El rugby en Sudáfrica: del apartheid a símbolo contra la desigualdad racial

El rugby simbolizó la supremacía blanca y el ‘apartheid’ sudafricano contra la población negra. Aún así, Mandela reconcilió al país en torno a la selección que ganó en casa el Mundial de 1995. Casi treinta años después, el equipo sigue siendo de mayoría blanca, pero también un icono de unión nacional.
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El rugby en Sudáfrica: del apartheid a símbolo contra la desigualdad racial
Partido del Tres Naciones entre Sudáfrica y Nueva Zelanda. Fuente: Wikimedia.

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Siya Kolisi lo tenía todo preparado el 11 de noviembre de 2019: sacó pecho, puso sus manos en las caderas y se ubicó junto al trofeo del Mundial de rugby. El capitán de Sudáfrica irradiaba confianza. “Rezo antes de cada lanzamiento de moneda, pero sabía exactamente lo que iba a hacer”, contó un año después. Enfrente estaba Owen Farrel, capitán de Inglaterra, cuna del rugby. El inglés ganó el sorteo, pero titubeó al elegir lanzamiento o campo. “Owen no sabía qué elegir, ni si eran locales o visitantes; nosotros sí”, dijo Kolisi.

Sudáfrica arrasó por 32-12 y ganó su tercer Mundial, igualando el récord de Nueva Zelanda. Kolisi, primer capitán sudafricano negro, levantó el trofeo. Cuando nació en 1991, hijo de padres adolescentes, la población negra no podía jugar en el equipo nacional, reservado para blancos. Kolisi fue criado por su abuela, cuya muerte rompió su infancia hasta que en 2002 se unió al club de rugby local. El pasado 28 de octubre, en Francia, Sudáfrica revalidó su título contra Nueva Zelanda. Aunque hay sudafricanos que aún ven en el rugby la supremacía blanca del apartheid, Kolisi ha vuelto a hacer historia.

Unión de blancos, exclusión de negros

El primer partido de rugby en Sudáfrica se jugó en Ciudad del Cabo en 1862. Civiles contra militares, organizados por el reverendo británico George Ogilvie. Todos eran blancos, algunos británicos y otros afrikáners, los descendientes de europeos asentados desde el siglo XVIII. Trece años más tarde se creó el primer equipo profesional, el Hamilton Club, y en 1889 la federación. Las guerras entre afrikáners y británicos por el control del territorio entre 1880 y 1902 amenazaron el desarrollo del rugby, pero tras la victoria británica sirvió para unir a los blancos en el territorio. Cinco años después de la guerra, británicos y afrikáners jugaban juntos en el recién estrenado equipo nacional en un tour por el Reino Unido.

La población negra y mixta sudafricana también había empezado a jugar al rugby a finales del siglo XIX. Ante la exclusión por parte de los blancos, varios equipos crearon su propia federación en 1897. Sus partidos sirvieron para juntar tribus y comunidades de religiones y contextos distintos en las gradas, uniendo a los sudafricanos negros y mixtos. Sin embargo, no se mezclaban con los bancos ni en el campo ni en las instituciones. Ambas federaciones existirían hasta 1992.

El rugby en tiempos de apartheid

Tras la independencia en 1910, los afrikáners comenzaron a usar el rugby como símbolo de su gobierno. Habían nombrado a la selección como los Springboks, el antílope del oeste de Sudáfrica que convirtieron en emblema nacional. También empezaron a usar la casaca verde y dorada, que junto con el emblema siguen representando al equipo. Sin embargo, el rugby se convirtió en símbolo de la supremacía blanca con la victoria electoral del Partido Nacional en 1948 y sus políticas de apartheid, que relegaron a los negros.

Mientras Sudáfrica reservaba el rugby oficial para los blancos, en otras excolonias británicas como Nueva Zelanda había unido a blancos e indígenas. Eso provocó rencillas. En 1965, el Gobierno sudafricano prohibió a los maoríes neozelandeses jugar en su territorio. Dos años más tarde, los All Blacks de Nueva Zelanda se negaron a jugar en casa de los Springboks. Estaba empezando el boicot deportivo a la Sudáfrica del apartheid. El Comité Olímpico Internacional le prohibió participar en los Juegos entre 1964 y 1988, y la Federación Internacional de Rugby (FIR) hizo lo propio con los primeros Mundiales, en 1987 y 1991.

