La tendencia mundial durante las últimas décadas hacia la generación de bloques comerciales es más que evidente. Muchos estados han comprendido la necesidad de agruparse con los vecinos para desarrollar políticas comunes y así ganar peso en un mundo cada vez más competitivo. Por el camino, otros bloques han apostado por acuerdos más livianos, caso de los tratados de libre comercio multilaterales, o bien por ir más allá y avanzar hacia estructuras supranacionales.
Este tipo de lógicas son herederas del mundo resultante tras la Segunda Guerra Mundial. La creación de organizaciones internacionales como la ONU, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial impusieron una nueva tendencia a primar la colaboración entre países frente a la confrontación entre estos, norma hasta el momento y que había conducido a numerosos conflictos, también armados.
En este sentido, el bloque que más ha avanzado en su integración ha sido la Unión Europea, que comenzó como un proyecto comercial orientado al carbón y el acero para luego evolucionar en unión aduanera y mercado único. Esto, además, ha servido de inspiración para proyectos que surgieron tiempo después en otras zonas del mundo.
Porque es el continente africano el que ha logrado desarrollar el mayor mercado común del mundo con el Tratado de Libre Comercio Africano (AfCFTA por sus siglas en inglés), algo que no es de extrañar teniendo en cuenta que ya existían numerosos proyectos de integración económica exitosos en el continente.
En otras zonas del planeta también existen proyectos avanzados, como el caso de ASEAN en la región de Asia-Pacífico o la Alianza del Pacífico en la cara occidental latinoamericana, pero también podemos encontrar ejemplos que han acabado en fracaso o al menos en un magro resultado, como es la Unión Económica Euroasiática, un bloque que intentó impulsar el presidente ruso Vladímir Putin para generar un área de influencia en las antiguas repúblicas soviéticas....