La reina ha muerto, larga vida al rey. Carlos III se convirtió en el rey de Reino Unido a sus 73 años, siendo el monarca que a más edad ha asumido la Corona británica. Pero Carlos III no es únicamente el rey de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, sino también el rey de Canadá, Australia, Granada (el país), Jamaica o la diminuta Tuvalu. En total, la herencia de Isabel II asciende a 15 reinos, un buen puñado de dependencias de la Corona y la jefatura de la Mancomunidad de Naciones, o Commonwealth.
Isabel II fue la reina de la descolonización del Imperio británico. Durante su reinado se independizaron la mayor parte de las colonias británicas, pero muchas de ellas siguieron manteniendo a la reina como cabeza de Estado, aunque otros, como Barbados en 2021, acabaron optando por convertirse en repúblicas. La permanencia de la monarquía fuera de las fronteras británicas debe mucho al papel emprendido por Isabel II y su liderazgo personal.
Carlos III no es tan popular como su madre, y el paso del trono británico de Isabel II a su hijo pilla al Reino Unido en un momento especialmente malo, pues con el brexit Londres esperaba tirar de la monarquía y la Mancomunidad de Naciones para compensar parte de las pérdidas comerciales por la ruptura con Bruselas. Pese a ello, las cifras comerciales de Reino Unido con la Commonwealth son muy inferiores a las existentes con la Unión Europea.
Ahora, Carlos III tendrá que afrontar la supervivencia de la Corona en buena parte de sus reinos, que eran mucho más isabelinos que monárquicos. El primer ministro de Antigua y Barbuda ya ha anunciado que convocará un referéndum con la intención de convertir al país en república. San Vicente y las Granadinas ya convocó un referéndum republicano en 2009, que no salió adelante, pero tras la muerte de Isabel II podría replantearse una nueva votación.
La visita de varios miembros de los Windsor —entre ellos el actual heredero, el príncipe Guillermo y su esposa— a los reinos caribeños en 2021 coincidió con una ola de protestas antimonárquicas y anticoloniales que reclamaban concesiones por la esclavitud y el colonialismo británico. En general, los reinos caribeños son los más republicanos de la Corona británica, aunque de los ocho solo la mitad han entreabierto la caja de Pandora. Además de Antigua y Barbuda y San Vicente y las Granadinas, Belice tiene una comisión constitucional estudiando el proceso para destituir al rey, mientras que Jamaica está siguiendo un proceso similar. De hecho, Santa Lucía es el único lugar donde la política no se ha mostrado abiertamente en contra de la monarquía británica.
Fuera del Caribe, la continuidad de los reinos de Carlos III parece menos tormentosa. Los antiguos dominios de Canadá, Australia y nueva Zelanda, con una mayoría de la población de ascendencia británica, ven a la monarquía como un vínculo con su identidad occidental y europea, pero también tienen importantes partidos republicanos. Australia llegó a convocar un referéndum en 1999, donde ganó la monarquía, en parte gracias al papel de Isabel II. Pero ahora, tras la muerte de la reina, y con un primer ministro republicano, se ha creado un organismo para estudiar la transición a una República australiana.
Los desafíos republicanos a Carlos III: Escocia, Irlanda y la Commonwealth







