Política y Sociedad África

El negocio de las redes migratorias en el norte de África

El negocio de las redes migratorias en el norte de África
Camiones abarrotados de personas cubre los distintos tramos de la ruta, en la foto uno de ellos en Mali en 2008. Fuente: Ferdinand Reus

Las redes de contrabandistas que hacen negocio de la migración en el norte de África llevan existiendo desde hace décadas. No obstante, el aumento de las migraciones y la militarización del Sahel están haciendo de estas rutas un negocio cada vez más lucrativo, pero también más peligroso.

Los grandes movimientos migratorios del Sahel al norte de África son un patrón recurrente desde mediados del siglo XX. Miles de personas viajan a los países del Magreb como Argelia, Libia o Egipto o incluso cruzan el Mediterráneo para llegar a Europa en busca de una vida mejor, ya sea huyendo de conflictos, de la pobreza o del cambio climático. Hasta hace relativamente poco, los migrantes se dirigían rumbo al norte en camiones por precios relativamente bajos y pagando algunos sobornos en puntos fronterizos. Era una inmigración irregular y poco controlada, pero no por ello eran esos viajes ilegales ni clandestinos. Sería a partir de los años 2000 cuando Europa puso en marcha su estrategia de fronterización en el norte de África como primer paso para frenar la llegada de migrantes.

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Desde entonces estos recorridos pasaron a ser más difíciles y se oficializó toda una red clandestina de profesionales dedicados a la logística de estos tránsitos, por los que obtenían importantes ganancias, en ocasiones mayores que con el comercio de armas o drogas. Se calcula que las mafias de migrantes lograron unos beneficios de entre 255 y 300 millones de dólares solo en Libia en 2015, sin contar con que sus operaciones se extienden desde los países de origen hasta Europa. Hoy en día, estas mafias son actores indispensables para entender la migración en África: cerca del 80% de la migración irregular de África a Europa se da gracias a algún tipo de contrabandista. 

Para ampliar: “Las fronteras europeas se desplazan hacia el sur”, Alicia García en El Orden Mundial, 2018

Llegados a este punto es imprescindible hacer una distinción dentro de este tipo de organizaciones. A menudo suelen ser denominadas mafias tanto las redes especializadas en la introducción clandestina de migrantes en otros países de una manera voluntaria con las verdaderas mafias de trata de personas. Aunque las diferencias se difuminan muchas veces a los largo del viaje, este artículo se centrará en las primeras de ellas: las redes clandestinas de contrabando de migrantes que voluntariamente emprenden el viaje. Aunque cada ruta sea distinta, hay un cierto patrón generalizado en todas esas redes que, lejos de ser una mafia jerárquica y centralizada, se tratan más bien de un conjunto difuso de acuerdos puntuales entre distintos actores a lo largo del camino, que se adaptan y modifican de manera constante. De ahí que las rutas sean también cambiantes, donde lo único establecido es el origen del que se parte y el destino al que se quiere llegar. 

El punto de partida suele ser el reclutador, cuya función es organizar las distintas etapas y los intermediarios o facilitadores a cargo en cada una de ellas. En la mayoría de los casos, el reclutador es de la misma nacionalidad que el resto de migrantes y, en ocasiones,  son ellos quienes reciben el dinero total del viaje y van pagando a los intermediarios. La lógica detrás de estos reclutadores es similar a la que podría darse en una agencia de viajes: garantizan una asistencia durante el tránsito y procuran que buena parte de sus clientes consigan llegar a Europa, algo que les genera buena consideración social en las comunidades de origen. El resto de intermediarios incluyen desde nexos entre tramos de la ruta hasta los conductores, pasando por los propietarios de los “guetos”, los centros de recepción de migrantes en los países de tránsito. 

