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La Unión Europea siempre ha convivido con incoherencias y contradicciones. No es fácil poner de acuerdo a veintisiete Estados, menos aún en política exterior. La pandemia o la invasión rusa potenciaron la unidad comunitaria para impulsar la vacunación y apoyar a Ucrania, respectivamente. Sin embargo, esa unidad se ha perdido con la guerra entre Israel y Hamás y no se dará a corto plazo porque la división viene de antes.
El pasado 8 de octubre, un día después del ataque terrorista de Hamás a Israel, el comisario de Vecindad, Oliver Varhelyi, aseguró que la UE bloquearía la ayuda humanitaria a Palestina. Pronto fue corregido incluso por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Pero ella misma viajó después a Israel sin tener competencias en política exterior. Más vehemente fue el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, que valoró el derecho de Israel a defenderse, pero respetando el derecho internacional y sin atacar a civiles en Gaza. Además, los Estados miembros se dividieron al votar en Naciones Unidas la resolución por un alto el fuego, una desunión europea que a su vez le resta poder estratégico.
Socio de Israel, principal soporte de Palestina
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