La imagen es abrumadora: miles de pequeños cuadros, en una especie de armonía caótica, forman un collage ininteligible. Everydays: The First 5000 Days, del artista Beeple, se convirtió en marzo de 2021 en el NFT más caro de la historia, cuando fue vendido por 69 millones de dólares. El récord es solo un ejemplo de cómo han saltado al primer plano informativo las criptomonedas, la tecnología blockchain y el metaverso. Pero en 1999 ya había al menos una pareja de cineastas que lo había previsto casi todo: Lana Wachowski y su hermana Lily estrenaron ese año la primera entrega de Matrix, su obra maestra y cumbre de la ciencia ficción en el séptimo arte.
Matrix supuso una revolución en Hollywood. La película planteaba una pregunta manida en los debates filosóficos, pero bastante ajena al cine de taquillazo: ¿Y si nuestra realidad no fuera real? A través de la historia de Neo (Keanu Reeves), un informático depresivo, Matrix proponía que todo lo que percibimos es, en realidad, una ficción digital construida por máquinas para someter a la humanidad. La línea entre lo tangible y lo digital, lo real y lo ficticio, quedaba difuminada para siempre en la ficción mainstream.
Más de veinte años después se ha estrenado Matrix Resurrections, la cuarta entrega de la saga. Su protagonista, Neo, es el mismo que el de 1999, pero ahora cree que los hechos que narra la primera película fueron una experiencia psicótica y no es consciente de lo ficticio de su realidad. La excusa argumental sirve a Wachowski para abordar la toxicidad laboral o el tabú de la salud mental. También para analizar los peligros del metaverso, un entorno virtual en el que humanos interactúan a través de avatares o representaciones digitales de sí mismos, lo que, claro está, tendrá repercusiones en el mundo real. El proyecto más famoso de metaverso es el que está desarrollando Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, pero también se puede definir así la experiencia de videojuegos como Minecraft o el antiguo Second ...