El viaje se encarece a medida que aumenta el número de intermediarios, que también depende del país de origen del migrante: entre Gambia y Libia puede llegar a haber unos siete, por ejemplo. También varía según la nacionalidad del migrante, con los subsaharianos sufriendo el racismo de ser cobrados más solo por el color de su piel. El viaje se acaba encareciendo mucho más debido a los numerosos asaltos, sobornos y secuestros que se ven obligados a pagar los migrantes; de lo contrario, podrían acabar realizando trabajo esclavo o, en el caso de las mujeres, sufriendo explotación sexual. En la última década se ha registrado un rápido aumento del precio del viaje provocado por la guerra de Siria y la consecuente entrada de los sirios, que en general cuentan con mayor poder adquisitivo. Se calcula que, frente a los 6.000 dólares que podía llegar a costar uno de los viajes más caros en 2013, ese mismo viaje alcanzaba la cifra de 20.000 dólares solo un año más tarde. 

Libia es uno de los países de tránsito más importantes en las rutas migratorias que cruzan África de sur a norte.

Aunque los caminos sean diversos y puedan sufrir modificaciones, tradicionalmente existen dos rutas principales: la que parte desde países del África occidental y atraviesa Níger o Malí, y la ruta del este procedente del Cuerno de África. En la actualidad ambas tienen como destino mayoritario Libia, aunque desde allí los migrantes no siempre pretenden cruzar a Europa, contrariamente a lo que se suele pensar. Otros países como Marruecos, Argelia o Egipto también son elegidos como destino por los migrantes subsaharianos, que se desplazan anualmente a esos países para desempeñar trabajos temporales en el sector agrícola

Para ampliar: “Adónde migran los africanos”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2018

Ruta del África occidental 

Teóricamente, esta ruta presenta menos trabas burocráticas, puesto que atraviesa la Comunidad Económica de los Estados Africanos Occidentales (ECOWAS por las siglas en inglés), que estableció una zona de libre movimiento desde 1979. Ello en principio permite viajar sin necesidad de visados, y únicamente con un certificado de viaje y un certificado sanitario, por la mayor parte de la ruta a excepción de Libia, principal destino de esta ruta. Aunque la realidad es bien distinta: en ocasiones, los certificados de viaje pueden llegar a ser muy caros y en las fronteras se suelen tener que pagar tasas informales, lo que lleva a los migrantes a tratar de evitar los controles fronterizos oficiales. 

Mali o Níger son países de paso clave para todos aquellos migrantes provenientes de otros países de la región, y eso hace de ellos el centro de la actividad de las mafias. Desde ahí o bien se toma la ruta central hacia Argelia y después Libia, o bien hacia Marruecos. En este área, las redes de contrabando de migrantes se profesionalizaron alrededor de 1995, coincidiendo con la grave rebelión tuareg que sacudió Níger y los países circundantes a principios de los 90. Los milicianos desempleados tras el conflicto se reconvirtieron en conductores y guías para migrantes gracias a sus conocimientos del desierto, y comenzaron a crearse incluso agencias especializadas desde las que se organizaba el alojamiento y los distintos tipos de transporte según el dinero que el migrante pagara. La ciudad nigerina de Agadez se convirtió en punto obligado de la ruta occidental antes de adentrarse en el desierto, una de las etapas más peligrosas del viaje y en las que, ante la falta de medios de transporte convencionales, es inviable no recurrir a intermediarios.

El número de migrantes fallecidos o desaparecidos en su travesía en Níger se incrementó considerablemente en 2017. Fuente: Clingendael

Este tráfico migratorio era corriente y hasta legal en Níger hasta hace apenas cuatro años, y, como tal, suponía el sustento de la economía de la ciudad. Sin embargo, una ley aprobada en 2016 en el país y financiada con el Fondo de Desarrollo Europeo ha puesto el marco legal para las primeras detenciones en la región, arrestando a 282 facilitadores y confiscando hasta unas 350 camionetas, lo que redujo hasta un 75 % el tráfico de migrantes en Agadez en 2017, mermado la economía local. No obstante, lejos de frenar el tránsito de migrantes, la prohibición les ha llevado a tomar rutas alternativas más peligrosas, donde se dan mayores abusos de los derechos humanos, sobornos, hacinamiento, y provocando, en última instancia, un aumento de las muertes. El viaje también se ha encarecido a consecuencia del cambio legal: si en 2013 el viaje de Agadez a Sabha, ciudad en pleno desierto de Libia, costaba cien dólares, en 2017 había aumentado hasta los seiscientos.

