En el foco Política y Sociedad América del Norte

Sanders ha vuelto a perder, y no es por el rechazo del establishment

Sanders ha vuelto a perder, y no es por el rechazo del establishment
Fuente: Lorie Shaull

Bernie Sanders ha perdido, de nuevo, las primarias demócratas. Aunque todavía no es oficial, Joe Biden le ha vencido. La oposición del establishment, que cerró filas con Biden, es importante para entender el descalabro de Sanders, pero han sido otros factores los que le han llevado al fracaso. Una base desmovilizada y la obsesión de gran parte del electorado por encontrar un candidato que pudiera ganar a Trump han inclinado la balanza, aunque la corriente progresista que ha abanderado Sanders no desaparecerá del Partido Demócrata.

Los estados de Iowa y Nuevo Hampshire han sido tradicionalmente cruciales en la selección de candidato para los comicios presidenciales estadounidenses. De hecho, desde 1972, solo dos contendientes se han alzado con la nominación pese a no haber liderado en al menos una de las dos regiones: Bill Clinton, que luego sería elegido presidente, y George McGovern, ambos demócratas. En las primarias demócratas de 2020, el senador por Vermont Bernie Sanders obtuvo el mayor porcentaje de apoyos en dichas regiones, lo que lo convirtió en favorito para representar al partido. Sin embargo, casi dos meses después del comienzo formal de las primarias, el exvicepresidente Joe Biden se ha convertido en el claro ganador, venciendo a Sanders en todos los estados sureños y superándolo en regiones clave como Texas o Míchigan. ¿Qué ha ocurrido para que la revolución progresista de Sanders haya quedado reducida a una mera protesta antisistema? Muchos acusan al desdén del establishment como causa principal de su fracaso, pero la realidad es mucho más compleja. 

Para ampliar: “¿Por qué las primarias de Iowa y Nuevo Hampshire son siempre las primeras?”, El Orden Mundial, 2020

La demografía contra Sanders

El Partido Demócrata depende de la movilización de un electorado diverso para conseguir victorias electorales. La llamada coalición Obama, integrada por jóvenes, mujeres y votantes no blancos, entre otros, fue vital para llevar a los demócratas a la Casa Blanca en 2008. Sanders ha pretendido aunar de nuevo dicha alianza, pero sin éxito.

Desde un punto de vista generacional, Sanders puso gran énfasis en captar el voto más joven. Los millennials, nacidos entre comienzos de los 80 y mediados de los 90, ya han superado a los baby boomers, hijos de la Segunda Guerra Mundial, como grupo poblacional estadounidense más numeroso. Así, el candidato capaz de movilizar al electorado joven debería resultar elegido candidato demócrata en las presidenciales, y Sanders parecía capacitado para ello. El senador ha apelado de forma constante a estos electores con medidas progresistas como la legalización de la marihuana a nivel federal o la cancelación de la deuda universitaria, y sus propuestas parecen haber calado entre ellos. En las primarias de Míchigan, por ejemplo, los menores de treinta años se decantaron en casi un 60% por el senador, un patrón que se ha repetido a lo largo de las primarias

Sin embargo, pese a la abrumadora ventaja de Sanders entre los menores de 45 años, Biden resultó victorioso en todos los condados de Míchigan, aventajando al senador en casi veinte puntos. Los jóvenes votan menos, y su absentismo electoral ha demostrado a Sanders que no es lo mismo llenar los estadios de gente que las urnas de votos. Además, la pasión que caracteriza a los jóvenes votantes sanderistas funciona peor en primarias que en caucus, donde la larga duración del proceso favorece a candidatos con una base entregada como la suya: los caucus de Minesota dieron una victoria a Sanders del casi 62% frente a Hillary Clinton en 2016, pero este estado ha pasado al sistema de primarias y en 2020 Biden ha ganado a Sanders por casi diez puntos. Cada vez más estados rechazan los caucus y se decantan por las primarias, un proceso menos dilatado y más accesible, lo que ha erosionado la fortaleza de Sanders. 

