Velocidad internet en Europa

La velocidad de internet en Europa

La velocidad de internet en Europa se ha duplicado en los últimos tres años. Sin embargo, el crecimiento no se está produciendo de forma simétrica y está aumentado los desequilibrios digitales en el continente
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La velocidad de internet en Europa se ha duplicado en los últimos tres años. Es la consecuencia directa de la fuerte inversión que está haciendo la Unión Europea en el ámbito digital, destino de hasta el 20% del presupuesto comunitario para el periodo 2021-2027, y de la pandemia, que mudó toda la actividad el entorno online y evidenció la necesidad de fortalecer la conectividad de cara al futuro. Ese crecimiento —la velocidad de descarga media ha pasado de 56 megabits por segundo en junio de 2019 a 121 en en el mismo mes de 2022 en 37 países europeos— no se está produciendo sin embargo de forma simétrica y está aumentado los desequilibrios digitales en el continente.

Los datos del Speedtest de Ookla analizados por la European Data Journalism Network (EDJNet) así lo demuestran. Si en 2019 la diferencia entre el país con mayor velocidad de descarga —Noruega— y el más rezagado —Albania— era de 78 Mbps, en 2022 ya era de 173 —Islandia y Macedonia del Norte—. Dentro de la Unión Europea sucede lo mismo: hace tres años la distancia entre los Países Bajos y Chipre era de 75 megabits por segundo, pero este mes de junio ya había aumentado a 80 Mbps entre Francia y Grecia.

En 2019 Grecia, Croacia y Chipre eran los únicos Estados miembros que se encontraban por debajo del mínimo exigido por Bruselas —30 Mbps—, pero para finales del año siguiente ya habían conseguido sobrepasar el límite. Ahora el siguiente objetivo marcado por la Comisión Europea es que todos los hogares tengan acceso a una velocidad de descarga de 100 Mbps para 2025, una marca que ya superan veinte capitales —además de los tres países mencionados anteriormente, Chequia, Bulgaria, Austria y Estonia son los que aún deben desarrollar su conectividad—.

De esta forma, a nivel comunitario los mayores desequilibrios se dan entre la mitad occidental y el suroeste, pero a nivel nacional también se observan diferencias llamativas. Las más evidentes son las que se dan en Italia, donde las áreas urbanas de mediano y gran tamaño —como Turín, Milán y Génova— están más conectadas que las zonas rurales; o Alemania, donde el territorio que antiguamente ocupó la república socialista presenta brechas profundas con el resto del país. La primera economía de la UE es curiosamente el decimosexto país en lo que a velocidad de descarga se refiere, una de las muchas derivadas del escaso desarrollo digital que dejó Merkel en herencia al Gobierno de Scholz.

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Más allá del objetivo común de los 100 Mbps de velocidad de descarga, la estrategia de banda ancha de la Comisión Europea también establece que para 2025 los principales actores socioeconómicos —escuelas, universidades, centros de transporte, negocios digitales…— deben tener conexión de al menos un gigabit por segundo —el equivalente a 1.000 megabits por segundo— y cobertura ininterrumpida de 5G para todas las áreas urbanas y las principales rutas de transporte terrestre. Pero el gran reto llegará en el año 2030: Bruselas pretende que para entonces todos los ciudadanos de Europa tengan acceso a internet a una velocidad de descarga de 1.000 megabits y conexión 5G, en lo que ha bautizado como «la sociedad del gigabyte».

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