En el complejo mapa de la economía internacional, una indicador fundamental para la comprensión de las desigualdades mundiales es el índice de niveles de ingresos del Banco Mundial. Esta medición ayuda a clasificar los países del mundo según su desarrollo económico, aunque está lejos de ser perfecto. El Banco Mundial categoriza los países en cuatro niveles según sus ingresos: bajos, medio-bajos, medio-altos y altos. Y algunos resultados pueden parecer sorprendentes.
En África, por ejemplo, se da la mayor concentración de países de ingresos bajos y medio-bajos, especialmente en la parte central del continente. Sin embargo, hay bolsas de riqueza en países como Libia o Guinea Ecuatorial, considerados territorios de ingresos medio-altos. Países poco poblados y con una gran riqueza petrolífera que eleva su nivel general de ingresos pese a la pobreza de sus habitantes o la guerra civil libia. Sudáfrica y las vecinas Namibia y Botsuana también tienen una economía más diversificada y niveles de ingresos medio-altos.
En América Latina la distribución es más variada. La región en su conjunto se encuentra en el nivel de ingresos medio-altos, pero con islas de prosperidad económica en Chile, Uruguay o Panamá, y otras de pobreza en Haití, Bolivia, Honduras o Nicaragua. No obstante, las desigualdades internas persisten dentro de la mayoría de los Estados.
En Europa y América del Norte dominan los países de ingresos altos, aunque en el este de Europa todavía hay países de ingresos medios-altos, mientras que la guerra ha relegado a Ucrania a un nivel medio-bajo. También se encuentran entre los países más ricos Australia y Nueva Zelanda, así como los países árabes del Golfo con sus importantes reservas de hidrocarburos.
Asia oriental tiene el escenario más cambiante: es la región de las economías emergentes, con un mapa de niveles de riqueza que sigue la estela de expansión de los tigres asiáticos, a los que hay que sumar el meteórico crecimiento económico de China. Pese a ello, el subcontinente indio sigue con tasas de pobreza generalizada, situándose en el grupo de ingresos medio-bajos.
El índice de niveles de ingresos se calcula a partir del producto nacional bruto (PNB) per cápita en paridad de poder adquisitivo (PPA). Esta corrección en PPA permite una comparación más precisa, teniendo así en cuenta los costes reales de vida. Los umbrales entre niveles se actualizan anualmente de acuerdo a la inflación.
Pese a esto, la clasificación del Banco Mundial es frecuentemente criticada por su enfoque unidimensional y puramente económico, que no tiene en cuanta otros factores como la distribución de esa riqueza ni el bienestar que genera. Por ello, comparar este indicador con el Índice de Desarrollo Humano (IDH) puede resultar revelador. Mientras que el índice de niveles de ingresos es exclusivamente económico, el IDH es una composición multidimensional que tiene en cuenta la salud, la educación o el nivel de vida. Pese a todo, no se puede negar el valor de la clasificación de países por nivel de ingresos como una herramienta para simplificar las complejas realidades económicas de cada país en categorías comparables, facilitando análisis e interpretaciones.