Los principales actores encargados del contrabando de migrantes en estas nuevas rutas clandestinas son comunidades nómadas de la región como los tuareg, los tubu o los ubari. Estos grupos, conocedores del desierto a ambos lados de las fronteras, han pasado a controlar parte del territorio libio tras la caída de Gadafi en 2011. Entre ellos las relaciones son tensas, puesto que compiten por hacerse con el mercado de los migrantes. Los tubu y los zaghawa se encuentran principalmente entre Chad y Libia, la tribu árabe Awlad Suleiman se encargara de los migrantes a partir de su entrada en la ciudad libia de Sabha, y en Argelia buena parte del negocio está controlada por los tuareg. La relaciones entre estas tribus y otras milicias locales son ambiguas: por un lado favorecen el contrabando de migrantes, pero por otro también se presentan como actores capaces de controlar las fronteras y lograr con ello fondos europeos. Se ha llegado incluso a afirmar que Francia ha pagado a milicias y tribus para frenar la entrada de migrantes.

La principal causa de las muertes durante el viaje en la ruta occidental es la falta de acceso a atención médica y la deshidratación. Fuente: Clingendael

Al igual que en otras rutas, el camino no siempre es directo, y en muchas ocasiones los migrantes pasan largas temporadas en una ciudad tratando de reunir el dinero necesario para las siguientes etapas del viaje. Se calcula que en Agadez pueden llegar a permanecer entre siete meses y un año. Y en Chad, país común de las rutas occidental y oriental, los caminos de los migrantes coinciden con las minas de oro del noreste del país, por lo que muchos trabajan como mineros durante un tiempo antes de proseguir. En el peor de los casos, aquí también es donde acaban siendo secuestrados y obligados a trabajos forzados. 

Para ampliar: “Los tuaregs libios: combatientes sin patria”, Daniel Rosselló en El Orden Mundial, 2016

La ruta del Cuerno de África

La ruta oriental africana parte desde países del cuerno de África como Somalia, Etiopía o Eritrea, pasa por Sudán y el desierto libio, y confluye con la ruta occidental en la costa de Libia. Significativamente, las peticiones de asilo tanto en Libia como en Egipto son mayoritariamente de ciudadanos provenientes de países del Cuerno de África. Sin embargo, la ruta de Egipto a Europa no es tan popular como la libia, ya que los arrestos y medidas más severas que impuso El Cairo para aquellos que intentaban cruzar el Mediterráneo prácticamente consiguió extinguir el flujo de migrandes desde este país a partir de 2017.

La Organización Internacional de Migraciones considera que la ruta del Cuerno de África es la principal en el contrabando de migrantes. No en vano, a lo largo de esta ruta predominan pequeñas mafias locales, a excepción de algunas pocas que cuentan con una red más sofisticada. Según un informe de ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, para cruzar la mayor parte de los pasos fronterizos entre Eritrea, Etiopía y Sudán el papel de los contrabandistas es indispensable y apenas hay quienes decidan emprender el camino por su propia cuenta.

En primer lugar, los migrantes se enfrentan ante la dificultad de obtener visados. Los etíopes sí pueden cruzar de manera legal a Sudán con un visado temporal, pero no así los eritreos o somalíes, a los que los contrabandistas proporcionan pasaportes etíopes falsos. Una vez solventadas las trabas burocráticas, el otro gran quebradero de cabeza para los migrantes, y nicho de negocio para las redes, será la cuestión logística. El paso de los eritreos a Sudán puede ser bien a pie o en camioneta, y el precio de esa ruta suele rondar entre 3.000 y 5.000 dólares, una cantidad que puede llegar a igualar a la del resto de la ruta.

