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La ayuda oficial al desarrollo (AOD) es la asistencia económica o en especie de los países más desarrollados a países más pobres. Puede ser bilateral o multilateral, a través de organismos como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y se caracteriza por ser concesional y con términos financieros favorables, incluyendo subvenciones y préstamos con bajos intereses. No debe confundirse con la cooperación al desarrollo, un espectro más amplio que incluye la propia ayuda oficial al desarrollo, actividades de cooperación técnica, intercambio de conocimientos y acciones de ONG.
Un apoyo sistematizado
La ayuda oficial al desarrollo moderna se remonta a la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, con el precedente del Plan Marshall. Este programa fue una iniciativa estadounidense para ayudar a la reconstrucción de los países europeos aliados devastados por la guerra. Aunque el Plan Marshall no formaba parte del sistema de Naciones Unidas, su éxito sentó las bases para concebir la ayuda oficial al desarrollo como un instrumento de política exterior y cooperación internacional.
En las décadas siguientes se formalizó y amplió la ayuda oficial al desarrollo. Por un lado, a través de los propios Estados y de fondos y organismos especializados de la ONU. Por otro, a través de las principales organizaciones económicas y financieras internacionales. En 1961 la OCDE recién creada incorporó el Comité de Ayuda al Desarrollo, que coordina, hace seguimiento y evalúa la ayuda oficial al desarrollo de sus miembros. Asimismo, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, surgidos de los acuerdos de Bretton Woods, han proporcionado ayuda oficial al desarrollo dando préstamos y asesoría técnica.
0,7%: la meta de la ayuda oficial al desarrollo
El compromiso histórico de la ayuda oficial al desarrollo es la meta del 0,7%, establecida en 1970. Este acuerdo exhorta a los países desarrollados a destinar ese porcentaje de su producto nacional bruto a la ayuda oficial al desarrollo. Las discusiones previas apuntaban al 1%, hasta que la llamada Comisión Pearson, encargada de explorar y mejorar la eficacia de esta ayuda, propuso el 0,7%. La OCDE adoptó la propuesta al año siguiente y se estableció como objetivo para los países donantes.
En la práctica, la meta del 0,7% es un indicador de la voluntad política y solidaridad internacional. No es vinculante, pero cumple un rol simbólico y es visto como una medida de compromiso y responsabilidad global. Sin embargo, pocos países han logrado cumplir o mantener el objetivo: según datos de la OCDE, en 2022 lo hicieron sólo Luxemburgo, Suecia, Noruega, Alemania, Dinamarca y Países Bajos. En términos absolutos, el mayor donante ha sido Estados Unidos, seguido del Reino Unido, Alemania o Francia. Entre los sectores más destacados están la salud pública, la educación básica, la infraestructura, el desarrollo rural y la protección del medioambiente, así como la ayuda frente a crisis como la invasión rusa de Ucrania.
“Ayuda legada” y dependencia
Sin embargo, la ayuda oficial al desarrollo también ha sido criticada por académicos, políticos y activistas. Una de las principales críticas es que los países donantes la usan para influir en los receptores atando la ayuda a la compra de bienes y servicios de sus empresas. Este mecanismo, conocido como “ayuda ligada”, puede conducir a una menor eficacia de la propia ayuda y a sobrecostos para el país receptor. Un ejemplo fue el caso del Reino Unido con la construcción de la presa de Pergau en Malasia en los años noventa. Este proyecto fue asociado a contratos de venta de armas entre ambos países, y la ayuda del Reino Unido fue criticada por estar condicionada a acuerdos comerciales que favorecían a empresas británicas.
Otras críticas son la falta de impacto suficiente de la ayuda oficial al desarrollo y el efecto de dependencia que puede crear en países receptores. Además de promover el desarrollo, esta ayuda también ha fomentado una dependencia a largo plazo en la asistencia extranjera, inhibiendo la autosuficiencia y el crecimiento orgánico. En algunos países africanos, que son la mayoría de los receptores, esa dependencia ha sido vinculada a la falta de desarrollo de políticas económicas locales que podrían estimular el crecimiento.
Este artículo fue redactado con ayuda de Jasper, un asistente de redacción de inteligencia artificial. Después fue revisado y corregido por un editor de EOM.