En el foco Geopolítica África

África subsahariana en 2020

África subsahariana en 2020

La agenda de África subsahariana en 2020 está marcada por una disyuntiva clara: consolidación o ruptura. Los acuerdos de paz, el aperturismo a la inversión extranjera y los pasos hacia una unión política y económica escenificados por el Tratado de Libre Comercio Africano se ponen a prueba en un año clave para confirmar los buenos pasos dados. Enfrente, la represión a los derechos civiles de millones de africanos y el temor a una recesión en la economía global amenazan al continente.

En 2019 los africanos han conseguido echar del poder a un dictador ególatra en Sudán, ponerse de acuerdo para nombrar una moneda común para África occidental, colocar la primera startup africana a cotizar en la bolsa de Nueva York y conseguir que, por segundo año consecutivo, un africano reciba el Nobel de la Paz. Sin embargo, toda alegría desmesurada acaba decepcionando. En Sudán la salida de Al Bashir no ha supuesto la llegada inmediata de la democracia, sino un Gobierno de transición con militares que tardará tres años en organizar elecciones y que hace poco probable que se entregue al expresidente, acusado de crímenes contra la humanidad, de guerra y genocidio, ante la Corte Penal Internacional. La nueva moneda eco tiene previsto implementarse en 2020, pero todavía sin fecha definitiva. Jumia, conocida como “el Amazon africano”, ha ido cuesta abajo desde que debutara a lo grande en bolsa. Y Abiy Ahmed, el flamante Nobel y primer ministro de Etiopía, ha visto como sus medidas han hecho resurgir la violencia étnica en su país, y el acuerdo con Eritrea, que le hizo merecedor del galardón, ya está en entredicho.

Estos ejemplos son una muestra de lo que se espera en 2020, un año en el que esas buenas noticias podrán asentarse o, en cambio, se diluirán causando retrocesos en la región. 2020 será un año clave tanto para la democracia como para la economía. Si en 2019 hubo una veintena de elecciones en el continente,  en 2020 habrá también elecciones clave en países como Etiopía, Ghana o Burkina Faso. Pero este año también será crucial para asentar los cimientos democráticos que se tambalean en algunos de los países africanos y para asegurar un crecimiento económico lastrado por el mal desempeño de las tres grandes potencias del continente: Nigeria, Sudáfrica y Angola.

Para ampliar: “África subsahariana en 2019”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2018

Amenazas a la democracia y derechos civiles

Los aires antidemocráticos que corren al sur del Sáhara no son nada esperanzadores para los millones de africanos que viven allí. Los últimos líderes en cuestionar las vías democráticas han sido los presidentes de Guinea, Alpha Condé, y de Guinea-Bissau, José Mario Vaz. Condé quiere presentarse a un tercer mandato ilegal, al que se niegan sus ciudadanos. Vaz ha perdido las elecciones tras una crisis política en la que echó al primer ministro, con quien compartía poderes en un sistema semi-presidencialista; el primer ministro expulsado se negó a abandonar su puesto y provocó que durante poco tiempo hubiera dos primeros ministros a la vez. En África central, el ansiado Gobierno de coalición en Sudán del Sur, alcanzado tras un acuerdo de paz, no termina de cerrarse, y cada vez son más los que temen una vuelta a la guerra civil. En Mozambique, la violencia en campaña electoral y los indicios de fraude durante las elecciones del pasado 15  de octubre amenazan con romper un nuevo acuerdo de paz entre el Gobierno y la oposición.

A los problemas políticos se le suman los ataques a los derechos civiles. En Uganda, el Gobierno de Paul Museveni ha reforzado su puño de hierro y ataca ahora a los más débiles. Ha cerrado 12.000 ONG y persigue a la comunidad LGTB con arrestos y leyes que amenazan la pena de muerte. Algo similar pasa en Nigeria, donde decenas de personas han sido arrestadas acusadas de mostrar afección en público a personas del mismo sexo. Los ataques a asociaciones y minorías se suman al ataque frontal a la libertad de prensa, una guerra a los medios que encabeza el presidente nigeriano Muhamadu Buhari y su homólogo tanzano John Magufuli, quien se enfrentará a unas elecciones en octubre. Tanzania es el segundo país que más ha bajado en el ranking anual de libertad de prensa de Reporteros sin Fronteras, con 25 puestos, hasta caer al puesto 118; mientras que Nigeria está incluso peor, ocupando el lugar 120 de 180.

