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El Foro de São Paulo, en busca del sueño latinoamericano

El Foro de São Paulo, en busca del sueño latinoamericano
Los dos mandatarios de Cuba —de chaqueta— y los presidentes de Venezuela y Bolivia —en camisa—, en el foro. Fuente: Opera Mundi

Durante la segunda quincena de julio tuvo lugar un encuentro en La Habana del que apenas se ha hecho eco ningún medio internacional: el Foro de São Paulo. Bajo el lema “Unidad, integración y lucha contra el neoliberalismo”, más de cien delegaciones de partidos de la izquierda latinoamericana se reunieron para celebrar este foro anual. ¿A qué desafíos se enfrenta la izquierda latinoamericana este año y qué estrategia ha diseñado para hacerles frente?

En 1990, en plena caída de la Unión Soviética y la debacle del socialismo en los Balcanes, Fidel Castro y Lula da Silva fundaron el que habría de ser el nuevo faro que alumbrara a la izquierda en Latinoamérica. Este movimiento respondía a la necesidad de equilibrar la balanza de fuerzas en un nuevo orden mundial tras la caída del muro de Berlín. Concebido como un foro de partidos y movimientos sociales de izquierda de corte antiimperialista, pretendía ser un espacio donde poder articular políticas y estrategias comunes.

En el momento de su creación, el único partido de izquierdas que ostentaba el poder era el Partido Comunista en Cuba, que soportaba con sufrimiento el llamado periodo especial. El resto de la región se vio inmersa en un programa neoliberal de reformas impulsado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, popularmente conocido como Consenso de Washington, que incluyó privatizaciones a gran escala y desregulación financiera. Esta política económica terminó con el ciclo de hiperinflación y deuda que aquejaba a América Latina en los 80, el cual provocó un aumento desmesurado de la brecha social y un crecimiento de la pobreza.

El deseo de cambio de la población y la organización de procesos de resistencia a las políticas neoliberales permitieron el inicio de una nueva etapa. Hugo Chávez en Venezuela —1998—, Lula da Silva en Brasil —2002— y Néstor Kirchner en Argentina —2003— inauguran este periodo, seguidos de Evo Morales en Bolivia —2005—, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua —ambos en 2006—. Chile, Uruguay y Paraguay también viran hacia la izquierda en estos años, al mismo tiempo que se ponen en marcha procesos de integración alternativos, como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), fruto en gran parte de los esfuerzos realizados desde el foro.

Para ampliar: “Unasur: el camino hacia la integración sudamericana”, Fernando Rey en El Orden Mundial, 2016

Sin embargo, durante la última década la izquierda latinoamericana ha visto un deterioro fulminante de su situación. Las derrotas electorales han ido acumulándose en los últimos años, a la par que las crisis políticas, económicas y sociales. El golpe de Estado en Honduras al presidente Manuel Zelaya en 2009, la crisis social en Bolivia en 2008, la controvertida crisis política en Paraguay en 2012 —muchos sectores sostienen que se trató de un golpe de Estado parlamentario— y el impeachment contra Dilma Rousseff en 2016 golpearon fuertemente a la izquierda. La muerte de sus líderes más carismáticos, Fidel Castro y Hugo Chávez, terminó de debilitar el proyecto común que intentaban establecer.

A medida que la izquierda perdió fuerza, el Foro de São Paulo se fue estancando más y más. Sin embargo, en estos dos últimos años han surgido nuevas esperanzas y oportunidades para la izquierda latinoamericana. En un escenario especialmente convulso y volátil, las últimas victorias electorales han vuelto a insuflarle vida. Revitalizado por la victoria en México y el histórico resultado de la izquierda en Colombia, el foro ha hecho de la unidad frente al imperialismo su reclamo absoluto para este año. Ha hecho especial hincapié en reestructurar y fortalecer unas decadentes Celac y Unasur, única salida que les queda frente al fracaso de Alba en el marco de la crisis venezolana. Las delegaciones del foro han advertido de que los ataques injerencistas de EE. UU. han mutado de forma y aumentado de intensidad. Según el foro, la progresiva judicialización de la política —que comenzó con Fernando Lugo en Paraguay en 2012, siguió con Lula da Silva en Brasil en 2017 y acecha ahora al expresidente Rafael Correa en Ecuador—, los golpes blandos, primaveras de colores y fraudes electorales —Honduras en 2009 y 2017, Brasil en 2016 y Nicaragua en 2018— son las nuevas formas de ataque del imperialismo.

Analizar las presencias —y, sobre todo, las ausencias— de los mandatarios latinoamericanos resulta revelador. Presidieron el foro Miguel Díaz-Canel —Cuba—, Nicolás Maduro —Venezuela—, Evo Morales —Bolivia—, Salvador Cerén —El Salvador— y los expresidentes Manuel Zelaya y Dilma Rousseff. Las grandes ausencias fueron Daniel Ortega —Nicaragua— y Lenín Moreno —Ecuador—. La ausencia de este último delata el posicionamiento del foro respecto al enfrentamiento político que se está desarrollando en Ecuador: la izquierda apoya sin ambages a Correa y toma distancia del actual presidente ecuatoriano.

Para ampliar: “Guerra civil en la izquierda ecuatoriana”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2018

Había una gran expectación sobre el posicionamiento que se tomaría durante el foro respecto a la crisis en Nicaragua. Este tema ni siquiera estaba previsto en la agenda que elaboró el grupo de trabajo en marzo, pero se convirtió en un tema central durante las sesiones. Las declaraciones finales del foro no dejan lugar a dudas: la izquierda latinoamericana apoya de forma contundente al Gobierno de Ortega frente a lo que consideran un ataque imperialista. El polémico apoyo a Nicaragua ha tenido un alto coste político para los partidos, pues no se trata de una posición popular entre sus respectivos electorados: el signo político ha dejado de importarle al ciudadano medio, que solo ve en Ortega a un dictador sanguinario. Dos días después de la finalización del foro, el Frente Amplio de Costa Rica emitió un comunicado en el que se desmarcaba de esta posición y expresaba su rechazo y condena al régimen de Ortega. El comunicado lanzaba un mensaje adverso: el bloque de izquierda latinoamericano, pese a sus esfuerzos integradores, sigue teniendo grietas que resquebrajan la ansiada unidad.

Para ampliar: “La traición a la Revolución sandinista”, María Canora en El Orden Mundial, 2018

Con Venezuela al borde del abismo, Brasil enfrentándose a unas elecciones inciertas y Cuba redactando una nueva Constitución, el foro necesita más que nunca agilizar sus estrategias y abandonar el exceso de dogmatismo y rigidez que lo paraliza. Adaptarse a la nueva dinámica comunicativa para hacer frente a la guerra mediática e incorporar a su agenda la perspectiva de género y el feminismo —la mujer, esa gran contradicción en los Gobiernos progresistas latinoamericanos— serán claves en un futuro. El homenaje de este año a Fidel Castro en el foro no es casual: la izquierda pretende demostrar que el proyecto de construir una América Latina unida y soberana no murió con él y que están trabajando duramente para abrir una nueva etapa de cambio.