Hasta hace pocos días, Ucrania parecía destinada a perder la guerra. El conflicto se estaba luchando en los términos de Putin: una línea de combate rígida en el Donbás en la que el Ejército ucraniano consumiría sus escasos recursos militares antes o después. La ofensiva ucraniana en Kursk le ha dado la vuelta a ese esquema.
La invasión es una humillación para el Kremlin: es la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que Rusia es atacada en su territorio. Y Putin, que esperaba que su “operación militar especial” durara solo unos días, no solo no ha logrado aún ganar la guerra, sino que todavía no ha podido siquiera frenar el avance ucraniano en Kursk.
Esta ofensiva es un buen ejemplo de cómo ambos bandos están entendiendo el conflicto. Como ya ha ocurrido en varias ocasiones en esta guerra, Ucrania está encontrando formas novedosas de luchar y aprovechando los errores de Putin para aliviar la presión en todo el frente y de paso dejar en papel mojado el chantaje nuclear del Kremlin.
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