Rusia tiene tres centros financieros, culturales y políticos: Moscú, San Petersburgo y Londres. La ciudad del Támesis se convirtió en un refugio (fiscal) para los oligarcas rusos durante la década de los noventa y, con sus capitales ya asentados en la gran urbe británica, en un refugio político tras la llegada al poder de Vladimir Putin en el 2000. Muchos millonarios rusos temían ser perseguidos o que el Kremlin les confiscase sus fortunas, y Londres ofrecía ciertas garantías y bastante opacidad financiera. Así nacía Londongrado, una burbuja rusa dentro del Londres británico, llena de multimillonarios que alimentaban las arcas británicas, disidentes políticos que incomodaban a Moscú, mafias que lavaban los capitales y muchos, muchos, espías.
El entorno de Berezovski
Una de las grandes figuras del Londres ruso era Borís Berezovski, el oligarca por antonomasia. Berezovski era uno de los hombres más poderosos de Rusia en la década de los noventa, cuando se hizo multimillonario gracias a las privatizaciones. Próximo al presidente Yeltsin, fue clave en la elección de Putin como su sucesor, pero cometió un error de cálculo, y Putin resultó ser un líder fuerte, difícil de controlar y que iba a atar en corto a los oligarcas. Mientras perdía poco a poco su poder político, Berezovski se enemistó con Putin y pasó a ser uno de sus mayores opositores, financiando con su fortuna movimientos en su contra en Rusia y el espacio postsoviético, como la campaña presidencial de Viktor Yúshchenko en Ucrania.
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