Al filo del sharp power

Uno de los grandes principios legados por Sun Tzu es que la guerra no consiste sino en el arte del engaño. La aparición en pleno siglo XXI del concepto sharp power en el marco de las guerras de desinformación vuelve a demostrar la atemporalidad de esta táctica como fundamento de la política internacional.
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Al filo del sharp power
Ri Chun-hee, la voz de la televisión pública norcoreana, anuncia mejoras en la calidad de la emisión (2017). Fuente: KCTV

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En los últimos meses ha irrumpido con fuerza en los debates internacionalistas el concepto de sharp power —‘poder punzante’ o ‘afilado’—. El término fue acuñado en noviembre del año pasado por los analistas Christopher Walker y Jessica Ludwig en un artículo de la revista Foreign Affairs para referirse a las guerras informativas lideradas por potencias iliberales en un sistema internacional altamente descentralizado, interconectado y dependiente de la diplomacia pública ejercida desde los medios de comunicación o las redes sociales. Semanas más tarde, The Economist dedicaba su portada al sharp power y señalaba la idoneidad del término para aludir a la difusión de prácticas y relatos que promueven desde la subversión colectiva hasta la autocensura individual. Su principal ventaja radica en su naturaleza encubierta, su bajo coste de implementación y sus excelentes réditos estratégicos.
La utilidad táctica del sharp power como herramienta de política exterior reside, por tanto, en su potencial para transgredir, punzar y contaminar los ecosistemas mediáticos de las sociedades democráticas para así reforzar la legitimidad de las narrativas propias. Justo lo contrario de lo que promueven los enfoques clásicos del soft power —‘poder blando’— defendidos desde el final de la Guerra Fría por Joseph Nye y las doctrinas de diplomacia pública de la Escuela Fletcher. El objetivo del sharp power, a diferencia del soft power, no es influir y atraer culturalmente a un determinado público a través del cine, el arte o la gastronomía, sino sembrar confusión en la opinión pública, perforar la confianza ciudadana en sus instituciones democráticas y, en última instancia, hacer penetrar masivamente mensajes alternativos en el tejido social que se alineen con los objetivos del país ejecutor de dichas tácticas.
A la luz de lo señalado, podría parecer que el sharp power no es un concepto tan novedoso después de todo. Su asimilación con los métodos propagandísticos utilizados desde la Antigua R...

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Diego Mourelle

Vaduz (Liechtenstein), 1995. Graduado en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid con estancia en The University of Manchester (Reino Unido).