Más de la mitad de los brasileños se consideran negros o mestizos frente a casi el 48% de blancos. Pero, a pesar de la diversidad étnica y de la apariencia de democracia racial de Brasil, sigue existiendo un racismo institucionalizado que discrimina a los negros y mestizos a través de la invisibilización de su cultura y de la violencia física por parte de las fuerzas del Estado.
Al igual que en otros lugares, el racismo actual en Brasil es resultado de un proceso histórico que ha llevado a establecer una jerarquía entre diferentes etnias. Brasil fue el último país latinoamericano en abolir la esclavitud, en 1888, y aunque fue un punto de inflexión, después se siguió discriminando a la población negra. En 1884, las élites políticas y económicas aprobaron un proyecto para favorecer la llegada de 10.000 europeos blancos con sus familias a los que el Estado brasileño otorgaría tierras, con lo cual se pretendía fomentar una imagen tolerante de cara al exterior. Sin embargo, estas políticas contribuyeron a construir una jerarquía racial similar a la promovida por las Leyes Jim Crow en Estados Unidos. Y, a pesar de los avances legales conseguidos desde entonces y a la apariencia de igualdad racial que los Gobiernos brasileños han tratado de presentar desde entonces, esta jerarquía sigue presente en la sociedad brasileña actual.
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento
