Sergio Moro, el héroe corrupto del Lava Jato

Brasil vive una de sus crisis políticas y judiciales más serias de los últimos años. Las conversaciones publicadas por The Intercept entre el exjuez Sergio Moro y los fiscales del caso Lava Jato —que llevó a la cárcel al expresidente Lula Da Silva— revelan que el actual ministro de Justicia utilizó su posición para manipular el juicio contra Lula. A la espera de que se publique más información, Brasil espera a ver hasta dónde llega el escándalo, pero el daño contra la legitimidad del sistema judicial ya está hecho.
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Sergio Moro, el héroe corrupto del Lava Jato
Manifestación en apoyo a la operación Lava Jato en 2016. Fuente: Marcello Casal Jr/Agência Brasil (Wikimedia)

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La revista Time nombró al actual ministro de Justicia brasileño, Sergio Moro, una de las 100 personas más influyentes de 2016. Hablaban del por entonces juez como un justiciero que luchaba contra la corrupción; una persona con agallas, dispuesto a hacer frente a la opinión pública y a caminar al borde de la ley para limpiar las instituciones y erradicar la corrupción de Brasil. Lo que probablemente desconocían los editores de la famosa revista es que Sergio Moro no estaba arrancando las malas hierbas de la política brasileña, sino que estaba eligiendo qué hierbas arrancaba y cuáles regaba, en un contexto en el que la lucha contra la corrupción de los últimos años ha dado al poder judicial cada vez más peso en la política brasileña. Recordando a la idea de héroe que Alan Moore mostraba en su famosa novela gráfica Watchmen, Sergio Moro ha terminado por representar las contradicciones que surgen entre el individuo, sus intereses y su posición como un administrador de justicia, como se ha revelado en las últimas semanas.

Una exclusiva de The Intercept hizo saltar por los aires la credibilidad del sistema judicial brasileño el pasado 9 de junio. Según la información publicada, Moro colaboró con los fiscales del caso Lava Jato para construir una acusación contra Lula, a pesar de las constantes dudas sobre la veracidad y la procedencia de las pruebas. Unas revelaciones que han hecho público un secreto a voces en Brasil: que hubo un esfuerzo reiterado por inculpar al expresidente Lula Da Silva en el marco de este caso de corrupción para impedir su candidatura en las elecciones presidenciales de octubre de 2018.

La información publicada no solo ha puesto en entredicho la neutralidad de Sergio Moro —que fue nombrado ministro de Justicia por Bolsonaro cuando este llegó al poder—, sino que también supone un golpe tremendo para la investigación anticorrupción más importante de Brasil, el caso Lava Jato. Lo que empezó como una investigación sobre una red de blanqueo de dinero en un lavadero de coches (lava jato significa “lavado a presión” en portugués) terminó convirtiéndose en el mayor escándalo de corrupción del país —algunos incluso llegaron a decir que del mundo—. La investigación reveló que existía una red de sobornos y corrupción entre partidos políticos, empresas y demás perfiles relevantes a todos los niveles de la vida política y económica de Brasil, entre los que fue incluido el expresidente Lula. El escándalo llegó incluso a ramificarse a distintos países de América Latina en lo que se ha llamado el caso Odebrecht, que todavía se sigue investigando y ha provocado ya la caída de varios dirigentes latinoamericanos.

La corrupción sigue siendo percibida como uno de los grandes problemas en América Latina. Escándalos como el de Lava Jato acentúan la desconfianza en las instituciones y los políticos.

El caso Lava Jato supuso un shock para la política brasileña y un atisbo de esperanza para una sociedad cansada de la corrupción endémica. Pero ahora, la información publicada por la revista estadounidense hasta el momento —porque, según dicen los periodistas, todavía queda mucho por desvelar revela que el ruido de Lava Jato y la demanda social a favor de la rendición de cuentas fueron aprovechadas por Sergio Moro para frenar el empuje político de Lula. El caso de corrupción más importante en la historia del país se convirtió en un pretexto para carcomer aún más las instituciones y corromper el sistema. En el seno del sistema judicial brasileño la corrupción política estaba campando a sus anchas.

De acuerdo con la información de The Intercept, las comunicaciones entre el actual ministro de Justicia y los fiscales fueron constantes y prolongadas en el tiempo. El magistrado mantuvo conversaciones con los fiscales y abogados de la acusación en las que se organizaban las pruebas y los pasos que se iban a dar, demostrando que existía la intención clara de dirigir el caso contra Lula Da Silva y su Partido de los Trabajadores (PT). En las conversaciones se discute el impacto favorable que una entrevista a Lula —ya por entonces encarcelado— podría haber tenido para la campaña electoral del PT, y los implicados se organizan para impedir que esa entrevista se celebre. Sergio Moro llegó a aconsejar a los fiscales sobre la forma en la que debían presentar la acusación para darle mayor credibilidad y que esta pudiera prosperar. La independencia del sistema judicial se rompió completamente en este juicio, y ahora se abre el debate sobre qué legitimidad le queda a la investigación sobre el caso Lava Jato, e incluso hasta qué punto el propio sistema judicial brasileño sigue gozando de credibilidad.

Para ampliar: “El Partido de los Trabajadores de Brasil y el lulismo» Álvaro Conde en El Orden Mundial, 2018.

