Un hombre coloca una margarita en el agujero del cañón de un rifle M14 que un policía militar mantiene en alto. Esa instantánea, Flower Power, tomada en 1967 en las protestas contra la guerra de Vietnam en el Pentágono, le valió una nominación al Pulitzer al fotógrafo Bernie Boston y se convirtió en un símbolo del pacifismo. El pacifismo es una de las tradiciones de pensamiento más importantes en relaciones internacionales: la defensa de los medios pacíficos y la no violencia para lograr, valga la redundancia, la paz. Sus figuras van desde los hippies, Martin Luther King y Gandhi hasta Tolstoi o, por qué no, Jesucristo.
Hoy es habitual leer llamadas a priorizar la diplomacia y los medios pacíficos ante los conflictos de Ucrania o Gaza. Cuando se propone el rearme de la Unión Europea como estrategia ante un mundo incierto, las críticas señalan que más militarismo llevará a más conflictos, que lo importante es lograr la paz. Al otro lado del Atlántico, Donald Trump dice ser más pacífico que sus antecesores, ya que él no habría dejado que estallasen esos conflictos. Hoy se esfuerza por sentar a Vladímir Putin y Volodímir Zelenski a negociar la ansiada paz en Ucrania. Una paz apresurada y favorable a Rusia, pero paz al fin y al cabo. ¿Es deseable ese pacifismo en un mundo cada vez más inseguro y conflictivo? ¿Es acaso posible?
De las guerras mundiales al 11S
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