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China y Rusia firmaron en 2008 un pacto que casi pasó desapercibido, pero que ponía fin a un conflicto de más de un siglo: acordaban demarcar su frontera común. Esos 4.300 kilómetros habían sido escenario de confrontaciones que presagiaban una guerra e incluso un conflicto nuclear durante la Guerra Fría. Aunque entonces había Gobiernos comunistas en Pekín y Moscú, la tensión a finales de los años sesenta aumentó hasta tal punto que acumularon miles de soldados en la frontera. Incluso el líder chino Mao Zedong ordenó construir una ciudad subterránea donde la población pudiera refugiarse ante un ataque nuclear soviético.
En cambio, hoy en día casi no hay militares en la frontera sino-rusa. El Kremlin ha recolocado a buena parte de sus soldados en Ucrania. China y Rusia consideran ahora su frontera como un espacio geopolítico seguro, del que apenas deben preocuparse y que les permite poner sus esfuerzos en otros puntos calientes de sus vecindarios. Esta seguridad ha sido la base de la estrecha relación sino-rusa que hoy preocupa a Occidente, especialmente con el conflicto en Ucrania, en el que Pekín quiere mediar a favor de Moscú.
Por qué China y Rusia se necesitan
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