Mapa de la tasa de suicidios en el mundo

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El mapa de la tasa de suicidios en el mundo

Descripción del mapa

Una persona se suicida en el mundo cada cuarenta segundos, lo que da un total de 800.000 fallecimientos al año, el doble que las víctimas de homicidio. En muchos casos se trata de un tema tabú y, por ende, un problema silenciado, pero su prevalencia es preocupante en términos de salud pública: es la decimoctava causa de muerte a nivel global. Sin embargo, la tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes está lejos de ser uniforme en todo el mundo y en todos los estratos de la sociedad, tal y como muestran los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2016.

Así, se trata de la segunda causa de muerte para los jóvenes de entre 15 y 29 años, solo por detrás de los accidentes de tráfico. Quitarse la vida tiene también una prevalencia mayor entre los hombres, especialmente en los países de altos ingresos, donde se suicidan de media casi tres veces más que las mujeres. En los países de ingresos bajos y medianos las diferencias son más ajustadas.

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En cuanto a los patrones regionales, Europa del este, África subsahariana y el sudeste asiático son las zonas que presentan una tasa de suicidios estandarizada por edad más elevada. Utilizar en este caso la tasa en bruto —número de suicidios dividido por población total— dificultaría hacer una comparación del impacto de este problema en cada país, ya que cada uno presenta una estructura poblacional diferente. Esto implicaría que aunque dos países tuvieran una tasa de suicidios idéntica para cada grupo de edad, la tasa global sería distinta en cada caso. Así, si un país cuenta, por ejemplo, con más población joven que el resto de países, una franja de edad especialmente sensible al suicidio, es normal que este presente cifras superiores a la media, un aumento en realidad asociado a su pirámide poblacional y no a un mayor impacto de este tipo de muertes. Usar la tasa estandarizada por edad corrige este tipo de desviaciones.

Conocer los métodos más utilizados para el suicidio es vital para que los Gobiernos puedan restringir el acceso a este tipo de medios. Sabemos que los ahorcamientos, las intoxicaciones y las armas de fuego son los más habituales, y políticas orientadas a hacer estos elementos menos accesibles han salvado muchas vidas. Por ejemplo, la prohibición de los plaguicidas que se utilizan para la intoxicación voluntaria ha demostrado ser una de las estrategias más eficaces para reducir la tasa de suicidios, como sucedió en Sri Lanka entre 1995 y 2015, cuando la eliminación del mercado de una serie de productos salvó 93.000 vidas (un 70% menos de suicidios).

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Otras acciones efectivas, según la OMS, son “la sensibilización de los medios de comunicación para que informen sobre los suicidios de forma responsable; la puesta en marcha entre los jóvenes de programas de aptitudes para la vida que les permitan hacer frente a las dificultades cotidianas; y la detección temprana, gestión y seguimiento de las personas en riesgo de suicidio”. Sin embargo, tan solo 38 países en todo el mundo cuentan con estrategias nacionales para la prevención del suicidio, un problema al que se une la falta de datos. Registrar y vigilar periódicamente estos sucesos es clave para generar conocimiento sobre cómo combatirlos, pero lo cierto es que apenas 80 de los 183 Estados miembros de la OMS disponían en 2016 de registros civiles con datos de buena calidad.

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