Escucha este artículo
“El pájaro ha sido liberado”, tuiteó Elon Musk después de comprar Twitter por 44.000 millones de dólares en octubre. Apenas un mes después, sus decisiones han puesto a la red social en peligro de extinción. Lo que comenzó con el polémico sistema de las verificaciones de pago, por el cual los usuarios podrían comprar el tic azul por solo ocho dólares, ha derivado en la huida de anunciantes y el despido y la renuncia de miles de empleados. Con la compañía endeudada, menos ingresos y sin trabajadores que mantengan los servidores y corrijan fallos, este puede ser el fin de uno de los foros más importantes del mundo.
Al ser un producto de internet, Twitter reúne todo lo bueno y lo malo de la comunicación humana. La plataforma es conocida por ser un medio para propagar odio y desinformación, efectos negativos que no desaparecerán. Sin embargo, la red social también ha generado comunidades y revolucionado el periodismo y la política, que ahora no se entienden sin ella. La desaparición de la “plaza pública del pueblo” de internet, como la denomina Musk, supondría un gran retroceso en la comunicación global.
El valor de la inmediatez
Nacida en 2006, Twitter fue una protagonista del boom de las redes sociales al eliminar intermediarios, esperas y fronteras en el acceso a la información. Sus casi 450 millones de usuarios activos siguen la actualidad minuto a minuto y la construyen con sus experiencias. Esto ha permitido seguirla de primera mano, con testimonios difíciles de obtener de otra forma. También ha dado voz a personas tradicionalmente ignoradas o caricaturizadas por los medios. Alexa, por ejemplo, fue una mujer transgénero y sin hogar puertorriqueña descrita como “hombre con falda que espiaba un baño de mujeres”. Gracias a Twitter, activistas LGTB pudieron contradecir esta versión y denunciar su asesinato en 2020 como delito de odio.
Con Twitter, el periodismo perdió el monopolio de las noticias, pero ganó una herramienta revolucionaria. Además de historias y puntos de vista, facilita encontrar expertos, fuentes y documentos clave. Artículos que antes podían llevar semanas, hoy llegan al público en minutos. Desde que cualquiera puede hacer de reportero, se ha vuelto la mejor plataforma para seguir la última hora. Por ejemplo, en el asalto al Capitolio estadounidense en 2021 resultó clave para seguir a los asaltantes e identificarlos. Asimismo, el feedback instantáneo de los lectores sobre una noticia previene el plagio o argumentos poco fundamentados.
Más allá del periodismo, Twitter también ha permitido que investigadores compartan y discutan sus hallazgos de forma ágil, acelerando la obtención de resultados y abriendo nuevas vías de análisis. Durante la pandemia de la covid-19, y a pesar del caos de desinformación sobre el virus, la red social permitió a los científicos acceder a los primeros datos sobre la enfermedad y retroalimentar sus resultados. Una información fundamental para el desarrollo de las vacunas.
Twitter gesta revoluciones
Twitter también ha cambiado la comunicación política a todos los niveles. Por un lado, los líderes e instituciones globales se han acercado a sus ciudadanos al expresarse de forma directa, sin intermediarios. Ahora son más tangibles, fáciles de alabar y criticar. La influencia que han ganado la prueban sus casos más extremos: Donald Trump y Nayib Bukele. Su capacidad de incitar a la violencia llevó a Twitter a suspender la cuenta de Trump en 2021, después del asalto al Capitolio. Casi dos años después, Musk la ha restaurado. Bukele sigue activo, dando órdenes a golpe de tuit a los ministros y militares salvadoreños.
Por otro lado, Twitter alberga un gran poder de movilización social. Ya en 2009 sirvió para dar a conocer al mundo el Movimiento Verde iraní, la oleada de protestas tras la victoria electoral de Mahmud Ahmadineyad, a raíz de sospechas fundadas de fraude. Poco después, en las revueltas árabes de 2011, tunecinos, libios y egipcios usaron Twitter y otras redes para coordinar las manifestaciones. Su impacto causó tanto interés que hubo quienes las denominaron como las “revoluciones de Twitter”. Aunque su papel no fue central, sí demostró su potencial movilizador. De ahí que estos y otros países como China, Corea del Norte o Turkmenistán hayan bloqueado su uso o censurado y perseguido a usuarios críticos.
El impacto político de Twitter ha sido más claro en países democráticos, como plataforma de coordinación para movimientos y activistas. Desde su creación ha acogido los principales debates sobre feminismo, antirracismo y derechos sociales y laborales, cuyas causas se han beneficiado de sus 280 caracteres. La más significativa es el #MeToo, un lema hecho hashtag con el que miles de mujeres, muchas de ellas famosas, compartían sus experiencias de violencia machista. También otros como el antirracista #BlackLivesMatter, que denunciaba la discriminación y violencia contra la población negra estadounidense.
Alternativas para un mundo sin Twitter
Twitter no es la red social que reúne más usuarios. Facebook, YouTube y Whatsapp ocupan el podio, con más de 2.000 millones de usuarios activos. Les siguen Instagram y TikTok, una de las redes con mayor crecimiento de los últimos años. Todas cumplen funciones de Twitter como la proyección política o la capacidad organizativa. Solo hay que ver los millones de seguidores del presidente indio Narendra Modi, el brasileño Jair Bolsonaro o la familia real británica en Instagram. O los boicots a los mítines de Donald Trump organizados por fans del k-pop desde TikTok en 2020.
Sin embargo, ninguna de estas redes puede replicar el formato y alcance discursivo de Twitter. Al priorizar las frases cortas frente a la imagen, el vídeo o el texto largo, Twitter propaga ideas y debates. A raíz de su posible cierre, muchos tuiteros han empezado a buscar alternativas similares. Uno de los mayores beneficiados ha sido Mastodon, que en las últimas semanas ha sumado a 70.000 usuarios. Esta red de código abierto también funciona a base de posts cortos, de quinientos caracteres, pero lo hace en servidores descentralizados e independientes, cada uno con sus propias reglas y temáticas.
Otras redes de foros y mensajería, como Reddit y Telegram, también se articulan en torno a comunidades más o menos cerradas con intereses específicos. Esto, no obstante, dificulta pasar de un tema a otro y que estos se mezclen, así como la capacidad de conocer a expertos en distintas áreas, amplificando las cámaras de eco. Tienen ventajas, pero no suplen por completo las que ofrece Twitter. Si el pájaro muere, internet será un lugar un poco menos ruidoso, pero también menos crítico.





