Escucha este artículo
Rusia se ha convertido en el país más sancionado del mundo por su invasión de Ucrania en febrero de 2022. La respuesta rápida y coordinada de Estados Unidos y la Unión Europea superó todas las expectativas. Miles de sanciones individuales, sectoriales, financieras, embargos… El objetivo era y sigue siendo aumentar el coste de la ofensiva rusa contra Ucrania para disuadir al presidente Vladímir Putin de continuar las hostilidades.
Sin embargo, dos años después, el régimen ruso parece más fuerte. Acaba de tomar la ciudad ucraniana de Avdivka, el primer cambio importante en el frente en muchos meses. El principal opositor ruso, Alexéi Navalni, ha muerto en la cárcel, probablemente asesinado. El impacto de las sanciones internacionales ha sido limitado. El PIB ruso apenas cayó un 2,1% en 2022 y un 2,5% en 2023, según la OCDE. Los rusos pueden seguir consiguiendo marcas de referencia con facilidad. Los iPhone, la ropa de Zara o el whisky Johnny Walker siguen llegando a pesar de su salida oficial del mercado, a menudo sin el consentimiento de las compañías. Todo gracias a un entramado del Estado ruso, empresas locales y extranjeras y países intermediarios.
Rusia ha legalizado el contrabando
Una consecuencia inmediata de la imposición de nuevas sanciones en 2022 fue la aparente salida masiva de empresas occidentales de Rusia. Sin embargo, un estudio publicado en enero de 2023 mostró que apenas un 8,5% de las empresas de la Unión Europea y de países del G7 con presencia en Rusia antes de la guerra habían dejado el país. Dicho de otra manera, si bien gigantes como Apple, Amazon o Inditex han salido del mercado ruso, nueve de cada diez empresas occidentales seguían allí tras un año de conflicto.
Esto se explica en parte por el aluvión de propuestas de ley, nuevas regulaciones y restricciones en Rusia que han afectado a los activos de “países no amistosos”. El Kremlin primero prohibió la venta de participación extranjera sin autorización previa en sectores estratégicos, como el energético y el bancario. Sin embargo, las restricciones se expandieron hasta el punto de volver la venta de participaciones en empresas rusas un quebradero de cabeza para individuos y grupos de países “no amistosos”. Según la última actualización de la Comisión Gubernamental para el Control de las Inversiones Extranjeras, los activos han de venderse con un 50% de descuento, y un 15% se destinará “voluntariamente” al Estado ruso.
No obstante, la medida estrella de Moscú para mitigar las sanciones ha sido las “importaciones paralelas”. Su aprobación en marzo de 2022 supuso que una lista de productos publicada por el Kremlin pudieran introducirse en Rusia sin consentimiento de la marca. Dicho de otro modo, es una legalización del contrabando que ha permitido importar muchos productos, como los iPhone. Pese a haber detenido sus ventas, Apple siguió dominando el mercado ruso, con un 34% en la primera mitad de 2023. A finales de 2022 ya habían entrado en Rusia productos por más de 20.000 millones de dólares gracias a este mecanismo. Su éxito ha llegado al punto de que países intermediarios como Kazajistán, Georgia o Armenia han acusado falta de infraestructura de almacenamiento.
Importar a través de países aliados
Las empresas logísticas y de transporte juegan un papel fundamental en los diferentes esquemas diseñados para introducir productos sancionados en Rusia. Estos esquemas son conocidos como “reexportaciones indirectas”. En general, consisten en recurrir a terceros países que hacen de intermediarios entre las empresas occidentales y el comprador final en Rusia. Pero la realidad es más compleja.
Normalmente, los productos europeos que no pueden ser exportados a Rusia por las sanciones se venden primero a un tercer país no sancionado. Aunque se ha prestado mucha atención a países miembros de la Unión Económica Euroasiática, debido a la unión de aduanas que Rusia mantiene con ellos, países como Emiratos Árabes Unidos (por su volumen), Hong Kong (por el peso de los semiconductores) o Turquía son más relevantes en estos esquemas. Una vez la venta se registra a uno de estos países, el producto se dirige a menudo a Rusia. Cuando el camión se acerca a la frontera, en una oficina de aduanas se registra un nuevo contrato de compraventa con el intermediario como vendedor y la empresa rusa como comprador.
Pero hay más formas. Si el nuevo contrato se registra sin siquiera detenerse en la aduana, a esta forma de exportación indirecta se le llama “reventa en el camino”. En otras ocasiones, el producto entra en Rusia en su tránsito hacia el comprador oficial, por ejemplo, en Asia. Sin embargo, nunca llega a su destino oficial, sino que se registra un nuevo contrato de compraventa en Rusia y el producto sancionado se queda en el país. Esto se conoce como “tránsito falso”.
Un caso muy claro es el de Finlandia, que comparte una frontera de 1.340 kilómetros con Rusia. Esto le facilita y abarata comerciar con países en Asia Central transportando sus productos a través de territorio ruso. De acuerdo con el Departamento de Aduanas finlandés, las exportaciones del país a Kazajistán, Uzbekistán y Kirguistán aumentaron en un 164%, 135% y 434% respectivamente en 2022. El aumento de la demanda se debe principalmente a la redirección. Algo parecido ocurre con Alemania y Kirguistán.
Aproximadamente la mitad de las exportaciones finlandesas son de productos sancionados y, según sus autoridades, el Departamento de Aduanas ha abierto cientos de investigaciones porque a menudo los productos se pierden en su tránsito por Rusia. El valor de la mercancía incautada ascendió a decenas de millones de euros. Esto demuestra la dificultad de implementar sanciones incluso para un país como Finlandia, alineado con Estados Unidos, parte de la Unión Europea y el miembro más reciente de la OTAN.
La cadena continuará
Las importaciones paralelas son una cadena con varios eslabones. Primero, requieren su aceptación en Rusia; segundo, dependen del transporte, como los esquemas de reexportaciones indirectas; tercero, se apoyan en la connivencia de países intermediarios. El último eslabón de esta cadena lo conforman las empresas occidentales, que desconocen el destinatario último del producto o prefieren mirar a otro lado.
La lucha contra la evasión de sanciones ya tuvo un papel crucial en el undécimo paquete aprobado en Bruselas el pasado junio, incluido un mecanismo antievasión como último resorte. Las autoridades comunitarias también saben que es crucial colaborar con los países intermediarios, pero aún son contados los ejemplos de sanciones secundarias. Es decir, de sanciones a empresas o individuos en terceros países por comerciar con sujetos sancionados por la Unión Europea o Estados Unidos.
Si bien su eficacia no se cuestiona, esta medida provocaría tensiones diplomáticas con sus países de origen y el número de empresas susceptibles de recibir sanciones secundarias sería demasiado grande. En este contexto, probablemente habrá un cambio de regulación lento que seguirá permitiendo adaptar los esquemas grises de evasión, principalmente de productos de consumo. Es decir, los nuevos iPhone seguirán siendo un poco más caros en Rusia, pero no desaparecerán del mercado en el corto plazo.