Para poder cruzar Sudán sin problemas, los contrabandistas suelen llevar a los migrantes en autobuses vestidos con ropas típicas sudanesas, después de pasar por la ciudad etíope de Metemma, un nudo estratégico en la frontera con Sudán. Cerca de la frontera con Libia serán ya otros intermediarios, principalmente tribus y comunidades nómadas del desierto, quienes les ayuden a crucen la frontera en camioneta. En el este sudanés, las redes de migrantes están controladas principalmente por los rashaida, una comunidad beduina de pastores de camellos, aunque también hay otros grupos que luchan por controlar parte de este mercado en la frontera con Chad.

La ruta del Cuerno de África también dista mucho de ser un trayecto fácil, y las muertes por deshidratación, caída de los vehículos abarrotados, o avería de las camionetas en medio del desierto ocurren con abrumadora frecuencia. Ello sin contar los secuestrados para pedir rescates o para su tráfico como mano de obra esclava o víctimas de explotación sexual. 

Para ampliar: “El largo camino del refugiado: esclavos a las puertas de Europa”, Gemma Roquet en El Orden Mundial, 2018

La llegada a la costa africana mediterránea

Una vez cruzado el Sáhara por cualquiera de estas rutas, el principal destino es Libia, donde las redes de contrabando pasan a ser más organizadas y sofisticadas. Este país mediterráneo se ha convertido en el punto central desde el que operan las mafias encargadas tanto de la organización de los viajes en pateras a Europa  como del secuestro de personas y su posterior petición de rescate. Las redes de contrabandistas también controlan buena parte de los centros de migrantes, almacenes humanos donde se encierra a los migrantes a la espera de que puedan embarcarse en una patera hacia Europa. Las principales ciudades donde se encuentran estos centros son Trípoli y Bani Waled, pero también los hay en Tobruk o Sirte.

Mapa de las rutas migratorias dentro de Libia actualizado a abril de 2018. Fuente:ACNUR

El sistema de centros es todo un negocio para la multitud de guerrillas y grupos de contrabando que han surgido en el contexto de la inestabilidad libia, sumida en el caos desde 2011. Frontex, la agencia europea de gestión de fronteras, ha llegado a sugerir incluso que el mismo Ejército libio podría estar implicado en la gestión de estos centros de migrantes. Un dato indicativo es que tan solo el 20% de los centros son oficiales; el resto pertenecen a las redes de contrabando. Como todo negocio, las mafias ofrecen servicios privilegiados para aquellos que paguen más, incluyendo esperar el menor tiempo posible. También es habitual que se pidan sobornos o rescates para poder salir. Tras el paso por estos centros, las mafias suelen cobrar alrededor de 1.800 euros por el viaje en patera a Sicilia, y entre ellas existe una competencia por el orden de las salidas de las pateras, llegando incluso en raras ocasiones a notificar y compensar económicamente a los familiares de las víctimas de los naufragios con el fin de mantener su reputación en el mercado de la migración.

Si bien no llegan a tener una red tan sofisticada, otros países de la costa norafricana también sirven de base para distintos mercados. En Argelia, las principales operaciones de los contrabandistas, además de facilitar la entrada a Marruecos o Libia, están relacionadas con la falsificación de documentos: los pasaportes argelinos cuestan cincuenta euros y los documentos de ACNUR que acreditan la condición de refugiado en Argelia unos diez. También en Marruecos las autoridades reconocen una alta presencia de redes contrabandistas a lo largo de la frontera oriental desde principios de los años 2000, y cada vez se dan más casos de secuestros de migrantes a cambio de rescate o para obligarles a trabajos forzados tanto en Argelia como en Marruecos. 

No obstante, el lucrativo negocio de la migración sur-norte no acaba en la orilla meridional del Mediterráneo. Las redes de contrabando se extienden y siguen operando al otro lado del mar con un nuevo cariz europeo. En Italia, por ejemplo, las tradicionales mafias se están están haciéndose un hueco en este nuevo mercado pasando a controlar los campos de refugiados en el país. Son otras formas de organización, otras nacionalidades y otros precios, pero al fin y al cabo el negocio es el mismo, lo que prueba que problema no acaba en el continente africano.

Para ampliar: “Los refugiados, el nuevo negocio de la mafia italiana”, Alicia García en El Orden Mundial, 2019

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