Por si no fuera suficiente con el exigente y tedioso entramado burocrático que hay que atravesar para obtener la ciudadanía en los países de la Unión Europea, parte de aquellos que consiguen superar todos los trámites deben afrontar una decisión muy complicada para ser europeos de pleno derecho: renunciar a su ciudadanía anterior debido a que muchos países comunitarios restringen o directamente eliminan la posibilidad de poseer la doble nacionalidad.
Supongamos, por ejemplo, que a un australiano se le presenta la oportunidad de nacionalizarse español bien porque ha contraído matrimonio con alguna persona española o bien porque lleva residiendo en el país al menos diez años de forma legal. Si consigue el visto bueno, no le quedará otra opción que renunciar a su ciudadanía australiana y ser, en términos jurídicos, únicamente español. Por el contrario, si la persona solicitante es originaria de algún país iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal, territorios que comparten lazos históricos con España, la ley española sí que contempla el acceso a la doble nacionalidad.
Un australiano no tendría que hacer frente a esa decisión en Portugal, Italia o Francia, por ejemplo, países que no ponen ningún tipo de impedimento a la ciudadanía doble o incluso múltiple a las personas que solicitan su pasaporte. Es el caso también de otros quince Estados miembros de la Unión Europea. Existen, no obstante, otros nueve que no la permiten de forma generalizada, aunque frecuentemente estos establecen excepciones que sí reconocen ese derecho para colectivos concretos o naturalizados que cumplen ciertos requisitos, como en el propio caso de España. Las exigencias también se suelen relajar si renunciar a la nacionalidad anterior supone un desembolso económico inasumible o si el país de origen lo prohíbe.
En Bulgaria, en concreto, los casados con alguno de sus nacionales sí pueden recibir la doble ciudadanía; en Alemania, los descendientes de padre o madre alemana también pueden solicitarla por lo general; en Letonia, el solicitante tiene que ser de un país de la UE, la OTAN, Suiza, Liechtenstein, Australia, Brasil o Nueva Zelanda; en Austria, solo si la doble nacionalidad se obtiene en el momento del nacimiento; y en Lituania también, así como si se trata de una persona que abandonó el país antes de la independencia. Caso distinto es el de Eslovenia y Países Bajos, donde los naturalizados tienen que desprenderse prácticamente en todos los supuestos de su anterior pasaporte, o Estonia, que técnicamente no lo permite pero en la práctica no sigue un criterio uniforme y muchos estonios también tienen la nacionalidad rusa.
¿Cómo se consigue la nacionalidad en los países de la Unión Europea?
A pesar de ello, la tendencia europea es eliminar trabas y facilitar la obtención de la doble ciudadanía. Dinamarca y Chequia acabaron por ejemplo con todos los requisitos en 2015 y 2013, respectivamente, y Alemania y Lituania también han flexibilizado los condicionantes recientemente.
Hasta la Guerra Fría, la ciudadanía representaba la lealtad política hacia un Estado-nación y era por tanto un vínculo inquebrantable que en caso de ser compartido podía suponer una ofensa para el resto de compatriotas. Pero a medida que los países fueron suprimiendo el servicio militar obligatorio y que la igualdad de género fue materializándose, Europa liberalizó sus leyes de obtención de la ciudadanía. En el caso de las mujeres, estas solían perder su nacionalidad una vez que se casaban con un hombre de otro país, lo que daba lugar a problemas si en algún momento querían reclamar su ciudadanía de origen o si los hijos nacían fuera del matrimonio, por lo que la expansión de sus derechos también ha contribuido a la expansión de la doble nacionalidad en la Unión Europea.
Me acabo de suscribir y tengo 68 añosy creo que en los mapas deberíais poner también en español los nombres, para identificarlos según los hemos conocido siempre. Gracias