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Mapa agricultura Marruecos

El mapa agrícola de Marruecos, la frutería de Europa

El país, acorralado por la sequía, es una potencia exportadora de fruta y verdura. Sin embargo, importa todavía más cereales desde América
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Marruecos es el primer exportador mundial de alcaparras y aceite de argán, el tercero de aceitunas enlatadas y cítricos y el cuarto de tomates, según datos del Ministerio de Agricultura del país. En la última década las ventas marroquís de productos agrícolas —frutas, verduras, cereales…— prácticamente se han triplicado y la agricultura ya representa el 14% del PIB del Estado africano y emplea al 40% de su fuerza laboral. De todas esas exportaciones, el 77% va a parar a Europa, que tiene en Marruecos a su segundo principal proveedor de frutas y verduras con un 9,4% de las importaciones totales, solo por detrás de Estados Unidos, y al primero de productos concretos como tomates, mandarinas o sandías, según Eurostat.

Con estas cifras no sería difícil considerar a Marruecos una potencia agrícola. Sin embargo, Rabat presenta un balance comercial negativo: importa más productos agrícolas de los que vende, concretamente un 54% más, según datos de 2021 de la FAO. El problema son cereales como el trigo o el maíz y la soja, alimentos básicos que Marruecos se ve obligado a traer desde América en grandes cantidades para saciar su demanda interna y que descuadran sus cuentas. Se trata también de cultivos extensivos que requieren de vastas superficies agrícolas y escasa rentabilidad que contrastan con su modelo aún eminentemente minifundista, por lo que el país prefiere centrarse en productos intensivos con mayor margen de beneficios como el tomate.

La principal consecuencia de ese sistema en un territorio tan seco como Marruecos es obvia. El agua escasea y el suministro de los regadíos peligra. El país es uno de los más estresados hídricamente del mundo —entre 1960 y 2020 la disponibilidad de agua renovable ha caído desde 2.560 metros cúbicos por persona a 620, por debajo del límite de estrés hídrico estructural, según el Banco Mundial— y el Reino alauita sufre su peor sequía en cuarenta años desde 2021. El cambio climático solo agravará esa situación: el aumento de las temperaturas y el descenso de las lluvias darán lugar a sequías cuasipermanentes.

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Pero esos desafíos no han impedido que Rabat haya revolucionado su sector agrícola en la última década gracias a la apuesta por la infraestructura hídrica y los cultivos irrigados. Desde 1960 ha construido 120 presas de gran tamaño —multiplicando por diez su capacidad de almacenar agua— y el Plan Marruecos Verde (2008-2020) ha logrado expandir drásticamente los regadíos de alto valor añadido y productividad gracias a las ayudas públicas y los acuerdos de libre comercio firmados con la Unión Europea o Estados Unidos.

Pese a esto, los cultivos de secano continúan siendo mayoritarios —suponen cuatro quintas partes del área cultivada y más de un 40% del valor agregado agrícola— y acaparan la producción de cereal, el principal sustento de los marroquíes. Son también las plantaciones más inestables y expuestas al cambio climático, como demuestra el hecho de que la última cosecha nacional de cereales (2021-2022) cayera un 67% con respecto a la anterior a causa de la sequía.

Los regadíos han comenzado además a competir por el agua con otras industrias, sobre todo en el sureste del país. La cuota del 85% del consumo nacional de agua que absorben los regadíos y que acaba en estómagos extranjeros amenaza con frenar el desarrollo de negocios como el de la minería, que requiere de un suministro constante de agua para aislar metales preciosos, o el de la planta solar de Noor —la más grande del mundo—, que también la necesita para enfriar sus componentes. . Lejos de reducir su peso, el Gobierno marroquí planea tratar agua residual y de mar para regar el campo, una medida cuya implementación y sobre todo rentabilidad aún están por comprobar.

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