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Los refugiados, el nuevo negocio de la mafia italiana

Los refugiados, el nuevo negocio de la mafia italiana
Proyecto "The New Gospel" en Palermo, Italia. Fuente: European Alternatives

La mafia italiana lleva años entendiendo que la llegada de refugiados a Italia puede suponer un negocio mucho más rentable que el de las drogas o la gestión de basuras. Los distintos clanes mafiosos han adquirido un papel fundamental en el control del sistema de asilo en Italia, tanto de los centros de recepción de migrantes como toda la economía sumergida ligada a ellos.

En 2014 salían a la luz unas grabaciones entre miembros de la Mafia Capitale, banda criminal asentada en Roma, en las que se pronunciaba una frase clave para describir la nueva naturaleza de los negocios de las mafias: “los migrantes son un negocio más rentable que las drogas”. Alrededor de 2011, con el comienzo de la crisis de los refugiados, las distintas mafias que despuntan en cada región de Italia fueron logrando hacerse con los contratos de gestión de los centros de recepción de migrantes. Más tarde captaron a sus residentes como mano de obra a la que explotar en otros negocios o a la que someter a tráfico sexual. La fragmentación y privatización del sistema italiano de asilo ha permitido que, en poco tiempo, las mafias controlen buen parte de este entramado. 

Para ampliar: “El mito del efecto llamada”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2018

La entrada de las mafias en el sistema de asilo italiano

La mayor parte de los migrantes que llegan a las costas italianas no tienen como objetivo quedarse en el país, sino continuar hacia otros países como Alemania o los nórdicos. No obstante, a su llegada y mientras dura la tramitación del asilo político, algo que puede llegar a durar hasta años, son internados en centros de recepción de migrantes. Unos 7.000 centros de acogida para solicitantes de asilo se distribuyen por todo el país. Existen cinco tipos de centros: los CPSA, o centros de primeros auxilios y de recepción; los CARA, centros de recepción para solicitantes de asilo; la red SPRAR (Sistema de Protección para Solicitantes de Asilo y Refugiados); y otros alojamientos de de carácter más temporal o extraordinario denominados CDA o CAS. Este complejo entramado se financia con fondos nacionales y europeos, que suelen dotar a las contratas de los centros con unos 35 euros diarios por migrante o 45 en caso de ser un menor, es decir, están en juego unos mil millones y medio de euros al año. 

Cuando Italia comenzó a sacar a concurso la gestión de los centros de acogida, las mafias regionales, siempre muy dispuestas cuando se trata de conseguir dinero, se fueron haciendo con el control de los campos de refugiados, y no precisamente para hacer una labor social. Así, la Cosa Nostra de Sicilia, la Ndrangheta en Calabria y la Camorra de Nápoles han ido haciéndose con el control o creando nuevos CARA en sus respectivos feudos históricos, con colaboraciones puntuales entre ellas. Desde entonces, la salubridad y las condiciones mínimas de estos centros no han dejado de caer. Son numerosos los casos de instalaciones abarrotadas, con escasez de comida o falta de servicios médicos que supuestamente deberían proveerse gracias a los fondos nacional y europeo. Incluso la OLAF, la Agencia Europea Antifraude, ha llegado a denunciar la sangrante desviación de fondos destinados a proyectos de migración. 

Italia es uno de los principales destinos de los migrantes que pretenden cruzar el Mediterráneo desde el sur.

Sicilia suele ser el punto de entrada del grueso de los migrantes que llegan a Italia y, por ello, durante ocho años el mayor centro de internamiento de migrantes de Europa se encontraba en esta isla: el Cara de Mineo llegó a albergar hasta 4.000 personas. Abierto en 2011 por Berlusconi en una antigua base de la OTAN, este centro se convirtió en uno de los más importantes. En su gestión estaba implicada la Cosa Nostra y varias investigaciones denunciaron que durante tres años se falsearon los números de migrantes para recibir más fondos de los correspondientes. Además, se reportaron graves carencias para cubrir las necesidades básicade sus residentes y continuos maltratos en el centro.

Cara de Mineo se convirtió en el punto de mira de las políticas antiinmigratorias del anterior ministro de Interior Matteo Salvini y, en junio de 2019, se puso, por fin, el candado a esta institución. No obstante, los migrantes fueron desplazados a otros centros de iguales características donde también opera la Cosa Nostra, con el fin de obtener los mismos jugosos beneficios. Otra de las estrategias que han seguido los clanes locales de la mafia ligados a la Cosa Nostra es la reconversión de hoteles en instituciones para refugiados. En total en la región siciliana de Trapani unos treinta y dos hoteles acogen hoy migrantes. Sin embargo, los abusos y la corrupción continúan siendo la norma, ya que el objetivo sigue siendo ganar dinero, y no garantizar una atención aceptable a los refugiados. 