Para ampliar: “¿Qué son los caucus y las primarias en Estados Unidos?”, El Orden Mundial, 2020

Para representar al Partido Demócrata también es necesario el apoyo de las diferentes minorías raciales, especialmente de la afroestadounidense. Cuatro años atrás, Clinton obtuvo el apoyo de casi el 76% de este electorado, y en 2020 Sanders ha vuelto a tropezar con la misma piedra: ninguno de los tres estados con mayor población negra en los que se han celebrado hasta ahora —Misisipi, Carolina del Sur y Alabama— de ha dado más del 20% del apoyo. Pese a que Biden nunca ha ocultado su cercanía con políticos segregacionistas y ha apoyado leyes que han favorecido el encarcelamiento de afroestadounidenses, la comunidad negra lo apoya indiscutiblemente sobre su rival demócrata. Esto se debe, en parte, a su papel como vicepresidente de Barack Obama, así como al apoyo de importantes políticos afroestadounidenses como el representante de Carolina del Sur Jim Clyburn. Además, el electorado afroamericano se ha alejado cada vez más del ideario progresista lo que, sumado a la preferencia de Sanders por las cuestiones de clase sobre las raciales, ha jugado en contra de su candidatura

Los electores latinos, al contrario que los afroestadounidenses, han abrazado las propuestas izquierdistas del senador, y su apoyo le ha granjeado importantes victorias. En los caucus de Nevada, donde los latinos suponen el 17% de la población, Sanders obtuvo la mitad del voto de dicho electorado, al igual que en California, donde alcanzan el 26%. Sin embargo, mientras que la población afroestadounidense vota de manera más homogénea, los latinos se encuentran divididos, lo que explica la baja popularidad de Sanders en un estado como Florida, con gran presencia de población latina. Allí, la alta presencia de cubanoamericanos, más conservadores que otros latinos, ha favorecido a un candidato moderado como Biden. Respecto a otras minorías, como la asiática, Sanders es claro favorito, aunque no representan un grupo demográfico electoralmente decisivo. En definitiva, Sanders ha fracasado en su intento de unificar un electorado diverso: los jóvenes le apoyan pero no acuden a las urnas, su popularidad entre los latinos fluctúa en función de la comunidad y su mensaje no termina de calar entre afroestadounidenses.

Para ampliar: “La importancia del voto latino en Estados Unidos”, Thibault Vermeulen El Orden Mundial, 2019

Biden, una apuesta segura para unos demócratas angustiados

Más de veinte candidaturas se presentaron al proceso de primarias con el objetivo de derrotar a Trump, una cifra histórica que incluyó al primer candidato abiertamente gay y a la primera mujer hindú. Finalmente, el candidato elegido será Joe Biden, hombre blanco de 77 años representante del establishment moderado y favorito durante la mayor parte del proceso. El motivo principal de su elección no es tanto una batería de propuestas ambiciosas ni una personalidad carismática como la posesión de una supuesta elegibilidad. Esta subjetiva característica hace referencia al atractivo de una candidatura a ojos del votante medio, un mero pretexto que invisibiliza contendientes minoritarios en términos raciales o sexuales. Pese a que la elección de una candidatura moderada como la de Biden podría recuperar parte del voto demócrata que se decantó por Trump en 2016, también podría desmovilizar a un electorado deseoso de cambio más cercano a Sanders, lo que genera dudas sobre la fiabilidad de dicho argumento.

En cualquier caso, el 58% de los votantes de Míchigan, estado imprescindible en 2020, se decantaba por elegir a un candidato capaz de vencer a Trump, mientras que el 37% prefería a un candidato con el que estuvieran de acuerdo en temas primordiales. Aquellos que anteponían elegibilidad a afinidad coincidían en que Biden era el mejor preparado para batir a Trump en noviembre. Pese a que, según una encuesta de 2018, los demócratas tienen una imagen más positiva del socialismo que del capitalismo, no está claro que el “socialismo democrático” de Sanders tenga cabida a nivel nacional. De hecho, gran parte de la victoria demócrata en las elecciones de mitad de mandato de 2018 se debe a la elección de candidaturas moderadas en distritos previamente republicanos de estados como Virginia o Carolina del Sur

