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En la ciudad rusa de Kostromá, un fuego provocado por una pelea dejó quince muertos en un bar en noviembre de 2022. Stanislav Ionkin, un soldado herido en Ucrania y diagnosticado con neurosis de guerra severa, disparó una bengala que provocó el incendio. La guerra está afectando la salud mental de los combatientes rusos, con duras batallas como la de Bajmut. Moscú apenas divulga información sobre sus bajas, que se estiman entre 60.000 y 70.000, y hasta 200.000 o 250.000 sumando heridos y desaparecidos.
En cualquier caso, la proporción de heridos por soldados muertos en la guerra sería de cuatro por cada uno. El Kremlin planeó la invasión esperando poca resistencia en Ucrania, así que Rusia no está preparada para el regreso de miles de combatientes con problemas físicos o mentales, como el trastorno de estrés postraumático (TEPT). La falta de recursos y organización para tratarlos dejará a muchos con secuelas y abandonados a su suerte, agravando la pobreza, el desempleo y la delincuencia en sus comunidades. Más aún con el futuro del grupo de mercenarios Wagner en el aire tras su breve alzamiento contra el Kremlin.
Heridas invisibles
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