La Ndrangheta calabresa y la Camorra napolitana tampoco se han quedado atrás respecto a sus homólogos sicilianos, y poseen buena parte de los contratos de los centros de recepción de migrantes, valorados en 30 millones de euros. En el caso de Calabria, el escándalo fue mayor aún cuando se comprobó que incluso la Iglesia estaba implicada en la malversación de estos fondos. Solo en Calabria se calcula que en diez años la mafia ha conseguido desviar 36 millones de euros del total de 102 millones aportados por el Gobierno. Estas mafias, además, han logrado hacerse con todos los servicios derivados de estos centros como la provisión de comidas, la lavandería o la limpieza. En el centro de Villa Literno, cercano a Nápoles, la comida, siempre escasa y en mal estado, es provista por una compañía que pertenece a la mafia camorrana. En definitiva, ya no es únicamente una cuestión de desviación de fondos sino de un trasvase directo de fondos estatales y europeos a manos de las mafias. 

Para ampliar: “Las fronteras europeas se desplazan hacia el sur”, Alicia García en El Orden Mundial, 2018

Los efectos del decreto Salvini

Las insostenibles situaciones de estos centros y sus conexiones con la mafia han sido objeto de debate en la sociedad italiana. Para atajar el problema, el entonces ministro de Interior, Matteo Salvini, decidió en agosto de 2019 aprobar el Decreto de Seguridad, también llamado “decreto Salvini”. Un decreto por el cual se cerraron varios CARA y se derogaron los permisos de protección humanitaria, lo que de facto implicó que miles de migrantes pasaran a ser residentes ilegales sin acceso a ningún tipo de asistencia. El argumento esgrimido por el Gobierno es que esta medida conseguiría debilitar a las mafias africanas que controlan la llegada de migrantes, especialmente la mafia nigeriana de Sicilia. Esta organización comenzó a operar en la isla en 2013 con el consentimiento de la Cosa Nostra, dedicándose a vender droga para ellos o a otros mercados no explotados por los capos sicilianos, como la prostitución. 

Llegadas de migrantes por mar a las costas europeas en 2018. Fuente: Organización Internacional de Migración

No obstante, la realidad es que el decreto ha agravado aún más la situación, ya que la falta de permisos condena a los migrantes a la ilegalidad y, por lo tanto, a buscar trabajos en la economía sumergida y vivienda en chabolas. Y es aquí donde entran de nuevo las mafias. Más allá de las alambradas de los centros de migrantes, las mafias buscan engrosar su negocio ampliando sus redes en el mercado de la droga y la prostitución o bien utilizando a estos migrantes como mano de obra prácticamente esclava en sus plantaciones agrícolas. 

En el caso de los que acaban trabajando de jornaleros en las redes de la “agromafia”, también controlada por la Camorra napolitana o la Ndrangheta calabresa, las condiciones que sufren son de auténtica explotación. A pesar de la existencia de un convenio colectivo en el que se estipula el pago de unos 50 euros por siete horas de trabajo, la realidad es que terminan trabajando más de catorce horas al día por unos 20 o 30 euros, es decir, una raquítica media de 2,80 euros la hora. Estas condiciones son una de las piezas clave para hacer de la agromafia un lucrativo negocio que supone beneficios millonarios al año y no para de crecer. Las mujeres, por otro lado, suelen sufrir una suerte distinta pero desde luego no mejor. Muchas de ellas llegan engañadas a Europa a través de redes de explotación sexual, con la intención de trabajar en alguna peluquería o en empresas de limpieza. Pero la realidad cambia cuando las mafias las obligan a abandonar los centros para prostituirse. 

Esta realidad en Italia es solo una parada más en un viaje que en muchos casos continuará hacia el norte y en el que las mafias, oportunas como siempre, estarán más que dispuestas a prestar sus servicios de transporte para seguir haciendo caja con la migración. Mientas tanto, la llegada del nuevo Gobierno italiano de coalición entre el Partido Democrático y el Movimiento 5 Estrellas no parece haber traído grandes modificaciones a la política migratoria italiana y la situación en los centros. Es cierto que bajo el mandato de la nueva ministra de Interior, Luciana Lamorgese, se han abierto los puertos a los barcos de rescate de las ONG, pero la mayor parte de las leyes y memorandos del anterior Gobierno permanecen aún vigentes. De hecho, el M5S insiste en su intención de mantener el decreto, con pequeñas modificaciones, y este noviembre el Ejecutivo ha extendido la vigencia del memorando con Libia para frenar la inmigración. 

Para ampliar: “El largo camino del refugiado: esclavos a las puertas de Europa”, Gemma Roquet en El Orden Mundial, 2018