El próximo año se celebran comicios cruciales para el futuro del continente en dos países importantes. Por una parte, el recientemente proclamado Nobel de la paz pone a prueba su visión de futuro de Etiopía en las urnas. Ahmed se enfrenta por primera vez a unas eleciones generales en mayo, aún sin fecha exacta, tras acceder al poder por designación de su partido en abril de 2018 por la renuncia de Hailemariam Desalegn. La reciente ola de violencia étnica en la provincia central de mayoría Oromo amenaza con romper la frágil convivencia pacífica entre etnias. A ello se le suma su lucha con Egipto por la presa del Nilo, fundamental para abastecer de agua a todo el país. Aunque los dos Gobiernos ya están en conversaciones,  Ahmed se juega su reputación como líder pacifista en un conflicto clave, que amenaza con escalar si no se resuelve.

La inestabilidad en la franja del desierto del Sahel ha incrementado y amenaza con expandirse a los países del sur de África occidental.

En el otro extremo del continente, Burkina Faso celebrará elecciones presidenciales en noviembre. Tras la subida al poder en 2015 del actual presidente, Roch Marc Christian Kaboré, el país se ha sumido en el caos de la violencia yihadista. Del resultado que den las urnas dependerá mucho el futuro del país y de la amenaza del terrorismo, que ha atrapado a la región del Sahel y se extiende con rapidez. La postura de confrontación de Kaboré, contrario a negociar con los terroristas, se pondrá a prueba en unas elecciones que los yihadistas pretenden impedir con violencia. Además de Burkina Faso y Etiopía, también se celebrarán elecciones en más de una decena de países, entre los donde destacan Gana, una de las naciones que abanderan la democracia en el continente; Costa de Marfil, donde el exprimerministro Gillaume Soro es favorito; y Togo, donde el clima es tenso después de que el  presidente Faure Gnassingbé se asegurara la candidatura tras eliminar el límite a los mandatos presidenciales, lo que provocó graves protestas a finales de 2019.

Para ampliar: “Burkina Faso: un oasis de seguridad convertido en polvorín del Sahel”, David Soler en El Orden Mundial, 2019

El incierto futuro de la economía africana

La sombra de la recesión se cierne sobre el mundo, y África no será inmune a ella. A pesar de que se prevé que la economía africana siga creciendo, organismos como el Banco Mundial ya rebajan sus previsiones para África, lastrada sobre todo por las tres grandes potencias regionales. Sudáfrica es la peor parada: la Tesorería del país rebajó en octubre la previsión de crecimiento para el 2019 al 0.5% ante la incapacidad del presidente Cyril Ramaphosa de atraer inversiones o reducir el desempleo. Las agencias de ratings ya han amenazado con bajar la calificación de la deuda sudafricana a bono basura si la situación no cambia.. En Nigeria y Angola, el Banco Mundial atribuye los malos resultados a la falta de crecimiento del sector petrolífero y las dificultades para diversificar la economía.

A la falta del motor económico de las tres mayores economías del continente se le suma la incertidumbre política en lugares con elecciones venideras y la falta de seguridad en la franja del Sahel, que amenaza a los países costeros de África occidental. Además, el cambio climático hace cada vez más impredecible la agricultura y provoca desastres naturales de todo tipo, que destrozan vidas y economías en países ya frágiles de por sí: desde sequías a inundaciones, y ciclones como el Idai, que arrasó Mozambique sepultando la segunda ciudad más grande del país, Beira, en marzo de este año. 

Pero sin lugar a dudas, el evento del año será la puesta en marcha efectiva, el 1 de julio de 2020, del Tratado de Libre Comercio Africano (AfCFTA), la mayor área de libre comercio del mundo, firmada por cincuenta y cuatro países africanos —todos excepto Eritrea—. Un acuerdo que busca potenciar el comercio interafricano, que solo representó el 16,6% de las exportaciones totales de países del continente en 2017 comparado con un 68% de Europa y 59% de Asia. Sin embargo, todavía hay ciertas dudas sobre su viabilidad, al no haber recibido todavía la ratificación de todos los países implicados, y debido a las disputas entre países vecinos, que han llevado al cierre de fronteras entre Uganda y Ruanda, Benín y Nigeria o Etiopía y Eritrea. El próximo año será, por lo tanto, una prueba de fuego para ver hasta donde puede llegar la unión económica de los Estados africanos.

