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Luis Arce, antiguo ministro de Economía de Evo Morales, es el nuevo presidente de Bolivia. Su partido, el MAS, vuelve al poder casi un año después del golpe contra Morales que puso a Bolivia en el centro del foco mediático internacional. Arce consiguió una victoria inesperada en la primera vuelta de las elecciones del pasado 18 octubre. Obtuvo el 55,1% de los votos, muy por delante del expresidente centrista Carlos Mesa, con un 28,8%, y el ultraderechista Luis Fernando Camacho, líder de las protestas contra Morales en 2019, con el 14%. Pero la claridad de los resultados no evita que la realidad social, económica y política de Bolivia haya quedado marcada por este año de inestabilidad, una brecha que va a ser un gran reto para el nuevo Gobierno.
Un golpe que cambió al MAS
Hay veces en las que uno necesita un empujón para hacer las cosas. Por desgracia para el MAS y para la estabilidad de Bolivia, el empujón que recibió el partido para renovar a su líder fue el golpe de Estado contra Evo Morales en 2019. Morales llevaba gobernando el país trece años, desde 2006, y su gran apoyo entre los votantes impedía tener un debate público sobre su sucesión y el rumbo que debía tomar el partido. Por si fuera poco, en 2016 Morales impulsó un referéndum constitucional para poder presentarse a la presidencia por cuarta vez. Aunque los votantes rechazaron la propuesta, el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo Electoral acabaron permitiendo que Morales se presentara en 2019. En la oposición había malestar por la intención de Morales de perpetuarse en el poder, y hasta miembros del MAS creían que esta estrategia podía dañar su proyecto político.
En este contexto de malestar llegaron las elecciones, celebradas el 20 de octubre de 2019. El recuento se demoró, ante lo que la oposición acusó al Gobierno de fraude electoral. La Organización de Estados Americanos secundó esa acusación con un informe que después ha sido duramente criticado por ser poco concluyente. En cual...
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