Donald Trump ya tiene su hueco en la historia de Estados Unidos como el primer presidente del siglo XXI en perder la reelección. Y a pesar del ruido, de las amenazas y de las acusaciones infundadas de fraude electoral, la razón está bastante clara: hace cuatro años Trump ganó los estados industriales de Pensilvania, Míchigan y Wisconsin y ahora los ha perdido. Le habría bastado con ellos para revalidar el cargo, pero además también perdió dos feudos republicanos, Georgia y Arizona, y no le arrebató a los demócratas ni uno de los veinte estados que ganaron en 2016.
Estas elecciones no han sido la revolución que muchos pronosticaban. De hecho, se han parecido bastante a las de cuatro años. Entonces Hillary Clinton aventajó a Trump en dos puntos porcentuales, aunque el sistema electoral la perjudicó. Ahora Biden se ha impuesto por algo más de cuatro, un resultado mejor pero tampoco apabullante, que sin embargo le ha permitido adelantar a Trump en los estados que necesitaba.
La unidad del “voto anti-Trump”
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