Para ampliar: “El AfCFTA, la promesa del libre comercio en África”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2019

China y Rusia aumentan su influencia en África

Durante los últimos tiempos, casi no ha habido semana en la que no saliera un titular sobre la inversión china en el continente africano. Una semana se inauguran unas vías de tren en Kenia financiadas con 1.500 millones de dólares chinos, a la siguiente se le concede a un consorcio chino la explotación de unas minas de hierro en Guinea por valor de 14.000 millones de dólares y a la siguiente inversores chinos financian con 120 millones de dólares una startup nigeriana de tecnología financiera que promueve el uso del dinero en el móvil. Tal es la influencia china en el continente y su amplia cartera de inversiones, que hasta los escritores africanos están recurriendo a la ciencia ficción para explorar las relaciones sino-africanas.

El gigante asiático es desde 2009 el máximo socio comercial del continente africano: desde entonces, los intercambios comerciales han crecido más de un 20% de media cada año y ya sobrepasan los 200.000 millones de dólares anuales, con 10.000 empresas chinas operando en África. A todo ello se le une el interés del Pekín, que anunció este año la creación de un fondo de 1.000 millones de dólares para la construcción de infraestructuras en el continente dentro de su plan de la Nueva Ruta de la Seda, al que ya se han adherido cuarenta de los cincuenta y cinco países africanos.

China lleva desde 2009 siendo el principal socio comercial del continente.

Ante el dominio chino, otros actores internacionales han encendido la maquinaria para incrementar su presencia en África. Rusia es el país que más fuerte está apostando por incrementar su influencia: en octubre, Putin organizó por primera vez la cumbre Rusia-África en la ciudad rusa de Sochi, a la que acudieron cuarenta jefes de Estados y Gobierno africanos y donde se firmaron importantes acuerdos en defensa. A Rusia se le une Francia, un viejo conocido del continente que quiere extender su influencia más allá de África cccidental. Macron visitó en 2019 por tercer año consecutivo países africanos y esta vez incluyó en su agenda un viaje a Yibuti, donde tienen fuerzas militares los francesas, pero también Estados Unidos, China, Japón y dos potencias africanas: Etiopía y Kenia. Al presidente francés le ha gustado la idea de Putin y también organizará una cumbre África-Francia con cincuenta y cuatro líderes africanos en Burdeos en junio de 2020. Por último, también se suma Alemania, que acogió la iniciativa del G-20 Compact with Africa en noviembre de 2019, durante la que Angela Merkel urgió a los empresarios alemanes a invertir en el continente.

Para ampliar: “China en África: del beneficio mutuo a la hegemonía de Pekín”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2019

Futuro incierto: ruptura o consolidación

2020 es un año de incertidumbre para África, tanto en materia democrática como en económica. Un giro autoritario puede propiciar protestas en un continente cada vez más consciente de sus derechos y con movimientos sociales muy activos; esta inestabilidad, a su vez, podría tener un efecto negativo en la inversión y la economía. Desde la perspectiva contraria, si los nubarrones negros que acechan la economía se desatan sobre África y no se consigue diversificar la economía y reducir la inmensa desigualdad, los africanos tomarán las calles pidiendo un cambio de sistema que verdaderamente reporte beneficios a toda la población. 

Por otro lado, las grandes potencias internacionales tienden a mirar cada vez más al continente. El incremento del interés en el exterior reportará beneficios a los países africanos, pero, por el camino, esos acuerdos podrían olvidarse del bienestar de la población local y atar de pies y manos a las economías locales a largo plazo. Tras un 2019 vibrante y turbulento a partes iguales, 2020 será un año de que podría consolidar las tendencias del año anterior, o romper con ellas, para bien o para mal.

Para ampliar: “El proyecto de una unión económica y monetaria en África”, David Soler en El Orden Mundial, 2019