El mapa de los festivales en España última

El mapa de los festivales de música en España

En 2022 se registraron más de 900 eventos y récords históricos de asistencia. La burbuja de los macrofestivales sigue creciendo
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La industria de los festivales de música vive su particular época dorada en España. Tras dos años de parón a causa de la pandemia, en 2022 el sector batió récords históricos de asistencia: el Primavera Sound (Barcelona), el Mad Cool (Madrid) y el Arenal Sound (Burriana, Castellón) congregaron cada uno a más de 300.000 personas. Este año las proyecciones son aún mejores, con cada vez más festivales entrando en escena, las giras internacionales reactivadas al completo y una fuerte demanda que por el momento no muestra síntomas de agotamiento.

En total se celebraron más de 900 festivales de música comercial el año pasado en España, los cuales alcanzaron una facturación conjunta de 459 millones de euros, según un estudio de IPG Mediabrands. Para 2025 el pronóstico es que ese volumen de negocio se vea incrementado en otro 10%, por lo que no es de extrañar que la oferta siga ampliándose, especialmente si se tiene en cuenta la implicación de las instituciones públicas —en 2022 suscribieron cerca de 300 acuerdos de patrocinios con organizadores de festivales—.

Propuestas desde luego hay para todos los públicos: conciertos de música indie como los que predominan en la programación del Sonorama Ribera (Aranda de Duero, Burgos) o el Granada Sound; rock como en el Rock Imperium (Cartagena, Murcia) o el Azkena Rock (Vitoria-Gasteiz); electrónica como en el Aquasella (Arriondas, Asturias) o el Dreambeach (Palomares, Almería); urbana como en el Boombastic (Madrid, Alicante y Asturias); o latina como en el Reggaeton Beach (Madrid) o el Vive Latino (Zaragoza).

Aún así, la gran mayoría de festivales han ampliado su repertorio musical para incorporar varios géneros comerciales en su programación y poder atraer así a más gente. El Arenal Sound, por ejemplo, nació en 2010 con una fuerte presencia de grupos indie pero con los años ha ido virando hacia ritmos latinos y urbanos hasta convertirse en el festival más multitudinario de España.

Otras opciones de reciente creación y más enfocadas al público joven, como el Zevra (Cullera, Valencia) o el Boombastic, han arrancado directamente con un popurrí de estilos en el que priman los artistas del momento antes que un género en particular. Esa diversificación de estilos ha dado lugar, paradójicamente, a una homogeneización de la propuesta musical festivalera, con un puñado de cantantes y grupos copando los carteles de un gran número de espectáculos. Es la dinámica opuesta la de la primera gran oleada de festivales, en la década de los noventa, cuando los conciertos de las primeras ediciones del Sonorama, FIB, Sónar, Monegros, Aquasella o Rototom se caracterizaban por ser de nicho y tener un público objetivo muy concreto.

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La aparición de empresas como The Music Republic, que produce varios festivales —Viña Rock, Interestelar Sevilla, Festival de les Arts, FIB, Arenal Sound, Granada Sound…— y negocia lotes de conciertos en distintas ciudades con los artistas, ha jugado un papel fundamental en esa transformación. A la falta de variedad se suma también la diferencia en el caché de cantantes internacionales y nacionales, precios de entrada desorbitados o prácticas abusivas como la prohibición de ingresar comida o bebida a los recintos, estrategias cuyo fin último es maximizar los beneficios de los organizadores y que fueron recogidas por el periodista musical Nando Cruz en el libro «Macrofestivales. El agujero negro de la música«.

«Se lo explicas a un marciano y le dices que te metes en un pedregal con 50.000 personas durante tres días para ver ochenta conciertos, que entras a las cuatro de la tarde y sales a las seis de la mañana para ver la actuación en una pantalla a doscientos metros del escenario, que haces una cola de una hora para un vaso de cerveza por ocho euros […]. Y el marciano te dirá: «¿por qué? ¿quién os ha castigado a eso?»», concluye Cruz en su ensayo en contra del «monocultivo musical».

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2 comentarios

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    Carles Martínez Vives

    Buenos días, en pos de mayor rigor sólo comentar que el Arenal Sound se celebra en Burriana, provincia de Castelló y no de Alicante, como habéis mencionado. Por cierto, también incluiría festivales como el Festivern (Tavernes de la Valldigna, València) y el refundado Pirata Beach Rock (Gandía, València).

    Saludos

  2. Expandir comentario
    Pablo Hinojosa Nava

    ¿Por qué no sale uno de los más antiguos (y además gratuito) Etnosur en Alcalá la Real, Jaén? ¿lo podríais añadir?