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Pocos meses antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, en febrero de 1945, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt se reunió con el rey Abdulaziz de Arabia Saudí a bordo del crucero USS Quincy en el Canal de Suez. Según la versión más extendida, ambos líderes sellaron un pacto no escrito por el que Arabia Saudí proveería petróleo a Estados Unidos a cambio de protección. Más de 75 años después, aquel acuerdo de “petróleo por seguridad” parece estar derrumbándose: en los últimos meses, Riad ha recortado repetidamente la producción de petróleo en contra de las peticiones de Washington.
La alianza no se ha roto del todo: Arabia Saudí sigue produciendo petróleo en grandes cantidades y Estados Unidos mantiene más de 2.500 soldados desplegados en el país y continúa vendiéndole miles de millones de dólares en armas y entrenando a sus Fuerzas Armadas. Pero la relación está transformándose. Ya no es una entre un hermano mayor y uno menor, sino entre países iguales y con agenda propia. La última prueba de ello es la conferencia de paz para Ucrania organizada en Arabia Saudí este fin de semana, que refuerza la imagen del reino como un actor global relevante.
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