La filtración de las conversaciones llega en un momento especialmente delicado para el país y para el protagonista de esta telenovela, Sergio Moro. Si ya había dudas sobre la imparcialidad de su trabajo cuando fue nombrado ministro por el recién elegido Bolsonaro, la revelación de estas conversaciones ha sembrado aún más discrepancias dentro y fuera del panorama político. Moro cuenta hoy con una posición de poder dentro del Gobierno y está llevando a cabo reformas y propuestas legislativas bastante duras contra la corrupción y la violencia. Si en los últimos meses Moro se había encontrado con una dura oposición dentro del Congreso a la hora de pasar sus reformas, es de prever que las informaciones publicadas vayan a provocar un choque aún más grande entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Además, no se debe pasar por alto que ninguno de los jueces y fiscales que aparecen en las conversaciones publicadas hasta el momento ha negado que estas fueran ciertas. El propio Moro ha señalado la ilegitimidad de la forma en la que se consiguieron estas conversaciones, pero no ha dicho que fueran falsas. Lo más revelador de esto no es el hecho de que se esté reconociendo la veracidad de las conversaciones implícitamente, sino el halo de impunidad que rodea a toda esta trama: el ministro de Justicia no niega que haya violado la independencia judicial y que no siente remordimiento alguno

Por supuesto, las reacciones desde las filas del PT y de la defensa del expresidente Lula no se han hecho esperar. Esta misma semana se ha presentado ante el Tribunal Supremo una apelación y una solicitud de puesta en libertad para el exmandatario. La primera de ellas — sobre la decisión de negar un recurso en el pasado al expresidente— ha sido rechazada por un escaso margen de votos, y la decisión sobre la segunda —que versa sobre la imparcialidad de Sergio Moro y su motivación política en el caso Lava Jato— ha sido pospuesta hasta agosto. El aplazamiento va a permitir ganar tiempo para digerir las más que probables nuevas revelaciones que la revista estadounidense va a llevar a cabo en las próximas semanas. 

El Lavaleakscomo algunos lo han llamado—  tiene serias implicaciones sociopolíticas. No solo por el hecho de que el héroe de la lucha contra la corrupción se haya caído de su pedestal, sino que el propio futuro político de Bolsonaro está bajo amenaza. Es probable que si continúa la filtración de pruebas en su contra, Moro acabe dimitiendo. Pero además de perder a uno de sus ministros más populares, Bolsonaro se tendría que enfrentar al empuje político de un Lula excarcelado. El expresidente sigue contando con mucho apoyo popular, e incluso cuando entró en prisión, el candidato del PT seguía siendo favorito en intención de voto para las elecciones de 2018. La salida de Lula de prisión sería un empuje para una izquierda brasileña y para las fuerzas que se oponen al actual Gobierno. 

Al otro lado de la escena política, Bolsonaro es el presidente con peor valoración en el primer trimestre de mandato de la historia reciente de Brasil, y la división interna dentro de su propio partido no le ayuda: los recortes sociales que está planteando el presidente —que han provocado las manifestaciones más numerosas de los últimos años— y sus salidas de tono no gustan en su círculo cercano. A esto hay que añadir la presión de una economía en crisis y el escándalo que puede suponer la información sobre Moro y el Lava Jato. Todo este cóctel dificulta la continuidad de Bolsonaro al frente del Ejecutivo, y de seguir las cosas así, ya hay voces que apuntan a una posible dimisión del presidente o incluso —aunque ese extremo sea poco probable—, a que podría llegar a lanzarse un impeachment contra él en el Congreso

Para ampliar: «Brasil: no solo duelen los golpes» Inés Lucía en El Orden Mundial, 2018.

Por otro lado, el sistema judicial se ha visto duramente desprestigiado. En los últimos años, la judicialización de la política ha hecho que muchos jueces se tomen partido, dejando en entredicho la independencia del poder judicial y rompiendo su código deontológico. La información que ha revelado The Intercept se suma a este problema anterior acrecentando la desconfianza entre las ramas del Estado: en adelante, el Legislativo o el Ejecutivo podrían no ver con buenos ojos las medidas que un juez quiera implementar. ¿Quién garantizará entonces que ese nuevo juez no es otro Sergio Moro que pretende instrumentalizar la justicia en su beneficio político?

Aunque la víctima más inmediata de las filtraciones es el propio caso Lava Jato. Si el Tribunal Supremo decide finalmente anular la sentencia contra Lula, otros acusados en el marco del caso no dudarán en apelar y argumentar que el caso está manipulado también en lo que a ellos respecta, con lo que el esfuerzo de Moro y su camarilla por inculpar a Lula podría poner en riesgo toda la investigación de estos años, dejando en libertad a personas que son realmente culpables. El problema, por tanto, es que el propio sistema corrupto se ha servido en su favor de la investigación judicial sobre el mayor escándalo de la historia del país para carcomer más las instituciones. El héroe anticorrupción Sergio Moro, el capitán Brasil, ha terminado por ser un villano. Por el momento, Brasil tendrá que asumir que los superhéroes son para los cómics, y que los vigilantes no dejan de ser personas, con sus intereses, sus aciertos y sus culpas. Sergio Moro y su círculo cercano se sirvieron del sistema de justicia en su beneficio propio, y ahora falta comprobar si finalmente las nuevas informaciones que se publiquen terminan de inclinar la balanza a favor de Brasil y no de su élite corrupta.

Eduardo Saldaña

Madrid, 1994. Codirector de El Orden Mundial (una aventura de la que estamos orgullosos). Graduado en Relaciones Internacionales (URJC) y máster en Estudios Africanos (UAM).