La defecación al aire libre es un problema mucho más serio de lo que parece, y a menudo recibe menos atención de la que debería. De hecho, en la actualidad hay más personas en el mundo con teléfono móvil que con un baño, o lo que es lo mismo: dos tercios de la población mundial no cuentan con un baño adecuado en su hogar. Cada persona produce de media al día cien gramos de heces y litro y medio de orina, un foco de virus, bacterias y parásitos que si no se elimina adecuadamente puede contaminar el suministro de agua potable y propagar enfermedades. Sin embargo, a menudo se piensa en grandes estrategias para erradicar la pobreza y mejorar la salud de las personas y se pasa por alto la construcción de baños.
La existencia de una red de saneamiento básico o mejorado, aquella que asegura una correcta separación entre los excrementos humanos y las personas, desde retretes y urinarios hasta alcantarillas y fosas sépticas, es esencial para la salud humana. Aun así, millones de personas que viven en países en desarrollo emigran del campo a urbes superpobladas como Karachi (Pakistán), Lagos (Nigeria) o Daca (Bangladés), donde la acumulación de desechos es peligrosa.
La defecación al aire libre es una de las actividades más contaminantes del suelo y del agua en todo el mundo. Esta agua es frecuentemente la misma que luego se utiliza para beber, cocinar o limpiar en los países en vías de desarrollo. Las consecuencias son devastadoras: más de medio millón de menores de cinco años mueren cada año por enfermedades diarreicas debido a la falta de acceso al agua potable y condiciones de higiene básica. La mayoría de ellas son fácilmente evitables.
Más allá de la salud y la contaminación, la defecación al aire libre también supone una amenaza para la seguridad de las mujeres. La falta de inodoros obliga a la población femenina a tener que esperar hasta la noche para poder hacer sus necesidades con privacidad al aire libre, lo que las expone en mayor medida a ataques y abusos sexuales.
El grueso de personas que practican la defecación al aire libre, según datos de 2017 de la Organización Mundial de la Salud, se concentran en África subsahariana y el sur de Asia. De hecho, en Benín, Níger, Chad y Eritrea más de la mitad de la población se ve obligada a hacerlo. Es, también, un problema que tiene más incidencia entre la población rural: en 2015, el 49% de las personas que vivían en el campo no tenía acceso a una red de saneamiento mejorado, mientras que en la ciudad la cifra descendía al 19%.







