Una ley de vivienda en España, un referéndum para una expropiación masiva en Berlín y varios avisos sobre el riesgo de una nueva burbuja inmobiliaria. El acceso a la vivienda vive tiempos convulsos en gran parte de la Unión Europea, donde todavía se notan con fuerza las dentelladas económicas provocadas por la pandemia. No se trata, en cualquier caso, de un fenómeno nuevo ni limitado a los desastres provocados por el virus. Desde el inicio de la crisis del euro, hace más de una década, tanto los precios de la vivienda como de los alquileres han crecido de forma destacada en la mayoría de países de la UE, con regiones donde el coste de la vivienda ha llegado a aumentar más de un 100%, es decir, a duplicarse.
Estas cifras no supondrían un problema de primer orden si no fuese porque el encarecimiento en el acceso a la vivienda no ha venido acompañado, en la mayoría de ocasiones, de un aumento equilibrado de los ingresos de la población, lo que ha provocado que las familias sigan teniendo que realizar un enorme esfuerzo para mantener sus hogares.
Según datos actualizados recientemente por Eurostat, el precio de la vivienda ha crecido un 34% durante la última década en el conjunto de la Unión Europea, mientras que el precio de los alquileres lo ha hecho un 16%. Frente a esto, las cifras del portal estadístico también señalan que la renta bruta de los hogares europeos apenas ha aumentado un 8% durante el mismo periodo.
Atendiendo a esta disparidad, no es de extrañar que una de cada diez familias europeas tenga que dedicar una parte sustancial de sus ingresos –más del 40%– a la vivienda, mientras que en el caso del alquiler son una de cada cuatro las personas que sufren sobrecostes de este tipo.
Europa asume que tiene que facilitar el acceso a la vivienda
El índice de inflación de la vivienda que publica The Economist, donde se compara el precio de la vivienda con el volumen de ingresos de la población en el largo plazo, ofrece una panorámica muy similar sobre el fuerte desajuste que se está registrando entre la realidad económica de las familias y los precios de un sector inmobiliario que, doce años después del estallido de la gran recesión, sigue estrechamente vinculado a los intereses financieros.
Según el semanario británico, la vivienda en España tiene un sobreprecio del 10% si se compara con los ingresos sostenidos de la población. En Francia y Países Bajos, por su parte, este porcentaje llega al 23%, mientras que en Suecia supera el 46%. Apenas dos de los trece países europeos que se incluyen en este índice presentan unos precios de la vivienda que han crecido de forma más lenta que los ingresos de la población..
Pese a esto, y como suele ocurrir en materia comunitaria, no todos los países de la Unión Europea han vivido la misma situación durante los últimos años: en el sur, el aumento de los precios de la vivienda y del alquiler ha sido más moderado, e incluso en países como Italia y España se ha llegado a registrar un retroceso. En los Estados bálticos y en los centroeuropeos, por el contrario, los costes asociados a la vivienda se han disparado.
Junto a esto, también se ha dado la circunstancia de que un aumento del precio de la vivienda no siempre ha llegado acompañado de un crecimiento proporcional en el coste de los arrendamientos. En Alemania, por ejemplo, el precio de venta de la vivienda ha llegado a aumentar un 80% desde 2010, pero los alquileres solo lo han hecho un 16%. La desigualdad más grande, en cualquier caso, es la que se está registrando entre las zonas urbanas y rurales.
Las personas que viven de alquiler o en propiedad en la Unión Europea
La Unión Europea, para la que el FMI pidió en mayo un aumento de la inversión en alquiler social, no es el único lugar donde se están registrando un fuerte tensionamiento en el acceso a la vivienda. Reino Unido, que abandonó recientemente la UE y que ha perdido casi medio millón de viviendas sociales desde el año 2000, tiene a cerca de 1,6 millones de familias en lista de espera para acceder a este tipo de inmuebles protegidos.
En Estados Unidos, por su parte, la sombra de una nueva gran burbuja especulativa en torno a la vivienda vuelve a cernirse sobre el país, donde los precios de la vivienda han crecido durante el año 2021 un 17%, el ritmo más alto desde que empezaron los registros de Standard & Poor’s en 1975.








