Durante la pandemia el mundo se quedó sin chips. El exceso de demanda de productos electrónicos y las tensiones geopolíticas dispararon los tiempos de espera de los también llamados semiconductores, dañando un sistema económico donde los consumidores no podían comprar lo que querían ni las empresas vender sus productos.
Europa, que compra en Taiwán o Corea del Sur los chips que necesita, quiso poner remedio a esa dependencia. En septiembre de 2021, la Comisión Europea anunció una Ley de Chips para impulsar la producción local. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania amenaza con truncar el proyecto, ya que el país produce el 65% de un componente esencial para fabricar chips, que con la guerra ni se puede sintetizar ni sacar de allí.
Europa vuelve a intentarlo con los chips
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