Donald Trump ya tiene su hueco en la historia de Estados Unidos como el primer presidente del siglo XXI en perder la reelección. Y a pesar del ruido, de las amenazas y de las acusaciones infundadas de fraude electoral, la razón está bastante clara: hace cuatro años Trump ganó los estados industriales de Pensilvania, Míchigan y Wisconsin y ahora los ha perdido. Le habría bastado con ellos para revalidar el cargo, pero además también perdió dos feudos republicanos, Georgia y Arizona, y no le arrebató a los demócratas ni uno de los veinte estados que ganaron en 2016.
Estas elecciones no han sido la revolución que muchos pronosticaban. De hecho, se han parecido bastante a las de cuatro años. Entonces Hillary Clinton aventajó a Trump en dos puntos porcentuales, aunque el sistema electoral la perjudicó. Ahora Biden se ha impuesto por algo más de cuatro, un resultado mejor pero tampoco apabullante, que sin embargo le ha permitido adelantar a Trump en los estados que necesitaba.
La unidad del “voto anti-Trump”
En las elecciones presidenciales de 2016, más del 5% de los votantes apoyó a partidos que no eran ni el Demócrata ni el Republicano. El disgusto con los dos principales candidatos llevó a muchos a buscar opciones de “voto protesta” como el Partido Libertario o el Partido Verde. Sin embargo, tras cuatro años de Trump, muchos han regresado a sus partidos tradicionales. Ese 5% de 2016 ha bajado hasta el 1,8% en 2020, pero sin beneficiar por igual a los dos candidatos.
Fuente: Elaboración propia del autor con datos de Federal Election Commission y Cook Political Report
Aunque los dos grandes partidos han obtenido mejor resultado que hace cuatro años, Donald Trump apenas ha elevado su porcentaje de voto en unas ocho décimas, mientras que Biden ha superado en más de tres puntos el de Clinton. El Partido Verde, que se hizo con un 1% de los votos en 2016, ha caído hasta el 0,3%. Ahí se explica parte del buen resultado de Biden, ya que Clinton habría ganado la presidencia en 2...