En 2010, la rotura de un pozo petrolífero a 1.500 metros de profundidad en la sección estadounidense del golfo de México inició un incendio que provocó la explosión de la plataforma Deepwater Horizon, de la compañía Bristish Petroleum, y la muerte de once de sus empleados. El suceso acabó convirtiéndose en la peor catástrofe petrolera de la historia, con un vertido de casi 800 millones de litros de crudo y un impacto medioambiental que aún sigue causando estragos en la fauna y flora local.
Además de la costa sur de Estados Unidos, el vertido también llegó a México y Cuba, países que completan la lista de países ribereños del mapa del golfo de México. Esta cuenca oceánica, semicerrada por la isla de Cuba y las penínsulas de Yucatán y Florida, pertenece de hecho en un 49% a México, que ha dado desde la década de 1540 nombre al golfo —a decisión de los españoles, que durante 150 años consideraron este mar suyo en exclusiva—. Ahora Trump quiere que su denominación cambie a «golfo de América», un nombre que ya se refleja en documentos oficiales de Estados Unidos e incluso en Google Maps.
Pero más allá de su toponimia, el golfo de México destaca por ser la gran piscina petrolera de Estados Unidos. A pesar de varios accidentes traumáticos como el de Deepwater Horizon, la fiebre por la perforación del lecho marino del golfo de México continuó avanzando imparable, conquistando nuevas profundidades y alejándose cada vez más de la costa.
En la actualidad, la extracción de hidrocarburos del golfo de México supone el 14% de la producción estadounidense de petróleo y el 5% de gas natural, con una infraestructura que asciende a 3.500 plataformas y 42.000 kilómetros de ductos. La plataforma petrolera más profunda del mundo se encuentra de hecho en sus aguas: se llama Perdido y hunde sus brazos a 2.450 metros de profundidad.
Asimismo, la costa estadounidense del golfo de México concentra el 48% de la capacidad de refinamiento de crudo del país norteamericano y el 51% de la de gas natural. Y es que, aunque Estados Unidos es el primer productor de petróleo del mundo, no fue hasta 2020 cuando se convirtió en un exportador neto de la mano del fracking. Hasta entonces, importaba grandes cantidades de crudo —principalmente de Canadá, México, Venezuela y Oriente Próximo— que luego refinaba en su propio territorio para abastecer su demanda interna.
Junto con las costas de Texas y Luisiana, la Sonda de Campeche en aguas mexicanas constituye otro de los epicentros de la industria de los hidrocarburos en el golfo de México, una de las regiones más ricas en reservas de petróleo del mundo. Allí, sin embargo, la compañía de petróleo nacionalizada Pemex no posee la maquinaria necesaria para perforar y fracturar el lecho marino de forma intensiva, y depende de empresas extranjeras como Chrevon, ExxonMobil, BP o Shell para extraer los recursos petroleros de su porción del mapa del golfo de México.
Al igual que Estados Unidos, México también cuenta con su propio trauma petrolero en alta mar: en 1979, la explosión de un pozo offshore exploratorio en la Sonda de Campeche se convirtió en el derrame más grande de la historia hasta entonces. Y de nuevo, el accidente no se llevó por delante el resto de proyectos en el golfo de México, de donde proceden tres cuartas partes de la producción mexicana de petróleo actual.
¿Qué países son los principales productores de petróleo del mundo?
No obstante, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha criticado lo que ha denominado una «obsesión» con la perforación en aguas profundas y ha paralizado las políticas de Administraciones anteriores para conceder licencias de explotación a empresas extranjeras.
En Cuba, que posee el 6% del golfo de México, se han cartografiado igualmente importantes yacimientos de hidrocarburos, en línea con la prolífica cuenca petrolera del Golfo de México, pero el embargo estadounidense a la isla ha impedido desarrollar proyectos de extracción intensiva.
Un mar contaminado
Con una extensión de aproximadamente 1,5 millones de kilómetros cuadrados, el mapa del golfo de México refleja uno de los cuerpos de agua más grandes del mundo. Sus aguas son conocidas por su biodiversidad y, desde la Riviera Maya mexicana hasta los cayos cubanos o Miami, en su costa se agolpa una potente industria turística. Además, el golfo de México es también una importante arteria del comercio internacional, con los puertos de Houston, Mobile, Tampa, Miami y Veracruz a la cabeza. El comercio entre México y Estados es, eso sí, terrestre en su inmensa mayoría.
Y a pesar de su importancia para multitud de sectores, casi 11.000 kilómetros de su superficie son una «zona muerta«, una región frente a las costas de los estados de Texas, Luisiana y Misisipi con muy poco oxígeno donde los peces y otros organismos no pueden sobrevivir.
En su caso, la causa son los contaminantes que descargan en el golfo de México a través del río Misisipi, que cruza Estados Unidos de norte a sur y vierte en su encuentro con el mar restos de fertilizantes de las explotaciones agrícolas que recorre. A ello hay que sumar el «agua producida» contenida en los yacimientos de hidrocarburos con condensados de petróleo y gas y que es diluida en el mar tras ser extraída por la industria petrolera. Por cada barril de crudo, se genera barril y medio de este tipo de agua contaminada con metales pesados y radioactiva.
Un estudio publicado en 2020 tras diez años de investigación a raíz del accidente de la plataforma Deepwater Horizon encontró que una cantidad significativa de petróleo se había asentado en en lecho marino del golfo de México, procedente del derrame de 2010 pero también otras fugas de pozos o tuberías. De una muestra de miles de peces de cien especies diferentes, ninguno estaba limpio de petróleo. Mientras tanto, el golfo de México es el segundo caladero más importante de Estados Unidos tras Alaska y el más sobreexplotado.
A la degradación del ecosistema y los bancos de peces también contribuye el negocio del narco en el golfo. Una ola de sanciones de Estados Unidos de noviembre de 2024 incluyó a cinco colaboradores involucrados en la pesca ilegal, tráfico de personas y contrabando de drogas del llamado Cartel del Golfo, uno de los más antiguos de México y con una gran influencia en la frontera con Estados Unidos. En los últimos años, la organización había aprovechado el inmenso corredor marítimo del golfo de México para introducir drogas y personas en territorio norteamericano con pequeñas embarcaciones y lanchas, pero las sanciones apuntaron por primera vez a la pesca ilegal de tiburón o pargo.
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