Por otro lado, la elegibilidad tampoco es una cualidad que haya acompañado al exvicepresidente Biden durante toda la campaña. Al comienzo de la misma, muchos veían a Pete Buttigieg como el candidato más elegible debido a su juventud, su pasado militar y origen en el Medio Oeste; otros se decantaban por Mike Bloomberg, antiguo alcalde republicano de Nueva York con una inmensa fortuna. El abrupto fin de ambas candidaturas favoreció a Biden, que incorporó a esos votantes a su diversa base de seguidores. Sumado a ello, otra de las favoritas al inicio, la senadora progresista Elizabeth Warren, no ha apoyado públicamente a Sanders, debido en parte al deplorable comportamiento virtual de parte de sus seguidores, los llamados “Bernie Bros”, jóvenes blancos sanderistas que atacan a sus rivales en redes sociales. Un aval de Warren habría ayudado a Sanders a captar los votos de las mujeres blancas con educación superior, centrales en la campaña de la senadora, y que están más inclinadas a apoyar al Biden que al senador.

En definitiva, Sanders ha perdido la batalla por la nominación tras no ampliar su base de votantes ni atraer a los electores jóvenes a las urnas, así como por la resiliencia de su adversario, un candidato cuya mayor flaqueza es él mismo. Biden ha conseguido forjar una imagen de candidato elegible para el votante medio, mientras que la candidatura de Sanders ha sido analizada como una apuesta segura al fracaso. Hace cuatro años era un candidato novedoso frente a Hillary Clinton, impopular tanto por su historial político como por el sexismo de la política estadounidense. Pero en 2020, Sanders no ha conseguido atraer a otros colectivos imprescindibles para ganar entre los demócratas. Pese a que su discurso de clase encaja a la perfección con la flagrante desigualdad que asola el país, Sanders no ha sabido incorporar cuestiones identitarias a su campaña, primordiales para gran parte del electorado demócrata.  

Para ampliar: “Las primarias demócratas no solo buscan un candidato: también una identidad”, Álex Maroño Porto en Eldiario.es, 2019

Por último, la presión por parte del establishment demócrata para hundir a Sanders también ha jugado a favor de Biden. Antes del Supermartes, dos de los candidatos que disputaban el liderazgo centrista al exvicepresidente, Pete Buttigieg y Amy Klobuchar, se retiraron y le apoyaron. Importantes políticos como la gobernadora de Míchigan, Gretchen Whitmer, o la primera senadora afroestadounidense, Carol Moseley Braun, también lo avalaron, movilizando a los votantes a su favor. Sin embargo, el desdén orgánico a Sanders no basta para comprender su descalabro en estados como Míchigan o Minesota, ya que el partido tampoco lo apoyaba en 2016 y no consiguieron frenar su victoria entonces. La combinación de una importante desmovilización, su supuesta falta de elegibilidad, así como la probada resiliencia del exvicepresidente, explican mejor su fracaso, y no solo una conspiración demócrata para frenar la insurgencia izquierdista. 

Para ampliar: “The Establishment Didn’t Destroy Bernie Sanders”, William Saletan en Slate, 2020.   

Sanders después de Sanders

Con todo, el fin de la candidatura de Sanders no implicará la desaparición del progresismo en el seno del Partido Demócrata. El ala más izquierdista no para de crecer, y si a comienzos del milenio solo representaba el 27% del partido, hoy supone casi la mitad del mismo. Como proclamó Sanders tras fracasar en Míchigan, Idaho, Misuri y Misisipi en 2020, pese a perder en votos “hemos ganado el debate ideológico”. Hay numerosas figuras nuevas dentro del partido que parecen dispuestas a seguir la estela del senador, en particular la representante por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez. La neoyorquina se ha hecho famosa en el país tras alcanzar la nominación desbancando a un veterano político del aparato demócrata a través de una campaña de base, así como por sus brillantes intervenciones en la Cámara de Representantes. 

La edad mínima para alcanzar la jefatura de Estado son 35 años, y el próximo 3 de noviembre de 2024, fecha de las siguientes elecciones tras las de este año, Ocasio-Cortez tendrá 35 años y dieciocho días. ¿Será la neoyorquina la primera mujer presidenta y abiertamente socialista? Antes, está por ver si la supuesta elegibilidad de Biden es capaz de vencer a Trump. De lo contrario, el socialismo democrático puede convertirse en la única opción de los demócratas para alcanzar la Casa Blanca. 

Para ampliar: “Historia y funcionamiento de las primarias en Estados Unidos”, Álex Maroño Porto en El Orden Mundial, 2020