En septiembre de 2008, la «inesperada» quiebra de Lehman Brothers desató una tormenta financiera que conduciría a una de las crisis económicas más grandes del último siglo. El banco, abanderado hasta ese momento del capitalismo más feroz, pasó en unos pocos días de ser un paladín dentro del sistema a convertirse en un paria, abandonado a su suerte por la Reserva Federal y el Tesoro de Estados Unidos.
Lehman Brothers no era un banco al uso, sino uno de inversión. Uno de los más grandes. Pero lo que sucedió con la entidad refleja a la perfección la implosión que estaba viviendo por aquellas fechas el sistema bancario norteamericano, incluidas las entidades comerciales donde millones de personas guardaban sus ahorros.
De hecho, y solo unos días después de la quiebra de Lehman Brothers, también se derrumbó el Washington Mutual, la caja de ahorros más grande de EE.UU. Por el camino, 307.000 millones de dólares en activos, una cifra similar por aquellas fechas al PIB de Austria y la mayor quiebra de la historia del sistema bancario norteamericano.
Aquel 2008 quebraron finalmente 25 bancos comerciales en suelo estadounidense, pocos comparados con la cascada de bancarrotas que se extenderían por el mapa del país en los dos próximos años. Pese a ello, el año en el que comenzó la crisis financiera sigue siendo el ejercicio en el que más activos acumulaban los bancos que acabaron cerrando sus puertas: 373.588 millones, según cifras del Fondo de Garantía de Depósitos (FDIC) de EEUU.
Al menos, así ha sido hasta este momento. En 2023, la caída del Silicon Valley Bank (209.000 millones) y del Signature Bank (110.400) han colocado al año 2023, donde solo se registran esas dos quiebras, cerca del nivel de hace quince años, al comienzo de la crisis financiera. El riesgo de contagio aún se discute, pero en Europa ya se viven momentos de tensión tras el colapso del banco suizo Credit Suisse.
Desde el año 2001, en Estados Unidos se ha registrado un total de 563 quiebras bancarias de entidades aseguradas (aquellas cubiertas por el fondo de garantía de depósitos), aunque la inmensa mayoría se concentraron entre 2008 y 2015, los años de la Gran Recesión y los posteriores.
No todas tenían, eso sí, el mismo tamaño e importancia. En el año 2009, por ejemplo, se hundieron 140 bancos en Estados Unidos, muchos más que un año antes, aunque estos atesoraban menos activos en su conjunto. 2010 fue aún peor para las entidades: cerraron 157, muchas pequeñas y de carácter regional, aunque el volumen de activos totales solo sumaba 96.500 millones.
De acuerdo con el FDIC, una quiebra bancaria ocurre cuando una entidad no es capaz de cumplir su obligaciones con los depositarios o inversores. A partir de aquí se pone en marcha una de las grandes paradojas del sistema bancario internacional: tras el colapso de un banco, las autoridades reguladoras ordenan el cierre, toman el control y comienzan a gestionar la liquidación de la entidad, poniendo en marcha los mecanismos de cobertura sobre los depósitos asegurados (los pasivos).
Dicho de otra forma: organismos como el FDIC rescatan con recursos públicos a aquellas entidades insolventes y mal gestionadas, que buscan constantemente la desregulación del sector pero que juegan con las cartas marcadas. La más importante, la de la socialización de las pérdidas gracias al amparo estatal.
