Maravillas del mundo moderno, maravillas naturales, maravillas de la ingeniería civil o ciudades maravilla… La lista de organizaciones que han tratado de emular la selección de siete obras imprescindibles que realizaron los autores griegos allá por el siglo II a.C. abarca todo tipo de enclaves. La primera de ellas es, sin embargo, probablemente la menos conocida. Podría decirse incluso que descansa —literalmente— en el lecho del mar.
En 1989, bastante antes de que se pusieran en marcha los macroconcursos para elegir las nuevas maravillas arquitectónicas, CEDAM International, una ONG que promueve la preservación del entorno marino con sede en Estados Unidos, creó la lista de las siete maravillas submarinas.
Para ello, esta suerte de asociación internacional de buceadores reunió a un panel de científicos marinos entre los que se encontraba Eugenie Clark, conocida como la Dama de los Tiburones por sus investigaciones sobre el comportamientos de estos animales y pionera en el campo del buceo con fines científicos. Su objetivo, al igual que el del resto de expertos, fue elegir siete zonas submarinas que consideraban dignas de protección.
Los resultados fueron anunciados en el Acuario Nacional de Washington por el actor Lloyd Bridges, recordado por su aparición en la película Aterriza como puedas y por ser la estrella de la serie de aventura Sea Hunt. Entre las siete maravillas submarinas que finalmente fueron escogidas figuran dos localizadas en aguas de Ecuador: las islas Galápagos y las fuentes hidrotermales de Puerto Ayora.
El primero, el archipiélago de las Galápagos, se originó hace cerca de 5 millones de años tras la erupción de un volcán submarino en el océano Pacífico. Su rica biodiversidad, incluyendo más de 45 especies de aves endémicas, 42 de reptiles, 15 de mamíferos y 79 de peces, inspiró la teoría de la evolución de Charles Darwin y hoy constituye una de las reservas marinas más grandes del mundo.
Por su parte, las fuentes hidrotermales de Puerto Ayora ―también llamadas ventilas, respiraderos o fumaderos hidrotermales― son fisuras del lecho marino a través de las cuales fluye agua muy caliente procedente de debajo de la corteza terrestre. El contraste de temperatura libera multitud de minerales que tiñen el agua de negro y nutren a multitud de moluscos que pueden vivir en ausencia de luz. Se descubrieron en 1977 en los alrededores de las propias Galápagos y se cree que también existen en los océanos Pacífico y Atlántico a unos 2.100 metros de profundidad.
También en América se encuentra otro de los lugares elegidos, el sistema de Reservas de la Barrera del Arrecife (Belice), la segunda estructura de coral más grande del mundo. Alrededor del 90% de sus especies de arrecifes aún no han podido ser investigadas ni documentadas.
El resto de maravillas submarinas se reparten por otras zonas del mundo, implicando a la mayoría de continente y a numerosos países. El mar Rojo, por ejemplo, baña las costas de hasta ocho Estados: Egipto, Sudán, Eritrea, Yibuti, Israel, Jordania, Arabia Saudí y Yemen. Conocido como «el jardín del Edén subterráneo», este mar enclaustrado entre África y Asia acoge cerca de 1.000 especies de invertebrados y 200 de coral.
El lago Baikal, el más antiguo y más profundo del mundo, es por su parte la única fuente de agua dulce que aparece en la lista de maravillas submarinas. Situado en Siberia, Rusia, contiene alrededor del 20% de toda el agua dulce superficial del planeta.
La selección de CEDAM International se completó con dos famosas barreras de coral: los Arrecifes de Palaos, un sistema que rodea las 343 islas del país y que son el hogar de más de 1.300 especies de peces, 550 especies de corales y 300 de esponjas.
Y la gran Barrera de Coral de Australia, el arrecife coralino más grande del mundo y el único ser vivo que se puede ver desde el espacio exterior. Se compone de 2.900 arrecifes individuales y 900 islas y tiene una longitud de casi 2.600 kilómetros.