Las próximas elecciones legislativas y municipales del 28 de febrero, celebradas en plena pandemia y entre gran polarización, pueden definir el futuro democrático de El Salvador. Según las encuestas, el partido Nuevas Ideas, del presidente Nayib Bukele, y su aliado Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) suman una intención de voto del 72,2%, que les podría otorgar una mayoría cualificada en la Asamblea Legislativa, la única cámara del legislativo salvadoreño, con 84 diputados. Esta consolidaría el “bukelismo” y la derrota de los partidos tradicionales: la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), de derecha, y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), de izquierda.
Por si fuera poco, la próxima Asamblea elegirá al nuevo fiscal general de la República y a cinco magistrados de la Corte Suprema de Justicia, un órgano clave para mantener el orden democrático y que ya ha frenado al presidente en varias ocasiones. Los salvadoreños también elegirán a los 262 alcaldes del país y a los diputados del Parlamento Centroamericano, que vela por la integración de los países de la región. Con una oposición débil y la gran popularidad de Bukele, el escenario es propicio para que el mandatario consolide su poder y gobierne sin contrapesos.
Los desencuentros de Bukele con la democracia
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