Aun así, el peso deportivo permitió al Gobierno del apartheid esquivar el boicot en múltiples ocasiones. El Ejecutivo sudafricano evitó decidir si sus deportistas podían jugar con otros combinados y nombró a extranjeros como los maoríes el título de “blancos honorarios” para que pudieran jugar en su país. Nueva Zelanda jugó en Sudáfrica en 1970, y los Springboks visitaron a los All Blacks en 1971, generando protestas de los neozelandeses. El rechazo no era sólo contra Sudáfrica, sino contra quien los enfrentara.

Mandela perdona y une a Sudáfrica

Ante el aislacionismo y la inestabilidad interna, el presidente sudafricano Frederik de Klerk proclamó el fin del apartheid en 1990. Liberó al líder Nelson Mandela y a otros activistas negros y dio comienzo a las negociaciones para unas elecciones democráticas. Mientras tanto, la selección sudafricana de rugby seguía siendo una potencia a pesar del boicot internacional. La FIR readmitió al país en las competiciones internacionales en 1992 y le otorgó la organización del tercer Mundial en 1995.

Para entonces, Mandela llevaba un año como primer presidente negro de Sudáfrica. Con el fin del apartheid, la época dorada del rugby podía acabar sin el apoyo estatal a un deporte de blancos. Sin embargo, Mandela decidió hacer de los Springboks un símbolo nacional, esta vez de afrikáners y de la población negra. Con el eslógan “un equipo, una nación”, usó el poder blando del rugby y el Mundial de 1995 para unir a un país con profundas heridas tras más de cuatro décadas de segregación racial.

Sudáfrica aprovechó su localía y venció en la final a Nueva Zelanda. El equipo lo formaban sólo afrikáners, pero Mandela le entregó la copa al capitán, François Pienaar. Al levantar el trofeo confirmaron un antes y un después: “Cuando sonó el silbato, Sudáfrica cambió para siempre”, contó Pienaar en 2013. “Siento un enorme respeto por lo que [Mandela] tuvo que pasar en el Congreso Nacional Africano, porque el springbok era un símbolo del apartheid. La mayoría de los sudafricanos nunca apoyaron a los Springboks, así que pedirles que los apoyaran por primera vez era una petición enorme”. La historia se plasmó en el libro El factor humano, de John Carlin, y en la película Invictus, con Morgan Freeman y Matt Damon.

Un símbolo blanco, pero de unión nacional

Pese a los esfuerzos de unión, los Springboks han mantenido una gran mayoría de jugadores blancos. El equipo ganó su segundo Mundial en 2007 con cuatro jugadores que no eran afrikáners, y en 2015 un grupo de aficionados le pidió a un juez que impidiera su participación al tener sólo nueve jugadores negros de 31. Un informe periodístico publicó en 2019 que el 44% de los jugadores que habían llegado a la selección nacional sudafricana desde 1996 venían de veinticinco colegios de élite, y que 119 de 131 eran blancos.

Hoy en día el 82% de la población sudafricana es negra y un 8% blanca, pero en el Mundial de 2023 aún hay mayoría de jugadores afrikáners. Sin embargo, el rugby ha penetrado de la élite blanca al resto de la sociedad. Incluso hasta los asentamientos más pobres, de donde salió Siya Kolisi, el primer capitán negro de la selección. Aun así, a los sudafricanos les importa cada vez menos el color de la piel de sus jugadores: según una encuesta de 2016, el 70% de los ciudadanos prefieren que vayan por méritos deportivos. 

Sudáfrica reeditó el pasado sábado 28 de octubre la final contra Nueva Zelanda que había unido al país en 1995. Ganó 12-11 en la segunda final más disputada en la historia del torneo. Preguntado antes del encuentro por la unión entre el país y los Springboks, Kolisi lo tuvo claro de nuevo: “Sabemos lo que el equipo ha significado en el pasado, no sólo en el deporte sino para nuestro país en general, y lo usamos para inspirarnos y seguir adelante… Usamos ese dolor y lucha y los ponemos en nuestros hombros y los llevamos con nosotros para guiarnos a través del campo”.

David Soler

Valencia, 1995. Periodista e investigador. Fundador del medio África Mundi. Graduado en Periodismo por la Universidad de Navarra. Escribo sobre África subsahariana, con un interés en política, democracia y conflicto, sobre todo en el este y sur del continente.