2020 es el vigésimo aniversario del nombramiento de Vladímir Putin como presidente de la Federación Rusa. También es el año en el que se cumplen 75 desde la victoria soviética sobre la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, los planes de celebración se han visto alterados por la pandemia, de la que Rusia es uno de los epicentros mundiales, y cuya gestión ha hecho caer la popularidad de Putin hasta el 59%, el nivel más bajo de su presidencia.
Las celebraciones por la victoria en la guerra deberían haber sido un bonito revestimiento patriótico para los planes de Putin, que parece querer asentar los pilares de una transición de poder controlada. El Gobierno presidido por el primer ministro Dmitri Medvédev, representante del grupo más liberal de la élite rusa, dimitió el 15 de enero. Horas antes, Putin había anunciado una reforma de la Constitución rusa para cambiar el equilibrio de poder entre el presidente y los tres poderes del estado, que se sometería a consulta popular no vinculante en abril. Finalmente, la votación se aplazó al próximo 1 de julio a causa de la pandemia, y desde entonces, para contrarrestar la caída de popularidad y aumentar la participación, el Kremlin ha recurrido a una agresiva campaña de publicidad. Entre los vídeos más provocadores hay uno que insinúa que si los rusos no votan a favor de las reformas, pronto la familia tradicional rusa se verá sustituida por familias homosexuales.

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