Panamá y su canal
Bahía de Punta Paitilla (Panamá). Fuente: Roger Schultz

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Siete partidos políticos y tres candidatos independientes competían en estos comicios generales en Panamá. El ganador, Nito Cotizo, del Partido Revolucionario Democrático (PRD), consiguió llegar a la presidencia con una ajustadísima diferencia de dos puntos, muy diferente a la amplia mayoría que vaticinaban las encuestas de intención de voto. Rómulo Roux, de Cambio Democrático, consiguió más votos de los esperados —en algún momento llegó a estar a menos de un punto porcentual de Cortizo— y consiguió una fuerte representación parlamentaria. El gran perdedor de estos comicios fue, sin duda, el actual partido en el poder, el Partido Panameñista, que obtuvo un 50% de asientos menos en la Asamblea Nacional. La cuestionada administración del presidente Juan Carlos Varela pesó de forma contundente a esta formación, que quedó por detrás del candidato independiente Ricardo Lombana, a pesar de no tener este ninguna estructura política detrás. Tres partidos se quedaron sin representación en la Asamblea Nacional, entre ellos el Frente Amplio por la Democracia (FAD), el único partido claramente definido como de izquierdas.

Debido a los graves casos de corrupción que han azotado Panamá los últimos años, la contienda electoral estuvo marcada por un cambio en las reglas del juego democrático. En 2018 se reformó la ley electoral con el objetivo de fomentar la transparencia, lo que ha revertido en un mayor control en la financiación de los partidos y una campaña electoral mucho más corta. La irrupción de los candidatos libres ha supuesto toda una sorpresa que ha alterado la hegemonía de los partidos tradicionales.  

El abanico de opciones ideológicas es muy estrecho en Panamá. Las diferencias entre partidos muchas veces son más históricas que ideológicas. El PRD, otrora brazo político de la dictadura de Noriega, actualmente se define como socialdemócrata y se alinea con los partidos de izquierdas de Latinoamérica, a pesar de que su programa no sea demasiado progresista. Su histórico adversario, el Partido Panameñista, es nacionalista y conservador, tradicionalmente consolidado en la derecha. El único partido que sigue criticando la tutela de EE. UU. sobre el país, que cuestiona el modelo neoliberal y propone opciones transformadoras es el FAD. Pese a haber protagonizado la huelga de un mes en el sector de la construcción —el secretario general del partido, Saúl Méndez, es también secretario del Sindicato Único Nacional de Construcción— y haber impulsado las movilizaciones de los pensionistas el pasado año, el FAD no ha conseguido capitalizar el descontento de la población, muy poco acostumbrada a una alternativa de izquierdas. De hecho, tras las elecciones y de acuerdo con el código electoral, al no haber conseguido la cantidad mínima del 2% de los votos en ninguno de los cargos, el partido corre el riesgo de extinguirse. El sector financiero, el comercio, la construcción y la logística tienen un peso esencial en la economía de Panamá —aportan más de la mitad del PIB—, por lo que cualquier propuesta que perjudique estos sectores no genera confianza. Un aumento de la incertidumbre de los inversores traería consecuencias fatales para el país.

Históricamente, Panamá ha sido una pieza clave en la geopolítica mundial. Su privilegiada situación geográfica permite el tránsito de mercancías entre los océanos Atlántico y Pacífico. La construcción del canal comenzó en 1904 y ha sido objeto de fuertes intereses por tomar el control del paso marítimo, especialmente de EE. UU. El canal no pasó a manos panameñas hasta 1999, tras 85 años de titularidad estadounidense. Actualmente concentra el 5% del tránsito marítimo del comercio mundial, lo que genera la tercera parte del PIB del país.

Para ampliar: Panamá, de construir un canal a fabricar un Estado”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2016

El istmo panameño es uno de los principales choke points del mundo y su importancia en la geoeconomía del continente americano es de primer nivel.

Cortizo se enfrenta a una situación económica compleja marcada por la desaceleración, el desempleo y una creciente inflación. Panamá ha sido tradicionalmente uno de los países más globalizados de la región; su economía está completamente dolarizada y depende de las inversiones extranjeras, que incentiva con suculentas ventajas fiscales a las empresas privadas internacionales. El sector logístico y de la construcción son los más fuertes gracias al canal de Panamá. El crecimiento medio anual entre 2001 y 2013 fue del 7,2%, entre otras cosas gracias al boom inmobiliario, pero desde esa fecha su economía ha entrado en un periodo de desaceleración. Este crecimiento explosivo no trajo consigo una adecuada redistribución de la riqueza, lo que ha convertido a Panamá en el sexto país más desigual del mundo. El Estado ha priorizado el gasto en infraestructura en las grandes ciudades sobre la inversión social, lo que ha generado desequilibrios territoriales muy fuertes y dejado datos desoladores —en las tres comarcas indígenas, más del 90% de la población vive en la pobreza—. Los crecientes desempleo y trabajo informal también son problemas graves que el Gobierno deberá atender.

A nivel internacional, la victoria del PRD altera las relaciones geopolíticas de Panamá. El PRD se encuentra inscrito en la Internacional Socialista y forma parte del Foro de São Paulo, por lo que se alinea con la izquierda latinoamericana. Al ser un país tan dependiente de la inversión directa extranjera, tiene bastante limitado su margen de maniobra, pero sí se podrán producir cambios en el futuro encaminados a disminuir la presión sobre Venezuela desde el Grupo de Lima. Lo más probable es que siga una política parecida a la de López Obrador en México desmarcándose de las posiciones más duras contra Venezuela, pero manteniéndose pragmático y neutral apelando a la no injerencia.

En un momento de fuerte tensión entre EE. UU. y China, Centroamérica se perfila como escenario de una guerra comercial de baja intensidad. El Gobierno del PRD será el encargado de cerrar la negociación del tratado de libre comercio con el gigante asiático que lleva meses en negociación. China busca expandir su influencia económica en América Latina y, dadas sus favorables condiciones al capital extranjero, Panamá se presenta como un centro estratégico de anclaje para dirigir sus negocios. Este acercamiento ha causado recelo en Washington, que ve Pekín como una creciente amenaza en la región. Navegar estas turbulentas aguas con diplomacia e inteligencia será uno de los retos de Cortizo para el siguiente periodo. Las próximas elecciones en Latinoamérica auguran cambios en la correlación de fuerzas en la región: Guatemala se enfrenta a unas inciertas elecciones marcadas por el autoritarismo y Argentina sufre una de las peores crisis de su Historia mientras el macrismo da claras muestras de agotamiento, si bien parece que Uruguay y Bolivia se mantendrán estables. Los próximos comicios a lo largo del año terminarán de definir el cambio regional en América Latina.

Para ampliar: “China en América Latina: ¿el inicio de una nueva Guerra Fría?”, Cristina de Esperanza en El Orden Mundial, 2019

María Canora

Madrid, 1995. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Rey Juan Carlos con estancia en Estambul (ICU), máster en acción humanitaria y desarrollo. Anteriormente acompañante internacional de personas defensoras de derechos humanos en Honduras. Interesada en género, migraciones y movimientos sociales.