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Mapa de los bosques vírgenes del mundo

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El mapa de los bosques vírgenes del mundo

Descripción del mapa

Los bosques primarios son los más densos, salvajes y, por ende, más importantes de la Tierra. Ocupan todo el globo, desde las regiones boreales nevadas de Siberia hasta la Amazonía tropical, pero apenas siete países concentran el 75% de su superficie: Rusia, Canadá, Brasil, la República Democrática del Congo, Estados Unidos, Perú e Indonesia.

Para ser considerados como tal, los bosques primarios, vírgenes, fronterizos o antiguos deben haber regenerado sus especies nativas de forma natural, no puede haberse conocido ningún tipo de actividad humana en ellos —y, si la ha habido, que haya transcurrido el tiempo suficiente para borrar su rastro y su impacto— ni alteraciones significativas de los procesos ecológicos como la aparición de madera muerta, según la definición de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

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El Convenio sobre la Diversidad Biológica, firmado en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992, utiliza una definición más amplia: “El bosque primario es un bosque que nunca ha sido talado y se ha desarrollado a raíz de perturbaciones naturales y bajo procesos naturales, independientemente de su edad”. Para atajar este problema metodológico, el Global Forest Watch, una plataforma en línea que proporciona datos y herramientas para el monitoreo de bosques, se decanta por una aproximación intermedia y establece los siguientes requisitos para hablar de bosques primarios: ausencia de perturbaciones por usos de la tierra industriales como la tala o la minería, resultado de procesos ecológicos y evolutivos, existencia nula o reducida de especies animales y vegetales exóticas, dominio de una extensión continua de árboles y suelo y agua sin contaminar.

De esta forma, más que la edad, es el fenómeno ecológico de la sucesión el que conduce a un bosque a convertirse en primario. Esta hace referencia a la forma en la que los ecosistemas cambian de estado como fruto de una perturbación natural, como por ejemplo un incendio. El paso de las llamas acabará con toda la vegetación, pero en cuanto el humo se dispersa la naturaleza vuelve a ponerse en marcha. Los primeros organismos en reaparecer son las llamadas especies pioneras, hierbas y matorrales de crecimiento rápido.

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Cuando estas mueren, aportan nutrientes al suelo que permiten el crecimiento de especies más robustas, dando comienzo a un ciclo en el que cada nueva generación hereda un entorno más favorable hasta que los árboles altos de madera dura acaban formando un tupido dosel. Esta forma final de bosque se conoce como comunidad clímax, la equivalente al bosque primario. El tiempo que este tarda en formarse varía mucho según el ecosistema, desde los 50 años en la cuenca del Congo hasta los 150 en los bosques templados de roble nogal o incluso milenios en la selva de Brasil.

Con el paso de los siglos, la Tierra ha perdido el 35% de sus bosques primarios en comparación con su extensión anterior a la aparición de la agricultura. Sin embargo, en la actualidad estos siguen suponiendo el 26% de los bosques naturales del mundo, con el resto de bosques secundarios o áreas boscosas densas modificadas recuperándose (o no) de alguna perturbación humana reciente. En 2019, cada seis segundos se perdió el equivalente a un campo de fútbol de selva tropical primaria.

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