La Unión Europea siempre ha convivido con incoherencias y contradicciones. No es fácil poner de acuerdo a veintisiete Estados, menos aún en política exterior. La pandemia o la invasión rusa potenciaron la unidad comunitaria para impulsar la vacunación y apoyar a Ucrania, respectivamente. Sin embargo, esa unidad se ha perdido con la guerra entre Israel y Hamás y no se dará a corto plazo porque la división viene de antes.
El pasado 8 de octubre, un día después del ataque terrorista de Hamás a Israel, el comisario de Vecindad, Oliver Varhelyi, aseguró que la UE bloquearía la ayuda humanitaria a Palestina. Pronto fue corregido incluso por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Pero ella misma viajó después a Israel sin tener competencias en política exterior. Más vehemente fue el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, que valoró el derecho de Israel a defenderse, pero respetando el derecho internacional y sin atacar a civiles en Gaza. Además, los Estados miembros se dividieron al votar en Naciones Unidas la resolución por un alto el fuego, una desunión europea que a su vez le resta poder estratégico.
Socio de Israel, principal soporte de Palestina
La UE se ha metido entre la espada y la pared respecto a Israel y Palestina. El bloque es el mayor socio comercial de Israel, con el que firmó un acuerdo de libre comercio en el 2000. En 2022 recibió un 28,8% de su comercio de bienes y el 25,6% de sus exportaciones, y fue el origen del 31,9% de las importaciones israelíes. Por otro lado, la Política Europea de Vecindad aporta ayuda política y financiera a Israel. Con un importe medio de 1,8 millones de euros al año, los fondos se destinan sobre todo a proyectos de educación, telecomunicaciones y gestión del agua. Además, Israel se beneficia de otros programas, como Erasmus.
Al mismo tiempo, la UE es el mayor donante externo de Palestina. El respaldo llega a través del Neighbourhood, Development and International Cooperation Instrument (NDICI, por su...